Este fin de semana estuvo marcado por versiones cruzadas sobre una posible salida negociada de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Washington enviaba mensajes alentadores sobre “conversaciones productivas”, mientras Teherán negaba cualquier intento de dialogar. En medio de esto, el martes apareció un nuevo actor: Pakistán ofreció ser mediador y anfitrión de tales negociaciones.
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Turquía y Egipto, junto con Pakistán, liderarían las conversaciones en la capital de este último, Islamabad. Esta iniciativa responde a los intereses estratégicos de Pakistán y de la región, en un contexto en el que el país encabeza los esfuerzos diplomáticos para negociar con Estados Unidos, Israel e Irán, según confirmó a EFE un alto funcionario gubernamental bajo condición de anonimato.
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“Pakistán es, sin duda, uno de los países que podría verse más afectado por una eventual escalada en Medio Oriente, especialmente en torno al estrecho de Ormuz. Su interés en este contexto responde, al menos, a dos factores. Por un lado, busca posicionarse como un actor equilibrado en la región, manteniendo relaciones tanto con Estados Unidos como con Irán”, explicó Guillermo Ospina Morales, profesor de la Universidad de San Buenaventura.
Según el profesor, este asunto también tiene una dimensión clave en materia de seguridad, ampliamente reflejada en la prensa paquistaní. En particular, preocupa la estabilidad en la frontera si los ataques se extienden en los países del Golfo, un tema que ha ganado relevancia durante marzo, especialmente por la importancia comercial y petrolera entre ambas naciones.
Por otro lado, Irán y Pakistán comparten elementos culturales significativos, como la presencia de población baluche en ambos territorios y comunidades chiíes en Pakistán, que han protagonizado recientes movilizaciones tras la muerte del ayatola. Incluso el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenéi, mencionó a Pakistán en un mensaje escrito publicado en medios iraníes durante la celebración del Nowruz, expresando un afecto especial por el pueblo paquistaní. Esto se evidencia en que, pese a las relaciones de Pakistán con Estados Unidos, no ha sufrido ataques con misiles desde Irán durante la escalada del conflicto.
Todo esto podría llevar a la conclusión de que, si las conversaciones de paz son reales, Pakistán es el actor clave para la mediación, incluso por su historia. Según María Teresa Aya, analista internacional en Noticias Caracol, Pakistán apoyó un papel relevante durante la guerra de Estados Unidos contra los talibanes en Afganistán.
Aunque actuó como mediador, en distintos momentos fue señalado de mantener una relación más cercana con los talibanes que con Washington, pese a su alianza en materia militar y de seguridad. En ese contexto, recuerda que Osama bin Laden fue abatido en territorio paquistaní, en una operación que contó con la aprobación del gobierno de ese país.
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Sin embargo, el teléfono roto entre Estados Unidos e Irán sobre las negociaciones —y si estas realmente están sucediendo— genera versiones cruzadas y pocas respuestas concretas, lo que cuestiona cómo ambos actores moldean la narrativa pública.
“Muchos países buscan controlar la narrativa sobre el desarrollo del conflicto. Para Irán, parte de su estrategia consiste en sostener un discurso de resistencia, enfatizando que Estados Unidos no está logrando alcanzar sus objetivos, a pesar de las acciones que ha emprendido”, afirmó Ospina.
Según el profesor, Irán ha optado por negar estas negociaciones como parte de una estrategia narrativa que busca proyectar que es Estados Unidos quien tiene el interés en dialogar, mientras Teherán se mantiene en una posición de resistencia. En contraste, la narrativa estadounidense se centra en afirmar que sus objetivos se están cumpliendo.
“El ruido mediático proviene de Estados Unidos y tiene que ver posiblemente con la justificación para frenar por cinco días los ataques que habían anunciado a la infraestructura energética de Irán. También es posible que detrás de todo esto esté el intento de controlar la subida del precio del petróleo, que le hace un daño grande a todo el mundo, pero en especial a Estados Unidos, ya que Trump llegó en parte por el descontento con el precio del petróleo y la economía de los partidarios que lo eligieron”, afirmó Aya.
Paralelamente, la situación en el Líbano solo ha empeorado. Los ataques del Ejército de Israel se han vuelto más agresivos contra el sur del país, intensificando bombardeos en bastiones de Hezbolá y provocando un saldo de más de 1.000 muertos, millares de heridos y cerca de un millón de desplazados, según informes recientes sobre la escalada de la guerra en Irán.
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El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó este martes que el Ejército tomará el control de los puentes restantes sobre el río Litani y del territorio sureño del Líbano que se extiende hasta esa zona. “Se plantea la expulsión de población del sur del Líbano para establecer una ocupación de seguridad, en línea con propuestas desde Israel, como las de Bezalel Smotrich, que apuntan a replicar estrategias similares a las de Gaza”, aseguró Ospina.
Según el profesor, en el Líbano es muy probable que el territorio quede ocupado a largo plazo, que su infraestructura sea destruida, que la población desplazada no pueda regresar e incluso que, según algunas declaraciones, pueda ser ocupado o colonizado por nuevas poblaciones.
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