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El primer ministro liberal, Donald Tusk, cumplió así su promesa de imponer la castración química para los pederastas, tal y como aseguró tras conocer el reciente caso del padre que secuestró y violó durante seis años a su hija, en una relación incestuosa de la que nacieron dos niños.
Este hecho conmocionó a la sociedad polaca y al propio Tusk, quien se refirió a este tipo de criminales como a “criaturas depravadas”.
Según el texto gubernamental, estas medidas “pretenden incrementar la eficacia de las acciones contra los autores de estos crímenes, mediante la obligatoriedad de seguir una terapia farmacológica y psicoterapéutica para reducir su conducta sexual”.
Antes de ordenar la terapia a seguir por el acusado de uno de estos delitos, los tribunales tendrán que contar con la opinión favorable de psiquiatras, sexólogos y psicólogos.
“El objetivo es mejorar la salud mental de los condenados con la mejor terapia, reduciendo su tendencia sexual y, consecuentemente, reduciendo el riesgo de que cometa otro crimen”, explica el Ejecutivo en el documento legal.
El texto gubernamental aún tiene que ser aprobado por el Parlamento (Sejm) y ratificado por el presidente del país antes de entrar en vigor.