El gobierno de Israel, encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, se vio obligado este lunes a revertir una medida sin precedentes en la era moderna: el bloqueo del acceso al Santo Sepulcro para el patriarca latino, la máxima autoridad católica en Jerusalén.
Tras impedir que el cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrara la misa del Domingo de Ramos alegando “motivos de seguridad” por la guerra con Irán, la condena de líderes de la Unión Europea fue clave para la reapertura inmediata de la basílica.
En su cuenta en X, el presidente del gobierno español Pedro Sánchez expresó su condena por “este ataque injustificado a la libertad religiosa”.
“Exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir”, añadió.
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, condenó la decisión y afirmó que se suma a una “preocupante multiplicación de violaciones del estatuto de los Lugares Santos de Jerusalén”.
El incidente fue, en palabras del cardenal, un golpe directo al epicentro espiritual de miles de millones de personas. Netanyahu, por su parte, declaró inicialmente que la única motivación fue “la preocupación por su seguridad y la de su comitiva”.
¿Por qué es tan importante el Santo Sepulcro para la fe cristiana?
Para la cristiandad, el Santo Sepulcro es el sitio más sagrado porque alberga el Edículo, el pequeño edificio que contiene la cámara funeraria donde el cuerpo de Jesús fue depositado.
La historia del lugar se remonta al siglo IV, cuando Santa Elena, madre del emperador Constantino y considerada por muchos la primera “arqueóloga” de la historia, redescubrió el sitio y mandó construir la primera basílica en el año 335.
“Este incidente constituye un grave precedente y demuestra una falta de consideración hacia la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, dirigen su mirada hacia Jerusalén”, destacó el comunicado del Patriarcado Latino ante el bloqueo.
El valor del recinto reside en sus reliquias y espacios cargados de simbolismo. Acá se encuentra desde la Piedra de la Unción, donde se preparó el cuerpo de Cristo, hasta el Gólgota, lugar de la crucifixión. Además, en sus niveles inferiores se encuentra la capilla de la Invención de la Cruz, sitio donde la tradición indica que Elena halló la verdadera cruz de Cristo tras realizar una prueba milagrosa de curación.
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Un equilibrio frágil en medio del conflicto
La Basílica no solo es el corazón administrativo del Patriarcado Latino, desde donde se gobiernan las diócesis de Israel, Palestina, Jordania y Chipre, sino también un espacio de coexistencia compartida.
Su gestión está regulada por el “Statu Quo”, un acuerdo del siglo XIX que garantiza el equilibrio entre las iglesias Ortodoxa Griega, Armenia, Copta, Siríaca y Etíope. Un bloqueo como el ocurrido este domingo rompe siglos de tradición y estabilidad religiosa.
A pesar de que el primer ministro Netanyahu justificó la restricción por el riesgo de misiles balísticos iraníes, la comunidad internacional leyó el acto como una violación a la libertad de culto. El cardenal Pizzaballa, al verse impedido de entrar, recordó que la fe no depende de las paredes, aunque el lugar sea sagrado.
“La guerra no borrará la resurrección. El dolor no extinguirá la esperanza... Hoy no llevamos palmas en procesión. En su lugar, llevamos la cruz: una cruz que no es una carga inútil, sino la fuente de la verdadera paz”, expresó el cardenal durante su homilía alternativa.
Tras acordar un “marco común para la oración”, Jerusalén intenta retomar la normalidad de su Semana Santa.
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