26 Dec 2008 - 11:00 p. m.

Un año sin Benazir

Pakistán conmemora este sábado el primer aniversario de muerte de la carismática líder.  

Redacción Internacional

Todos esperaban su muerte. Desde que, tras un prolongado exilio, regresara a Pakistán en octubre de 2007 y un atacante suicida intentara quitarle la vida en  Karachi, todos temían que tarde o temprano sus enemigos lograrían su cometido.

Y el momento llegó. El 27 de diciembre de 2007, durante un mitin político en la ciudad de Rawalpindi, una sangrienta explosión acabó con la vida de la que fue la primera mujer en liderar un país musulmán, y la mayor apuesta de Occidente para garantizar que en Pakistán gobernara una coalición que favoreciera con su estabilidad la lucha contra el terrorismo.

La muerte de Benazir Bhutto, que este sábado conmemoran su viudo y primer ministro Asif Ali Zardari, y miles de seguidores en Pakistán, marca también la profundización de una crisis en Asia Central que hoy tiene vigilante al mundo entero.

En cuestión de un año, Pakistán pasó de ser un aliado estable en la lucha contra los talibanes afganos y las células islamistas, a convertirse en un santuario de regiones ingobernables, donde estos grupos alimentan la guerra en Afganistán. Durante todo  el  2008, los operativos  de las tropas occidentales      contra los grupos terroristas en la frontera afgano-pakistaní se vieron en aprietos al descubrir que al otro lado de ella, en la Provincia de la Frontera del Noroeste, sus militantes se refugiaban con facilidad, creando corredores que la coalición liderada por los Estados Unidos  considera que deben ser controlados desde Karachi.  

Las elecciones de febrero de 2008  trajeron la esperanza de la estabilidad, al subir al poder los dos partidos de oposición, que prometieron compartirlo  con el entonces presidente Pervez Musharraf. Pero su ulterior destitución fracturó de nuevo al gobierno, mientras que  Washington reclamaba mayor compromiso por parte de la coalición gobernante contra los grupos extremistas.

Durante los debates en la campaña presidencial de los Estados Unidos, ambos candidatos hablaron de Pakistán como una pieza  que debía ser corregida si se quería sacar a Afganistán de la encrucijada. Obama, incluso, aseguró que E.U. debería atacar blancos dentro de Pakistán, si el gobierno en Karachi no daba resultados. “El gobierno Bush le ha dado (a Pakistán) US$ 10 mil millones en siete años, y  no han hecho lo que deben hacer para erradicar los santuarios... hasta que no hagamos eso, los americanos no estarán a salvo”, dijo el presidente electo.

Como si fuera poco, los sangrientos ataques de terroristas islámicos a puntos claves de Bombay, a comienzos de diciembre, enardecieron las tensiones entre Pakistán e India. Los segundos no cesan de afirmar que los atacantes tienen nexos con funcionarios pakistaníes, mientras que el gobierno de ese país los niega. El viernes, el conflicto se intensificó al movilizar Pakistán tropas sobre su frontera frente a la amenaza proferida por Bombay el 22 de diciembre de que utilizarían la fuerza de no haber avances en las investigaciones. 

Nada de esto se preveía hace un año, cuando George W. Bush parecía convencido de que el pacto entre Bhutto y el gobierno del entonces presidente, Pervez Musharraf, estabilizaría su estrategia en la región.

Temas relacionados

PakistánBenazir Bhutto
Comparte: