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22 May 2022 - 2:00 a. m.

Torre de Tokio: entender los NFT

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

El artista mexicano Pablo Stanley posa con una de las obras creadas junto a artistas japoneses.
El artista mexicano Pablo Stanley posa con una de las obras creadas junto a artistas japoneses.
Foto: Foto de Gonzalo Robledo

El artista mexicano Pablo Stanley estuvo en Tokio para presentar su proyecto Robotos, serie de dibujos digitales de robots cuya apariencia de benévolos juguetes-retro permite encasillarlos en la popular estética japonesa de lo lindo y tierno llamada kawaii. Encontrar a un artista extranjero en persona en Japón es hoy un privilegio, pues aparte de la restricción de entradas por la pandemia, cada vez más creadores del mundo producen y exhiben obras digitales sin moverse de su mesa y las venden utilizando el formato NFT. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Pablo Stanley, quien tiene la costumbre de escuchar las preguntas mientras desordena con las dos manos el frondoso racimo de pelo negro que corona su cabeza, lleva más de dos décadas trabajando en Silicon Valley. Por eso es un artista adecuado para explicar en qué consiste un NFT, acrónimo inglés de “Non-fungible token” y traducido a veces con el más enigmático aún, “Vale no fungible”. Lo define como un contrato con el cual el artista asigna un precio a una sola copia digital de su obra y la adjudica a un propietario.

En un momento dado pueden existir muchas copias digitales archivadas en computadores de todo el mundo, pero solo una tendrá garantía de autenticidad. Cuando un coleccionista quiere vender su “original”, el comprador confirma la procedencia usando el mismo sistema de verificación de las criptomonedas conocido como cadenas de bloque o Blockchain.

Para Pablo Stanley, una gran ventaja de los NFT es permitir a los artistas excluidos del mundillo de las galerías convencionales ofrecer obras virtuales a coleccionistas de todo el mundo y también a otros creadores para intercambiar trabajos y crear sus propias colecciones.

Considera el mercado del arte un campo de pruebas y vaticina que en un futuro cercano, cuando todos usemos la próxima generación de internet llamada Web3, los certificados de NFT serán algo cotidiano.

Permitirán, por ejemplo, tener la propiedad de objetos digitales. Así podremos ser dueños de una “chamarra digital” que vestirá a nuestro avatar cuando participe en diferentes juegos y podremos llevarla a otras plataformas e incluso venderla como si fuera una chaqueta física.

Vuelve a revolcarse la melena y cuenta que en Tokio sus compañeras de equipo, Meela y Beeree, le ayudaron a seleccionar artistas japoneses para pintar juntos, a mano y en tableros de madera, 12 robotos para exponer en el céntrico edificio Shibuya Scramble Square.

Confirma su gran afinidad con la estética kawaii y añade que el nombre de su proyecto corresponde a la pronunciación japonesa de la palabra robot popularizada en el siglo pasado por una canción cuyo estribillo rezaba Domo Arigato Mr. Roboto (Muchas gracias señor Robot).

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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