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15 May 2022 - 3:45 a. m.

Torre de Tokio: sobre diásporas

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

Mensaje de Perú a los futuros refugiados japoneses en la serie "Japón se hunde" de Netflix. (El subtítulo dice: Los japoneses tienen un corazón amable).
Mensaje de Perú a los futuros refugiados japoneses en la serie "Japón se hunde" de Netflix. (El subtítulo dice: Los japoneses tienen un corazón amable).
Foto: Cortesía

¿En qué lugar del mundo le gustaría refugiarse si su país estuviera a punto de ser borrado del mapa por un desastre medioambiental? Esta es la pregunta formulada por una serie televisiva japonesa titulada Japón se hunde. Un pueblo esperanzado.

Basada en la novela de Sakyo Komatsu, publicada en 1973, la serie expone a lo largo de 10 capítulos el inminente hundimiento del archipiélago japonés a causa de un ambicioso proyecto oficial para almacenar residuos contaminantes en el lecho marino. El protagonista es un funcionario del Ministerio del Medio Ambiente de Japón apellidado Amami, quien junto con un equipo de colegas de otras carteras deberá encontrar asilo para sus más de 120 millones de paisanos. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Aunque vaciar literalmente un país pertenece, al menos de momento, a la ciencia ficción, la trama se esfuerza en ser creíble. Bajo la premisa de que ningún gobierno aceptará una avalancha migratoria de un país rico sin recibir nada a cambio, Japón ofrece las joyas de su corona: sus principales multinacionales.

La primera es un fabricante automotor con un logotipo muy parecido al de Toyota, que después de un tenso forcejeo diplomático entre China y Estados Unidos se entrega a Washington a cambio de admitir a seis millones de inmigrantes. Se negocian también patentes industriales y obras del patrimonio cultural de los museos japoneses. Gracias a la acogida de Brasil, India y Canadá, se logran los primeros 60 millones de cupos.

Surge el dilema de qué hacer con los reclusos de las cárceles niponas y se plantea usar la diáspora para desbandar las organizaciones criminales. Las familias podrán viajar juntas en núcleos de cinco personas y escogerán su país favorito, pero el destino final se asignará por sorteo. Para paliar el temor natural hacia las culturas desconocidas, una periodista amiga de Amami recopila un video con mensajes afectuosos de personas de todo el mundo.

Entre los hispanohablantes se destacan los saludos desde México y Perú, países que recibieron en el pasado inmigración japonesa y donde aún hoy, en el caso del país andino, viven unos 100 mil peruanos de ascendencia nipona conocidos como “nikkei”. La serie tiene un final agridulce y, aunque se centra en llamar la atención sobre la fragilidad de nuestro planeta, evoca los éxodos nipones hacia países de América iniciados a finales del siglo XIX y repetidos hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Un gobierno japonés acosado por crisis económicas e incapaz de crear empleo empujó a miles de ciudadanos al exilio, y aunque subvencionó parte de sus viajes y compró tierras lejanas para cultivos, los abocó a una epopeya cuyos personajes siguen aún buscando autores.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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