El martes que viene se cumplirán dos meses desde el ataque de Estados Unidos en Venezuela, que terminó con Nicolás Maduro preso en una cárcel de Brooklyn, Nueva York, tal vez el cambio más determinante en la historia del país desde la muerte de Hugo Chávez, en 2013. Y mientras en las próximas semanas será la segunda audiencia en contra del exlíder chavista y su esposa, Cilia Flores, lejos de allí, en su país, todavía se sienten los efectos de la caída de su régimen, y el reacomodo de lo que quedó sigue produciéndose con pasos que todos los sectores miran con cautela.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Durante la semana, “The New York Times” repasó los últimos días de Maduro en el poder y en libertad: narran cómo celebró, con una sorprendente calma, las fiestas de Navidad y fin de año. Allí, uno de los detalles claves que revelan es cómo Maduro ya se sentía incómodo con Delcy Rodríguez, hoy líder interina del país. “Ella estaba estrechando su control sobre el erario nacional, dejando de lado a sus rivales e impulsando la liberalización económica. (...) Algunas personas dijeron que Maduro había considerado despedirla, pero sabía que necesitaba la experiencia de Rodríguez en gestión para mantener a flote la economía sitiada”, cuentan. Ahora, en apenas dos meses, la exvicepresidenta ha logrado un acuerdo financiero con Estados Unidos, y es probable que pronto se vea una inyección de capital para recuperar la industria petrolera venezolana, con la aprobación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Hoy, mientras Rodríguez disminuye de algún modo la radicalización del Estado, también reacomoda el poder y empieza a desmontar, poco a poco, la faceta del chavismo que dejó instalada Maduro. Álex Saab, ficha entrañable de este último, ya salió del Ministerio de Industria y Producción —hasta ahora se desconoce su paradero— y esta semana también quedaron por fuera Alfredo José Ruiz Angulo, defensor del Pueblo, y Tarek William Saab, fiscal general durante los últimos nueve años y brazo ejecutor de lo que el régimen interpretaba como justicia. Estos movimientos, más la Ley de Hidrocarburos y la amnistía general que está a puertas de entrar en vigor, pueden interpretarse como señales de ajuste, pero en detalle vale la pena preguntarse cuál es el objetivo. Hechos como que Tarek Saab haya sido reacomodado de forma interina en la Defensoría del Pueblo deja instaladas varias dudas.
“Es una cosa insólita: que quien ha sido el verdugo de tanta gente ahora pretenda hacerse el defensor del pueblo. Vamos a pensar que esto es una encargaduría, pero si efectivamente el país no quiere volver a entrar en una situación de crisis política de la cual estamos queriendo salir, es decir, si no se quiere retroceder, entonces retroceder sería no tomarse en serio el cambio en los poderes”, condena Henrique Capriles, excandidato presidencial, opositor y hoy diputado de la Asamblea Nacional. Sin embargo, Capriles es optimista. Es de la rama de opositores que decidió seguir apostando por la democracia, y por eso terminó compitiendo por un escaño en la Asamblea, y con el mismo optimismo, o pragmatismo, cree que la amnistía aprobada muestra que puede que las cosas “se estén tomando en serio”. Existen voces diversas y visiones atentas sobre este reacomodo. Otro actor político, Bruno Gallo, concuerda con la mala señal que da el nombramiento de Saab, pero es optimista por la convocatoria de la Asamblea para designar a los funcionarios permanentes: “Rumbo a esas posibilidades de que se construya un Estado con poderes en equilibrio, y no como el que tuvimos hasta ahora, que seguía la tradición del socialismo real, donde Gobierno, partido y Estado eran casi lo mismo. Entonces, eso podría significar una apertura”.
Quienes juegan bajo las reglas del régimen reconocen que algo se mueve, pero desconfían del alcance. Otros, como Julio Borges, opositor en el exilio en España, lo ven de forma tangencialmente escéptica, describiendo todo esto como un “madurismo sin Maduro”. Borges recalca, como ejemplo, que él es parte de los acusados por la justicia venezolana que no están cobijados por la Ley de Amnistía.
La presión externa
Afuera el futuro de Venezuela también se está disputando. La sombra de Estados Unidos sigue ahí y, como se vio en el discurso del estado de la Unión de Donald Trump, el país latinoamericano sigue siendo parte clave de su agenda para el hemisferio occidental. Allí estuvo presente Enrique Márquez, excandidato presidencial opositor que duró un año encarcelado en Caracas y fue aplaudido por todo el Capitolio en Washington. Esto fue visto como un espaldarazo a su participación política. Ya de vuelta en Venezuela dio una rueda de prensa. Allí resaltó a Estados Unidos como un aliado y pidió el cese de las sanciones restantes. “Es momento de construir y no de boicotear”, dijo. Es curioso, cuando menos, porque Delcy Rodríguez lanzó un mensaje prácticamente idéntico al de Márquez durante la semana: celebró que Trump llamara a Venezuela un país amigo y pidió también el fin de las sanciones. Para Capriles el camino es ese: seguir abogando por la reconstrucción y dejar de lado la retórica de bloqueos y sanciones. “Aquí quebraron el país, destruyeron la economía, destruyeron los poderes y, bueno, Venezuela está ahora en una fase de querer reconstruirse. Esperamos los venezolanos que efectivamente esto sea la reconstrucción y la democratización del país”, afirmó. En paralelo, Maduro enfrentará en la segunda quincena una segunda audiencia y vale la pena preguntarse qué efecto puede tener sobre los múltiples procesos que están andando en Caracas. Para Borges, que también está afuera, es nulo: “Maduro es, desde el punto de vista histórico, pasado, pasado puro. El problema que tenemos es que no hay un reciclaje del madurismo, sino que toda la estructura que hoy por hoy está en el poder en Venezuela —a pesar de que está dando pasos como consecuencia de la presión internacional— es una estructura imbricada en toda la sociedad venezolana”.
El futuro es reformista
Los tres políticos consultados para este artículo coincidieron, de forma unánime, en que antes de hablar de elecciones tiene que haber una serie de reformas profundas y, si se quiere, constitucionales, para que podamos referirnos a un equilibrio de poderes en Venezuela. Todos apuntan al Consejo Nacional Electoral como primer escalón.
“Maduro se roba las elecciones. ¿Y con quién se las robó? Con el presidente del CNE. Es imposible llegar a una elección que sea libre, democrática y verificable con ese CNE”, dice Capriles. Menciona también cambios necesarios, como modificar el período presidencial de un sexenio y aplicar una segunda vuelta electoral. Eglee González Lobato, consultora política y docente de la Universidad Central de Venezuela, añade a esa lista el sistema por el que se distribuyen los escaños de la Asamblea Nacional, que con el 60 % de los votos garantiza el 90 % de los escaños. Un sistema que, como péndulo, ha favorecido tanto a la oposición como al gobierno. Para la analista, las verdaderas reformas son una cuestión de voluntad: “Lo que no se puede repetir son los patrones. Eso va a llevar a una reforma electoral. Las reformas electorales también tienen que ver con reformas constitucionales. (...) Cada que hablas de reforma constitucional te dicen: ‘¡Ay, eso no va a ser nunca!’. Porque, ¿cómo la haces? Tiene que haber mucha voluntad política y garantías entre las partes: que el que pierda no pierda todo y que el que gane no se lleve todo”.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.
Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times. No pierda la oportunidad de acceder a todos estos beneficios y más. ¡Suscríbase aquí a El Espectador hoy y viva el periodismo desde una perspectiva global!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com