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La permanencia ininterrumpida por 27 años del chavismo en el poder desde febrero de 1999 ha dejado la percepción no solo de que la llamada Revolución Bolivariana ha sido un fenómeno político invencible, sino que los diferentes factores que le han hecho oposición a lo largo de este tiempo han sido incapaces de erigirse en alternativa para dirigir el destino de Venezuela por múltiples razones, entre ellas, la atomización de los partidos y movimientos, las diferentes visiones estratégicas sobre los caminos a tomar, algunas decisiones desacertadas que se han adoptado o sus rencillas internas.
Como la metáfora del vaso medio lleno o medio vacío, esta impresión sobre la inexpugnabilidad del chavismo o la incapacidad de la oposición de desbancarlo del poder termina siendo relativa y, en todo caso, puede ser objeto de algunas explicaciones como, entre otras, la deriva autoritaria que el régimen venezolano ha experimentado desde un innegable apoyo popular en sus inicios hasta la conformación de un gobierno claramente dictatorial o la brutal represión que han sufrido los opositores con un saldo de miles de detenidos, exiliados, torturados y hasta asesinados.
Tras el triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998, los partidos políticos de la era democrática vieron acentuado el proceso de deterioro que estaban sufriendo desde años anteriores, en el marco de la crisis política en la que entró la democracia venezolana que se expresó especialmente en la revuelta social de 1989 conocida como El Caracazo y en los frustrados golpes de Estado de 1992 que contaron con el liderazgo del propio Hugo Chávez cuando era un oficial del Ejército en activo.
La gran popularidad de Chávez, su agresiva actitud hacia todo lo que representara el pasado, el fracasado golpe de Estado de 2002, el paro petrolero de 2002-2003, el referéndum revocatorio de 2004 que ganó el oficialismo y el boicot a las elecciones legislativas de 2005, sumieron a la oposición en gran desconcierto. Por eso, el acuerdo que alcanzaron para volver al redil electoral y acudir unidos por primera vez a las elecciones presidenciales de 2006 puede considerarse como un primer éxito de los partidos opositores, aunque en esta oportunidad también fueron ampliamente vencidos por el entonces todopoderoso líder bolivariano.
Sin embargo, en 2007 la oposición sí logró propinar su primera derrota electoral al chavismo con ocasión del referéndum que impulsó el gobierno para reformar 69 artículos de la Constitución de 1999 que buscaba la reelección presidencial indefinida e imprimirle un carácter socialista a Venezuela. El resultado, aunque ajustado, demostraba las debilidades gubernamentales y las potencialidades de la oposición. No en vano, Chávez no tuvo pelos en la lengua para calificar como “un triunfo de mierda” el éxito opositor.
En las elecciones regionales de 2008 la oposición insistió en la opción electoral unitaria y aunque el oficialismo ganó la mayoría de las gobernaciones, los contrincantes del gobierno triunfaron en los más importantes y poblados estados, eligiendo a destacados líderes opositores como Henrique Capriles Radonski, en Miranda; Pablo Pérez, en Zulia; Henrique Salas Feo, en Carabobo; Morel Rodríguez, en Nueva Esparta; César Pérez Vivas, en Táchira y Antonio Ledezma, en la Alcaldía Metropolitana de Caracas.
Las elecciones parlamentarias de 2010 fueron las del regreso de la oposición a la Asamblea Nacional tras haber boicoteado las elecciones de 2005. A pesar de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) obtuvo el 52 % de los votos, el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sacó 98 escaños contra 65 de los antagonistas del gobierno, esto debido al diseño de los circuitos electorales que favorecía a las regiones con mayoría chavista. El resultado, sin embargo, podría verse como positivo pues rompía la mayoría calificada de dos tercios del oficialismo necesaria para aprobar leyes estatutarias y designar autoridades de los poderes públicos. Confirmaba, asimismo, que el chavismo, aunque seguía siendo fuerte, acusaba cierta fatiga, especialmente cuando no estaba en juego la permanencia de su máximo líder y que la oposición tenía capacidad para derrotarlo si actuaba con sentido estratégico y de manera unitaria.
El espíritu de unidad se mantuvo en los comicios presidenciales de 2012 donde Hugo Chávez, que seguía manteniendo un sólido liderazgo personal, derrotó con amplitud al candidato de la MUD, Henrique Capriles Radonski, pero la prematura muerte del líder bolivariano el 5 de marzo de 2013 obligó a realizar nuevas elecciones en abril de ese año cuando su sucesor, Nicolás Maduro, apenas pudo vencer a Capriles Radonski por un estrechísimo margen de 1,5% (50,61% frente a 49,12%). Una vez más quedaba en evidencia el crecimiento del voto de oposición y la debilidad del chavismo en ausencia de su caudillo. Cabe mencionar que en esta como en las otras elecciones de carácter nacional, regional o local el chavismo participaba con claro ventajismo haciendo un uso descarado de los recursos del Estado y dificultando con todo tipo de tropelías las campañas de los opositores.
El progreso de la oposición venezolana se vio absolutamente confirmado en las elecciones parlamentarias de 2015, cuando logró de manera sorpresiva una mayoría calificada en la Asamblea Nacional (AN) al obtener 112 de los 167 escaños en disputa y 7,7 millones de votos. El resultado dejó en shock al gobierno que veía cómo perdía uno de los poderes nacionales y dejaba en clara evidencia que había dejado de ser mayoría. Por eso, no dudó en hacer uso del control que mantenía de los otros poderes y a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró en desacato a la AN para anular sus actividades. Poco después convocó a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) a través de un sistema eleccionario que le garantizaba su control, con el fin de contar con un poder legislativo afín.
El año 2015 bien podría considerarse como el del inicio de un régimen claramente dictatorial pues se desconoció en los hechos un importante triunfo opositor y se recurrió a artimañas para invalidar un poder esencial para el funcionamiento de una democracia como es el legislativo.
Después de 2015 volvieron a presentarse en el seno de la oposición las pulsiones abstencionistas que nunca la abandonaron del todo y los sectores que mantenían la tesis de no participar en los procesos electorales que controlaba el chavismo comenzaron a adquirir más peso, especialmente a partir de las elecciones regionales de 2017 que ganó ampliamente, con toda clase de ventajismo, el oficialismo. A raíz de eso la oposición, o al menos el sector mayoritario de ella, dejó de presentarse en las presidenciales de 2018.
Precisamente, como consecuencia de esos comicios que fueron desconocidos por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE), la Asamblea Nacional consideró que Maduro estaba usurpando el poder, por lo que ateniéndose a disposiciones constitucionales designó en enero de 2019 como presidente interino de la República a su presidente, Juan Guaidó, quien recibió el reconocimiento de más de 60 países, con lo que de hecho pasó a haber dos gobiernos paralelos en Venezuela. Finalmente, tras decaer tanto el respaldo internacional como el de algunos de los partidos de oposición a Guaidó, la propia AN votó por el fin del gobierno interino en diciembre de 2022.
La sequía electoral duró hasta noviembre de 2021 cuando volvieron a imponerse los sectores opositores que favorecían la participación en las elecciones aun sabiendo que se competía en condiciones desfavorables. En los comicios regionales de ese año la oposición logró el triunfo en los estados Zulia, Cojedes, Nueva Esparta y Barinas, pero el gobierno, que controlaba el TSJ, anuló el triunfo del candidato de la oposición, Freddy Superlano, en este último estado que tiene una gran carga simbólica por ser la tierra natal de Hugo Chávez y donde su familia ejercía gran influencia política.
Las elecciones en Barinas se repitieron en enero de 2022 con un nuevo candidato de la oposición, Sergio Garrido, quien triunfó con 55,36% de los votos, un margen mayor incluso al que había alcanzado Superlano, lo que ponía fin al control que la familia Chávez ejerció por años en ese estado llanero.
El “Efecto Barinas” transmitió mucho entusiasmo a la oposición venezolana que constató así el decaimiento del chavismo, por lo que la Plataforma de la Unidad Democrática (PUD), la instancia de la oposición que sucedió a la MUD, se embarcó en medio de grandes dificultades por los obstáculos que imponía el gobierno de Maduro, en un proceso de elecciones primarias para escoger un candidato unitario con el fin de competir en las elecciones presidenciales previstas para 2024.
Las primarias se llevaron a cabo el 22 de octubre de 2023 organizadas de manera independiente y sin la participación del Consejo Nacional Electoral (CNE). Para sorpresa general y, especialmente, del gobierno, hubo una gran participación que llegó a los 2,4 millones de votantes. La ganadora por una amplísima mayoría que sobrepasó el 90% de los votos fue María Corina Machado, una política escorada a la derecha que en el pasado se había mantenido en posiciones abstencionistas y muy críticas con el liderazgo opositor.
Maduro vetó su participación en las elecciones presidenciales aduciendo que estaba inhabilitada políticamente y lo mismo hizo con Corina Yoris, la persona que Machado designó para que la representara electoralmente. Finalmente, el gobierno venezolano, necesitado de que el proceso electoral se llevara a cabo para obtener un mínimo de reconocimiento, aceptó que la oposición participase con el diplomático Edmundo González Urrutia, quien recibió todo el respaldo de Machado y de la PUD.
Las elecciones tuvieron lugar el 28 de julio de 2024 con gran asistencia de votantes. El Consejo Nacional Electoral se apresuró a declarar ganador a Maduro sin mostrar hasta el día de hoy las actas que respaldasen ese resultado, lo que sí hizo la oposición que las publicó en Internet y demostró que González Urrutia había ganado avasalladoramente con casi el 70% de los votos. Se consumó así un colosal fraude que desnudó internacionalmente al régimen venezolano.
La gesta electoral de la oposición venezolana catapultó a Machado como su líder indiscutida y la hizo acreedora en 2025 del Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento que sin duda respalda la lucha del pueblo venezolano para recuperar la democracia perdida.
*Txomin Las Heras Leizaola es Investigador adscrito del Observatorio de Venezuela de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario y de la Bitácora Migratoria en alianza con la Fundación Konrad Adenauer, así como presidente de Diálogo Ciudadano Colombo Venezolano.
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