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Los avanzados sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa de Venezuela ni siquiera estaban conectados al radar cuando helicópteros estadounidenses aparecieron para capturar al presidente Nicolás Maduro, según funcionarios estadounidenses, dejando el espacio aéreo venezolano sorprendentemente desprotegido mucho antes de que el Pentágono lanzara su ataque.
Los célebres sistemas de defensa S-300 y Buk-M2, de fabricación rusa, debían ser un símbolo poderoso de los estrechos vínculos entre Venezuela y Rusia, dos rivales de Estados Unidos. Su alianza parecía otorgarle a Moscú una presencia creciente en el hemisferio occidental.
Con gran despliegue, Venezuela anunció en 2009 la compra de esas defensas aéreas en medio de tensiones con Washington. El entonces presidente izquierdista, Hugo Chávez, presentó las armas como un elemento disuasorio frente a la agresión estadounidense.
Pero Venezuela no pudo dar mantenimiento ni operar los S-300 —uno de los sistemas antiaéreos más avanzados del mundo— ni los Buk, lo que dejó vulnerable su espacio aéreo cuando el Pentágono lanzó la Operación Resolución Absoluta, dijeron cuatro funcionarios estadounidenses actuales y anteriores.
Además, un análisis de The New York Times de fotografías, videos e imágenes satelitales determinó que algunos componentes de las defensas aéreas seguían almacenados, en lugar de estar operativos, en el momento del ataque. En conjunto, las pruebas sugieren que, pese a meses de advertencias, Venezuela no estaba preparada para la invasión estadounidense.
En síntesis, la incompetencia del ejército venezolano parece haber desempeñado un papel importante en el éxito de Estados Unidos. Los muy publicitados sistemas antiaéreos venezolanos estaban esencialmente desconectados cuando las fuerzas estadounidenses entraron en el espacio aéreo de la capital, y puede que no hayan funcionado durante años, según exfuncionarios y analistas.
“Tras años de corrupción, mala logística y sanciones, todos esos factores, sin duda, habrían degradado la capacidad operativa de los sistemas de defensa aérea de Venezuela”, dijo Richard de la Torre, exjefe de estación de la CIA en Venezuela que ahora dirige Tower Strategies, una firma de lobby con sede en Washington.
Rusia también compartió la responsabilidad del fracaso, dijeron funcionarios y expertos, porque instructores y técnicos rusos debieron garantizar que el sistema estuviera plenamente operativo y ayudar a mantenerlo así.
“Las propias exigencias bélicas de Rusia en Ucrania pueden haber limitado su capacidad para sostener esos sistemas en Venezuela y garantizar que estuvieran plenamente integrados”, dijo de la Torre.
De hecho, dos exfuncionarios estadounidenses afirmaron que Rusia podría haber permitido discretamente que el equipo militar que vendió a Venezuela se deteriorara, para evitar un conflicto mayor con Washington. Si las fuerzas venezolanas hubieran derribado un avión estadounidense, dijeron, las repercusiones para Rusia podrían haber sido significativas.
Cuando Chávez compró los sistemas de defensa aérea a Rusia, formaron parte de un gasto multimillonario destinado a renovar el ejército venezolano con cazas Su-30, tanques T-72 y miles de sistemas portátiles de misiles tierra-aire conocidos como Manpads. Hasta entonces, Venezuela dependía en gran medida de material militar estadounidense, pero a medida que crecían las hostilidades, Washington prohibió la venta de armas al país sudamericano en 2006.
“Con estos cohetes va a ser bien difícil que vengan a bombardearnos”, dijo Chávez en 2009, después de que se anunció el acuerdo para comprar los sistemas rusos de defensa aérea.
Pero Venezuela tuvo dificultades para darle mantenimiento al equipo ruso. A menudo carecía de repuestos y del conocimiento técnico para dar servicio u operar el material militar, señalaron los cuatro funcionarios estadounidenses, que hablaron bajo condición de anonimato para compartir información sensible.
“Parece que esas defensas antiaéreas rusas no funcionaron tan bien, ¿verdad?”, dijo el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, pocos días después del ataque.
La caída de Maduro y la nueva —aunque tensa— asociación del gobierno venezolano con Estados Unidos representan un golpe para la influencia rusa en la región.
Durante los últimos 15 años, Moscú había reconstruido paulatinamente su presencia en América Latina tras el colapso de la Unión Soviética, aumentando la venta de armas y forjando nuevas alianzas, especialmente con Venezuela.
Pero esa alianza quizá no era tan férrea como ambos países la retrataban.
Moscú había indicado a Washington que daría a los estadounidenses vía libre en Venezuela a cambio de margen de maniobra en Ucrania, según Fiona Hill, quien supervisó los asuntos rusos y europeos en el Consejo de Seguridad Nacional durante el primer gobierno de Donald Trump.
En una conferencia de prensa en noviembre, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, fue consultado sobre si Moscú desplegaría más armas en Venezuela para apuntalar sus defensas del mismo modo que lo ha hecho con la vecina Bielorrusia, uno de sus aliados más cercanos.
Lavrov dejó claro que Venezuela, tan lejos del territorio ruso, no era prioritaria para Moscú.
“Sería inexacto yuxtaponer nuestra asociación con Venezuela con nuestra unión con la República de Bielorrusia”, dijo.
Rusia y Venezuela firmaron en mayo un acuerdo de asociación estratégica —durante la visita de Maduro a Moscú— para ampliar los vínculos, incluida la cooperación en materia de defensa. Pero aquel no compromete a ninguno de los dos países a la defensa colectiva.
“Creo que, tras esta crisis, el prestigio ruso quedará bastante empañado”, dijo Brian Naranjo, quien fue subjefe de misión en la embajada estadounidense en Caracas entre 2014 y 2018.
“No estuvieron allí cuando Venezuela los necesitó”, dijo. “Han quedado expuestos como un tigre de papel”.
El ejército venezolano pareció sorprendido por la operación estadounidense, pese a meses de amenazas de Washington.
Una evaluación del Times de fotos y videos publicados en redes sociales, junto con imágenes satelitales, muestra que las fuerzas estadounidenses se concentraron en emplazamientos donde Venezuela había desplegado o almacenado sistemas Buk.
En un lugar, unidades de almacenamiento que contenían componentes del sistema Buk fueron destruidas por aviones estadounidenses antes de que fueran siquiera desplegadas, lo que sugiere que el ejército venezolano no estaba preparado para la invasión que se llevó a cabo.
En La Guaira, una ciudad costera que protege a Caracas, varios videos publicados en internet mostraron una gran explosión en unos depósitos en el puerto. Días después, el gobernador local, José Alejandro Terán, publicó un video en su página de Facebook en el que recorría los depósitos dañados. Dijo que se usaban para almacenar medicamentos destinados a pacientes con problemas renales.
Las imágenes también mostraron los restos calcinados de un lanzador Buk, junto con lo que parecían ser misiles o fragmentos de misiles esparcidos entre los escombros, entre dos depósitos.
A pocos kilómetros, en Catia La Mar, también se reportaron explosiones durante la noche del ataque. Terán visitó luego la zona y publicó videos, al igual que otros usuarios. Las imágenes mostraron depósitos bombardeados que contenían varios componentes de un sistema Buk, incluidos lanzadores y un vehículo de mando, lo que sugiere que los vehículos estaban almacenados y no operativos.
En la base aérea de La Carlota, videos grabados durante el ataque mostraron explosiones en la pista militar y columnas de humo que se elevaban en el aire. Horas más tarde, tras el amanecer, imágenes —entre ellas material transmitido por la televisión estatal venezolana— mostraron los restos humeantes de un lanzador Buk.
En otro aeropuerto, en la localidad costera de Higuerote, imágenes publicadas en internet captaron una explosión nocturna mientras un fuego separado ardía cerca. Videos posteriores mostraron un lanzador Buk destruido.
“Las fuerzas armadas venezolanas estaban prácticamente desprevenidas ante el ataque estadounidense”, dijo Yaser Trujillo, analista militar en Venezuela. “Sus tropas no estaban dispersas, el radar de detección no estaba activado, desplegado ni operativo. Fue una cadena de errores que permitió a Estados Unidos operar con facilidad frente a una amenaza muy baja del sistema de defensa aérea venezolano”.
Los Manpads de Venezuela tampoco desempeñaron un papel destacado en la defensa del espacio aéreo del país frente a aeronaves estadounidenses.
En octubre, Maduro presumió del arsenal venezolano de Manpads SA-24, asegurando que habían sido desplegados en posiciones clave y estaban listos para un ataque estadounidense. La compra masiva de Manpads rusos en 2017 había generado preocupación entre funcionarios estadounidenses debido a su capacidad para derribar aeronaves.
“Cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder del Igla-S, y Venezuela tiene nada más y nada menos que 5000”, dijo Maduro, usando otro nombre para los SA-24.
Sin embargo, varios videos mostraron el mismo momento en que se disparó lo que parecía ser un Manpad durante la operación, solo para ser objeto de un intenso contraataque de aeronaves estadounidenses. Dos funcionarios estadounidenses familiarizados con la operación sugirieron que la contundente respuesta militar estadounidense pudo haber disuadido a otros soldados venezolanos de disparar sus Manpads.
Cuánto durará la frágil paz con Estados Unidos está por verse. Washington amenaza con usar sus fuerzas navales concentradas en el Caribe si Caracas no atiende sus demandas, entre ellas la apertura de campos petroleros a empresas estadounidenses.
El secretario de Estado Marco Rubio también presiona al gobierno venezolano para que expulse a asesores extranjeros de Rusia, Cuba, Irán y China,, en un intento por afirmar la dominación de Washington sobre el país y, más ampliamente, la región.
Poco después de la captura de Maduro, el Departamento de Estado publicó una foto de un ceñudo presidente Trump con el pie de foto “este es nuestro hemisferio”.
“En muchos sentidos, lo que los rusos intentaban hacer era simplemente molestarnos estando en Venezuela”, dijo Naranjo, el exdiplomático estadounidense. “Hay un deseo por parte de Rusia de demostrar que aún tiene alcance estratégico en todo el mundo”.
Pero, añadió, la capacidad de Putin “para venir a nuestro patio trasero e irritarnos no llega al punto de confrontarnos realmente”.
Paul Sonne colaboró con reportería desde Berlín. Producción de video por Jamie Leventhal y McKinnon de Kuyper.
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