
El miércoles, Estados Unidos ratificó a Colombia en la lista de países que han fallado en la lucha contra las drogas, una decisión que expertos anticiparon debido al contexto político entre ambas naciones. Eso sí, se mantuvo la medida de excepción al congelamiento de cooperación en seguridad y a las sanciones económicas que provocan la descertificación, por lo que el país no se verá severamente castigado en la práctica durante este próximo año fiscal estadounidense. No hubo sorpresas por este lado. Sin embargo, el asombro vino en dirección a lo que ocurrió con nuestros vecinos.
Por primera vez en 21 años consecutivos Venezuela dejó de figurar en la lista de países que Washington considera incumplidores de la lucha contra el narcotráfico. Según el Departamento de Estado, esto se debe a “los avances positivos logrados bajo la gestión de la presidenta interina, Delcy Rodríguez”. ¿Qué hizo Caracas que Bogotá no? Según analistas, nada.
“En esta cuestión de las certificaciones siempre hay un elemento político muy importante. Se percibe como un reflejo claro de la nueva relación política entre Washington y Caracas”, dice el analista Phil Gunson, de Crisis Group. “La certificación no está basada en estadísticas de desempeño”, añade Daniel Rico, director de la consultora C-Analisis, quien agrega que “en el gobierno Petro se suspendió el monitoreo de cultivos de coca y producción de cocaína. Tanto EE. UU. como Colombia estamos a ciegas de cómo está esto”, por lo que hay pocas maneras de hacer un análisis profundo sobre cómo va el país. Aunque la coca, afirma por entrevistas que ha hecho, sigue creciendo.
Entre los avances que puede destacar Estados Unidos en Venezuela están la detención y destitución de Nicolás Maduro, atribuidas a la misma administración de Donald Trump, y la eliminación de Héctor “Niño” Guerrero, líder del Tren de Aragua. Pero una mirada más profunda a la realidad venezolana exhibe muchas grietas en ese relato.
Informes de Insight Crime, entre febrero y agosto, destacan que el narcotráfico en Venezuela nunca dependió de Maduro como individuo, así que su salida realmente no lo debilita. Gunson destaca que el llamado Cartel de los Soles, al que se le atribuyó el negocio del narcotráfico, no es una organización jerárquica con un jefe al que se pueda arrestar y desactivar, como sugiere el lenguaje de “narco-Estado derrotado” que usa Washington.
En cambio, señala Gunson, el narcotráfico es “un fenómeno mucho más difuso” con una telaraña de actores y economías ilícitas donde si se elimina un nodo, como Maduro o Guerrero, otros ocupan su lugar de inmediato. Las bajas de por sí no garantizan un gran avance en la lucha estructural contra el narcotráfico. ¿Hubo algo más?
Rodríguez ha tomado otras medidas visibles para satisfacer a Washington, como la extradición de Álex Saab, operativos en zonas mineras y la destitución de más de 12.000 policías por corrupción. “Más allá de la extradición de Saab y los bombardeos de lanchas, en Venezuela no ha pasado nada significativo”, dice Rico. Insight Crime clasifica estas medidas como un simple “reshuffle” político, selectivo y sin transparencia, que no toca las bases estructurales de la corrupción ni el clima de impunidad.
Un cambio real conllevaría depurar y despolitizar las fuerzas de seguridad desde los mandos más altos, reformar a fondo el sistema judicial y generar alternativas económicas que reduzcan la dependencia de las comunidades más vulnerables frente a la minería ilegal y el contrabando. Nada de eso, coinciden los análisis, está ocurriendo.
Además, sería difícil de considerar este cambio estructural cuando el ministro del Interior, Diosdado Cabello, buscado por Estados Unidos y descrito como el líder de facto del Cartel de los Soles, sigue estando al frente de la seguridad del país, la misma cartera que debería liderar el combate al narcotráfico que Washington dice estar premiando.
“En realidad, datos objetivos para justificar un cambio tan radical en la apreciación de Estados Unidos acerca del narcotráfico en Venezuela no existen. Insisto en que esto es una decisión fundamentalmente política, entre otras cosas porque Washington quiere dar la impresión de que, con la nueva relación que tiene con el gobierno en Caracas, todo está maravillosamente bien. Pero creo que es más una apreciación política que una apreciación objetiva”, destaca el experto.
¿Por qué certificar a Venezuela entonces? Esta decisión podría ir encaminada a uno de los objetivos centrales de la administración Trump en el país, que es atraer inversión. Gunson lo confirma como probable motivación, aunque duda de su eficacia.
“Supongo que persigue eso, aunque tenga ese efecto es otra cosa, porque las empresas que puedan estar pensando en invertir cientos de millones de dólares tienen su propia forma de averiguar si eso es cierto o no. No va a ser simplemente la opinión de la administración Trump la que influya. Pero ciertamente puede que persiga ese fin, porque uno de los objetivos, si no el principal, del gobierno de Trump con respecto a Venezuela es fomentar la inversión”, asegura.
Venezuela, sin embargo, se mantiene en la lista de países de tránsito de drogas, una sobre la cual sería mucho más difícil defender su salida. El país colinda con Catatumbo, en Norte de Santander, una de las principales zonas productoras de cocaína de Colombia, cuya producción ha cruzado históricamente hacia territorio venezolano. El ELN, presente en al menos ocho de los 24 estados venezolanos, es descrito como el principal proveedor del narcotráfico en el país, con vínculos estrechos con el chavismo y sectores de la Fuerza Armada.
Cabe resaltar, además, que Europa superó a Estados Unidos como principal mercado de cocaína, y buena parte de las rutas de contrabando hacia allá, vía el Caribe y África Occidental, pasan por territorio venezolano.
La decisión sobre Venezuela, entonces, podría profundizar el escepticismo que ya hay al proceso mismo de certificación. ¿Cuáles son las bases para salir de la lista? El año pasado en Panamá, por ejemplo, el diputado Luis Eduardo Camacho criticó la permanencia de su país en la lista elaborada por Washington, pese a toda la cooperación entre ambos países y la aceptación de los términos de Washington.
“Me parece injusto mantener a Panamá en ese tipo de lista cuando Panamá ha dado sobrados ejemplos de combatir el narcotráfico… para mí, proporciones guardadas, es como si hiciéramos una lista de poner cuáles son los países más consumidores de droga y metamos a Estados Unidos”, dijo entonces.
Gunson señala, por esta razón, que no cree en el concepto de certificación: “Si tú buscas resolver un tema que por su naturaleza es internacional, que cruza fronteras y requiere la colaboración de distintos gobiernos, pretender ser el árbitro de todo esto —ser el que, por encima, determina quiénes son los malos y quiénes son los buenos— no es la mejor manera de enfocar el problema. Hace falta la colaboración, y hace falta escuchar voces disidentes, voces que no creen en la manera actual de combatir el narcotráfico. Y hay voces, incluso dentro de Estados Unidos, que piensan que no es la mejor manera de proceder”.
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Carlos(86809)•Hace 36 minutosEs el petroñeo