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Sin turistas, comercios en La Guaira resisten con ventas mínimas, ahorros y reinvención

Mientras el gobernador advierte que no habrá actividad turística en el corto plazo, comerciantes y trabajadoras de las playas intentan mantener sus negocios con ahorros, ventas mínimas y nuevas formas de llegar a sus clientes tras los terremotos en Venezuela. Publicamos este artículo del medio aliado TalCual, a través de la Alianza Rebelde Investiga.

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María de los Ángeles Graterol | TalCual
23 de agosto de 2026 - 06:46 p. m.
Así de afectados quedaron los edificios de La Guaira tras los terremotos del 24 de junio en Venezuela.
Así de afectados quedaron los edificios de La Guaira tras los terremotos del 24 de junio en Venezuela.
Foto: EFE - MIGUEL GUTIERREZ
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En La Guaira, las playas están cerradas, los negocios destruidos o a medio funcionar y los turistas que durante los fines de semana bajaban desde Caracas prácticamente desaparecieron. Para quienes vivían de vender pescado, alquilar toldos, atender kioscos, ofrecer comida o prestar servicios en la costa, el desastre no terminó cuando dejaron de moverse las placas. Ahora toca sobrevivir sin clientes.

“Antes, por aquí podían pasar de repente 200 personas. Y ahorita, a lo mejor, el fin de semana pasan 20″. Encarnación, dueña de una licorería en La Guaira, no necesita demasiadas cuentas para explicar lo que ocurrió con su negocio después de los terremotos del 24 de junio. El turismo desapareció y con él también buena parte de sus clientes.

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Ahora, quienes se detienen frente a su negocio son, principalmente, las personas que llegan al estado para llevar agua, comida y otros insumos a los damnificados.

A veces esos mismos colaboradores se sientan frente al mar para descansar. Miran la playa, caminan por la orilla y, antes de seguir en sus labores, compran una cerveza. Pero hasta eso lo hacen casi a escondidas.

“¿Me venden una cerveza?”, preguntan como si fuera un pecado. Yo les digo: “Sí, claro, no hay problema”, y le dicen: “En una bolsa negra, no queremos que nadie nos vea”. Igual pasa “si a una persona se le ocurre meter un pie en el agua porque está estresada. Todo lo satanizan. Y eso no puede ser”, contó.

El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, ha sido tajante con respecto al uso de las playas: “Está restringido el uso de los balnearios (…). Esto se hace obedeciendo a la razón. Un estado que está devastado en la zona de Macuto, donde murió tanta gente, donde están tantos edificios con tantos escombros. Caraballeda, zona cero. Yo no veo allí actividad turística en el corto plazo".

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Pero para quienes viven del turismo, la prohibición también tiene un costo. Encarnación ha visto cómo en las redes sociales condenan incluso a quienes intentan promocionar las playas o vender algo allí.

Mientras espera que vuelva el movimiento, Encarnación mantiene abierto el local con lo que quedó, compra lo que puede y sigue pagando las obligaciones que tenía antes del desastre. El problema es que ahora tiene que hacerlo con una caja muchísimo más pequeña.

“¿Pero cómo lo pagas si no generas nada?”, se preguntó al recordar que, apenas semanas después del terremoto, ya le estaban cobrando impuestos. Considera que la Alcaldía debió suspender temporalmente esos cobros para que los comerciantes pudieran recuperarse: “Debió haber dicho: ‘Bueno, hasta diciembre los vamos a dejar exentos para que puedan reconstruir y recuperar todo lo que perdieron’. Eso nunca pasó”.

Celina Da Silva enfrenta una situación parecida desde otro pequeño comercio de la zona. Antes compraba en Catia La Mar. Ahora tiene que ir a Caracas. El terremoto no solo destruyó viviendas y negocios, sino que también rompió una cadena comercial que permitía que esos pequeños establecimientos funcionaran.

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Celina calcula que sus ventas cayeron alrededor de 90 %. Para volver a llenar los espacios vacíos tuvo que agarrar de sus ahorros y comprar poco a poco, pero tampoco puede comprar demasiado porque no sabe cuándo volverán los clientes.

Así que mantiene el negocio abierto con lo mínimo, porque cerrar tampoco es una opción: “Siempre viene alguien que compra un cigarrito, siempre viene alguien con estos calores que compra un agüita o una cerveza y ahí vamos. Ahí vamos sosteniendo”.

Y mientras ellas intentan mantener en pie sus locales, el debate oficial sigue moviéndose entre la restricción y la reactivación. La ministra de Turismo, Daniela Cabello, ha planteado promover la visita a destinos de La Guaira que no fueron afectados por los sismos, entre ellos Chuspa, Osma, Todasana y Urama. Pero, ¿y los demás qué?

Cuando el turista desaparece, toca inventarse otro negocio en Venezuela

Escarlet Margarita Castillo también vivía del visitante que llegaba a la playa. Vendía pescado fresco y también abastecía a otros comerciantes. Antes del terremoto podía comprar entre 150 y 200 kilos de pescado para trabajar durante la semana. Ahora compra mucho menos: “Después del terremoto me traigo 50 kilos, 40 kilos de atún o 50 de aguja”.

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Su negocio y su casa están prácticamente pegados. Vive en Playa Vasito, dentro de la misma zona donde tiene su espacio de trabajo. La vivienda no quedó destruida, aunque el techo se dañó y todavía se moja.

Como nadie baja hasta las churuatas, ella montó un toldo a orilla de calle. Frente a ella, los escombros de las casas caídas. Detrás, un parador turístico desolado. Pero regresó porque necesitaba volver a trabajar. “Ya estoy aquí. De verdad que uno tiene que buscar las maneras de hacer algo”, dijo.

Escarlet fue incluida en un censo de prestadores de servicios de las playas como trabajadora ambulante. Sin embargo, hasta ahora, ese registro no se ha traducido en una ayuda económica concreta, así que también tuvo que cambiar la forma de vender.

Ahora tiene una moto y lleva el pescado hasta Catia, en Caracas. Sus clientes se comunican con ella por redes sociales y WhatsApp: “Tengo mis clientes y me dicen: ‘Súbemelos a Catia’. Yo se lo subo a Catia”.

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Algunos de sus compradores actuales también son las mismas personas que llegan a llevar ayuda a las comunidades: “Me compran y se llevan su pescado fresco”.

Pero Escarlet sabe que esa clientela es temporal porque, sí, las ayudas también van a disminuir. “Las ayudas vienen, pero ya están mermando. Entonces, uno tiene que buscar manera de ir abriéndose otras puertas”, comentó.

Daneska Rodríguez todavía no tiene ni siquiera esa posibilidad. Su negocio de sillas y toldos en Playa Vasito depende de que la playa pueda recibir visitantes. Ella y su esposo trabajan allí, pero ahora el lugar permanece cerrado.

Los módulos sanitarios resultaron afectados, algunas estructuras se cayeron y parte de los materiales de los comerciantes quedó dañada. “Por el momento ha sido recoger los escombros, recoger los desechos sólidos que esté botando el mar y esperar”. Aún no sabe cuándo podrá volver a abrir.

“No han dicho cuándo es la apertura de las playas. Están en reuniones, es lo que sabemos, pero hasta ahorita ningún ente ha pasado por acá para decir: ‘Miren, dentro de un mes se abren las playas’”, explicó.

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Ella y otros trabajadores de la costa fueron censados por representantes de la Cámara Turística Playera, junto con otras organizaciones del sector. Lo hicieron poco después de haberse cumplido el mes del terremoto. El registro buscó determinar qué perdió cada negocio: infraestructura, sillas, mesas, cocinas, neveras y otros materiales.

Pero, como Escarlet, Daneska todavía espera que ese censo se convierta en algo concreto. “No sé si nos van a dar algún beneficio, alguna ayuda. Ahorita, por el momento, no lo sabemos”, señaló.

Mientras tanto, los trabajadores de Playa Vasito han empezado a sostenerse entre ellos. Un vecino abre su licorería y a él le compran un refresquito. Si alguien tiene sed, le compran frapé o heladitos a la señora que vive en frente de los quioscos playeros, que, por cierto, ahora son refugio para los damnificados de Playa Verde. Así, entonces, la economía turística se volvió una pequeña red de supervivencia.

Daneska quiere que la playa vuelva a abrir, pero no simplemente para recuperar el negocio que tenía antes. Quiere que la reconstrucción mejore el lugar y permita que regresen los visitantes que durante años hicieron de ese espacio su destino habitual.

“Me gustaría que reconstruyeran la playa. O sea, me gustaría que Playa Vasito renaciera. Un cambio y una mejora para la playa, para las estructuras y no tanto para nosotros mismos, sino para el público”.

Estas cuatro mujeres, Encarnación, Celina, Escarlet y Daneska, siguen esperando lo mismo, aunque desde lugares distintos: que vuelva la posibilidad de trabajar. El terremoto les quitó clientes, mercancía, infraestructura y, en algunos casos, sus propias casas. Pero ahora la reconstrucción no consiste solamente en levantar edificios o despejar calles; también implica volver a poner en marcha una economía que para miles de familias comenzaba en la playa.

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Por María de los Ángeles Graterol | TalCual

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Pedro Ceron(09087)Hace 19 minutos
Esa pobre gente esta totalmente desamparada, sin ayuda de nadie. Petro iba a ayuda y el Filipichin prohibiò cualquier ayuda. Le cayò la desgracia al paìs mas rico de latinoamerica, estaban mejor con Maduro de presidente. Esa subpresidente de Venezuela tiene mas fuerza un purgado, lo mismo que va a pasar acà en Colombia con el Filipichin, un tìtere del gringo.
Pedro Ceron(09087)Hace 26 minutos
Y el gringo de hizo el vivaracho con el dinero del petrolèo, y nadie dice nada.
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