Las dos instituciones son oficiales (públicas)

Los rectores del colegio más rápido y más lento del ranquin de Merani opinan

Emilson Ortiz es el rector del Carlos Vicente Rey (Piedecuesta, Santander), el colegio más rápido según el ranquin. Mientras Rafael Suárez es exrector del centro educativo Santa Isabel (Puerto Escondido, Córdoba), el más lento.

Esta institución, ubicada en Piedecuesta (Santander), ocupó el primer lugar en los rápidos. Cortesía Carlos Vicente Rey

Emilson Ortiz es rector desde hace tres años del Carlos Vicente Rey, en Piedecuesta, Santander. Rafael Suárez, aunque ya no es el rector del Santa Isabel, fue quien estuvo a cargo, hasta hace poco, de la institución ubicada en Puerto Escondido, Córdoba.

Cada uno explica cómo se desarrolla el mismo tema en sus instituciones: el rendimiento académico y disciplinario, las fortalezas de su plantel educativo, las propuestas que han implementado en su tiempo como rectores, entre otros aspectos.

El ranquin, que se construyó con base en el cálculo de los porcentajes de crecimiento entre las segundas aplicaciones de la Prueba Saber 11 en años consecutivos (2012-2016), muestra que el Carlos Vicente Rey se ha superado académica y disciplinariamente de manera más rápida que otras instituciones públicas e incluso privadas.

Mientras que el centro educativo Santa Isabel, en el mismo tiempo, tuvo retrocesos, desmejorando en varios aspectos. 

Aquí es importante tener en cuenta que los mejores resultados para 2017 son de la región oriental, que incluye a Cundinamarca, Meta, Boyacá y los Santanderes, los cuales tienen un 6,2 % de sus colegios en los puestos más altos, en comparación con la Costa Atlántica, que tiene el 13 % en los más bajos.

 ¿Cómo funcionan sus colegios?

Emilson Ortiz

Su institución cuenta con 70 docentes y 2.150 estudiantes. Hay 25 por preescolar, 35 en los grados de primaria y 40 en las aulas de secundaria.

El colegio se ubica, según palabras de Ortiz, en un lugar bonito y tranquilo, con conexión al campo. Asimismo, “contamos con una comunidad comprometida, papás y estudiantes que se sienten orgullosos de estar aquí”.

Este colegio cuenta con variedad tecnológica para facilitar las labores de los estudiantes. Una de sus últimas adquisiciones fue una reformada emisora escolar en la que ponen música clásica durante las clases. “Se les pone suave y les ayuda a concentrarse. Ellos mismos la piden”.

Todos los trabajos se hacen en equipo, es decir, profesores, estudiantes, coordinadores y él.

Rafael Suárez

El Centro Educativo Santa Isabel tiene 16 docentes y 445 estudiantes. En algunas aulas hay hasta 58 estudiantes y hay ciertas áreas como ingles, artes y educación física en las que nunca han tenido un profesor a cargo.

Por otro lado, “la institución es muy lejana de la cabecera municipal. Están a 25 kilómetros de distancia y las vías son destapadas, lo que hace el ingreso en invierno un desastre y los muchachos casi no vienen”. 

No tienen televisores, videobeams o emisora escolar. Sólo unos pocos computadores dañados.

No hay trabajo en equipo entre el plantel educativo, ya que “no hay coordinadores, ni psicólogos o secretaria. Son los docentes y el rector, y ellos manejan sus propios ritmos”.

Incentivos para la comunidad estudiantil

Emilson Ortiz

“Como el colegio tiene muchas solicitudes no es tan sencillo ingresar, hay que hacer una especie de selección”. 

Según Ortiz, eso hace que los estudiantes sientan un compromiso grande con el colegio, situación que aprovechan para generar competencias entre la comunidad. “Pero no es sólo por retarlos, nosotros trabajamos muchos con el estimulo académico, por ejemplo, las Pruebas Saber que ellos presentan representan una nota para su período académico”.

Por otro lado, en el colegio Carlos Vicente Rey promueven salidas pedagógicas para que los alumnos sientan que su trabajo sí tiene una retribución y no solo como nota, “se trata del reconocimiento al trabajo de una persona. Que ellos sepan que hacen las cosas bien y que sigan fortaleciendo esos aspectos”.

De igual manera, fomentan actividades que ayudan a mejorar el auotoestima en sus estudiantes.

Rafael Suárez

Aquí no hay mayores requisitos para ingresar. De hecho, dan cabida a todos los que puedan, por eso el hacinamiento por aula. 

“No hay estímulo académico, pues muchos de los chicos sólo quieren conseguir dinero. Si no les gusta una clase, simplemente no entran y no hacen caso. Como el colegio queda tan retirado del casco municipal, incluso los profesores llegan tarde o muchas veces no alcanzan a llegar si está lloviendo, entonces los ‘pelaos’ tampoco se preocupan mucho por el asunto y al no existir interés por parte de ellos, las clases se vuelven más ‘flexibles’, por decirlo de alguna manera”.

En la pruebas del estado nunca han tenido buenos resultados. No hay espacios para actividades culturales o físicas, ya que ni siquiera hay docentes para esas áreas. “Simplemente se vienen a estudiar y salen para su casa. No hay ninguna interacción entre docentes o estudiantes. Por más que tratamos de organizar los cronogramas, no hay unión”.

¿Cómo está la parte académica y disciplinaria?

Emilson Ortiz

“Nosotros tenemos una parte cultural muy fuerte, principalmente en teatro, incluso hemos participado en concursos en México y Argentina. Y todo esto genera una competencia en donde todos quieren sobresalir , porque si no van bien, no se les deja participar. Sin mencionar que sólo tenemos tres periodos académicos y no cuatro, pues eso les da más espacio tanto a profes como alumnos”. 

Para Ortiz, el que estudia aquí no es el que los demás ven como un nerd, sino como un líder. Por eso el desempeño académico de su institución es sobresaliente. 

En cuanto a la disciplina, “la base en la sociedad es que existan unas normas definidas. El pacto de convivencia no estaba actualizado, así que en un proceso de seis meses nos reunirnos padres de familia, docentes y estudiantes. Hicimos el pacto de convivencia y lo imprimimos. Es obligatorio que el alumno lo lleve todo el tiempo. Sin embargo, en este colegio no se castiga, se incentiva”.

Rafael Suárez

“El rendimiento académico en las comunidades rurales es deficiente. Los estudiantes tiene pereza de llegar a la institución y la mayoría de familias son dedicadas al agro, a cultivar, entonces suelen retirar a los pelaos por temporadas para que les ayuden en el campo. Les interesa ganar dinero, entonces prefieren ir a buscar entradas económicas para comprar sus cosas, ya que es una comunidad bastante pobre”.

Otro de los problemas, resalta Suárez, es que hay mucha falta de asistencia y, de hecho, se ha visto que muchos van es porque los papás los obligan para así poder recibir el dinero que les da Familias en Acción.

“Eso y otros factores hacen que el rendimiento académico sea deficiente, así como la disciplina, que es un tema en el que no hay control. Hay otros que tienen muchos sueños y desean educarse bien, pero están en medio de una población muy inestable que dificulta esas metas lastimosamente”.

¿Qué desearían dar a conocer de su institución?

Emilson Ortiz

“Los docentes debemos brindar una educación como la que queremos para nuestros hijos. Pero el padre de familia también debe entender que el colegio público no es que sea un colegio gratis, porque de hecho es una educación muy costosa, en muchas ocasiones, más costosa que el privado, así que deben ayudar con las tareas y estar pendientes de todo.

A los rectores les digo que hay que estar en el colegio porque uno es un padre de familia, tiene que estar pendiente de todos sus estudiantes. Por eso trato de estar muy comprometido, venir todos los días. Cuando los estudiantes ingresan el directivo debe recibirlos porque están llegando a su segundo hogar. 

Hay que entender que nuestros estudiantes son niños, son menores de edad, no se trata de asustarlos y tratarlos mal, sino de ser un guía”.

Rafael Suárez

“En estas comunidades rurales del sector de Córdoba hay muchos problemas sociales. Violencia, conflictos armados, drogadicción y los embarazos adolescentes, que son el mayor de todos los problemas. 

La mayoría de las niñas, apenas cumplen 14  o 15 años, piensan es en casarse para no seguir estudiando.

La educación acá no ha sido inculcada, hay un afán por dinero. No hay apoyo de ninguna parte y debe analizarse bien qué pasa, porque no sólo se trata del Centro Educativo Santa Isabel, sino de la mayoría de colegios públicos en Córdoba.

 No sólo es dinero, pero ese colegio sólo recibe alrededor de 34 millones al año, no alcanza para nada. Si se va un profesor no lo reemplazan... en fin. 

 Hay ganas de mejorar, pero no hay cómo. Así los rectores pongamos de muestra parte, no hay disposición”.

Vea acá las otras dos notas de este especial:

La Fundación Alberto Merani entrega su segundo ranquin de colegios

Fecode y el Ministerio de Educación exponen sus puntos de vista sobre calidad en educación