Un oficio familiar con un costo mortal en Filipinas

La fabricación ilegal de armas se convirtió en una actividad muy lucrativa en Danao, la región central de Filipinas, en donde abundan los talleres artesanales.

En Filipinas crecen los fabricantes piratas de armas ilegales, un negocio muy lucrativo.AFP / Imagen de referencia

En las colinas remotas y cubiertas de neblina a las afueras de la ciudad de Danao en la región central de Filipinas, se encuentra el taller ilegal e improvisado de un maestro de la fabricación de armas.

El taller desvencijado de I. Launa, al cual solo se puede llegar a pie por un sendero empinado y sinuoso, camuflado por una vegetación espesa, tiene un techo de lona raída, una mesa de trabajo y varias máquinas para cortar y afilar el acero. Toda la operación se puede empacar y mudar en poco tiempo.

La fabricación ilegal de armas es el sustento que ha llevado la comida a la mesa y ha permitido que los niños de la familia vayan a la escuela desde la década de 1970 y Launa, quien pidió que solo se usara la inicial de su nombre por temor a ser arrestado, es solo uno de muchos armeros en la región que trabajan a pequeña escala. Solo en su pueblo vive casi una docena.

El oficio —que contribuye al estimado de dos millones de armas no registradas en Filipinas, poco más de los 1,7 millones que sí están registradas— logra florecer en un lugar remoto donde escasea el trabajo, hay poca presencia policiaca y la ilegalidad está muy arraigada.

Fabricar armas “aquí es un oficio esencial que pasa de generación en generación”, comentó Launa, de 63 años, quien aprendió el oficio de su padre y se lo enseñó a su hijo.

“Muchos presidentes vienen y van”, agregó, mientras una sola luz fluorescente iluminaba la mesa que tenía delante de él, donde había varias réplicas de pistolas Colt .45 sin terminar. “Pero seguimos aquí”.

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La armería floreció en la zona durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la gente local aprendió a hacer armas para apoyar el movimiento de guerrilla que combatía a los japoneses. Para la década de 1960, Danao se había vuelto el lugar ideal para los criminales y los ciudadanos de a pie que querían comprar réplicas baratas, pero de buena calidad.

En algún momento, estos armeros vendieron sus productos a la vista de todos, pero ahora contratan a mensajeros para entregar su mercancía a escondidas. En algunas ocasiones, algún intermediario pasa a recoger el encargo de un arma para un cliente.

En los años noventa, se realizó una iniciativa para legalizar el oficio mediante la regulación de los armeros, pero el proyecto no obtuvo apoyo gubernamental.

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Las pistolas —las cuales incluso a un aficionado le costaría determinar si son copias ilegales, pues también cuentan con el grabado de “Colt Automatic Caliber .45 Government Model”— se venden a unos 7000 pesos (cerca de 130 dólares), un precio mucho más barato del que tienen los modelos auténticos.

Otras armas, como los subfusiles, también se pueden pedir por encargo, aunque los pedidos para las armas de calibres más altos han disminuido debido a las duras medidas del gobierno.

El oficio que se practica aquí está teniendo un costo mortal en todo el país.

La policía asegura que es de conocimiento público que los sicarios en la nómina de políticos rivales compran sus armas en la zona de Danao, y que las ventas han aumentado un poco conforme el país se prepara para las elecciones en mayo. Varios políticos han sido asesinados debido a la violencia relacionada con el proceso electoral.

De acuerdo con la policía, se han encontrado armas hechas en Danao en el sitio de homicidios extrajudiciales, los cuales se han atribuido a las milicias progubernamentales que tienen la orden del presidente Rodrigo Duterte de aniquilar los crímenes relacionados con el narcotráfico.

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Según la policía, las armas también han llegado a las manos de Abu Sayyaf, un pequeño pero violento grupo terrorista del sur del país que cada vez está más aliado con el grupo del Estado Islámico.

“En este momento, todo el mundo puede comprar un arma aquí, solo basta tener el dinero, incluso si eres un ladrón, un asesino o un sicario”, comentó el jefe de la policía local, el coronel Jaime Quiocho, quien destacó el atractivo de ese tipo de compras ilícitas entre los criminales. “¿Comprarías un arma autorizada que se puede rastrear hasta ti?”.

Rodeada de cordilleras escabrosas, Danao se encuentra a 32 kilómetros de Cebú, la atestada ciudad más importante de la región central de Filipinas. Una fábrica de artículos electrónicos le da trabajo a una porción de la población de 130.000 habitantes, la mayoría católica y pobre, aunque la agricultura y la pesca son las industrias principales.

En el taller de Launa, que en un día cualquiera puede trabajar en cuatro pedidos de armas, había pedazos de metal cortado de partes de armas desperdigados sobre la mesa.

Su hijo de 28 años de edad estaba afinando el cañón y el mecanismo del gatillo de una pistola. Talló y martilló cada centímetro del arma, antes de ensamblarla y revisar su mecanismo en repetidas ocasiones. Como prueba final, disparó al suelo e hizo un hoyo.

Ante la pregunta de si alguna vez se ha sentido culpable de saber que sus armas podrían usarse en asesinatos sumarios, Launa respondió lo siguiente: “Fabrico armas, pero no le digo a la gente que mate a otras personas”.

De alguna manera, la popularidad de las armas de Danao ha provocado que la industria local sea víctima de su propio éxito. Mientras más famosas se vuelven las armas, más atraen la atención de bandas organizadas de ladrones y de oficiales de la policía que quieren cerrar los talleres.

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“Tenemos que escondernos, porque debemos ser cuidadosos estos días”, mencionó Launa.

Quiocho reconoció que los armeros tenían pocos incentivos u oportunidades de abandonar un oficio que ha sido el sustento de muchas generaciones.

“Ha sido un estilo de vida para muchas personas”, señaló. “Si se acaba, ¿qué pasará con ellas?”.

El jefe de la policía aseguró que perseguir armeros ilegales solo era una medida temporal que no podía resolver por completo un problema que también se origina en la pobreza. Eso no quiere decir que no haya dejado de intentarlo.

El año pasado, la policía realizó unas 70 redadas en las que decomisaron alrededor de 92 armas de fuego, afirmó Quiocho. Se presentaron cargos en contra de unas 80 personas, aunque algunas quedaron libres bajo fianza.

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Rastrear a los armeros no ha sido sencillo. Muchos de ellos tienen espías que les informan de las redadas inminentes, así tienen tiempo para moverse a un lugar distinto. Otros han migrado a diferentes regiones.

El jefe de la policía sugirió la legalización de la industria para que las armas de Danao se puedan rastrear como se debe.

“Van a hacer las armas, lo queramos o no”, opinó. “Así que, ¿por qué no controlar la industria, su calidad y hacia dónde van?”.

 

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Jason Gutierrez / The New York Times Service

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