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Cuando un performer, vestido de negro de pies a cabeza, irrumpe en el escenario con una antorcha y lo llena de humo, mientras el estadio se llena del beat de la canción "Hooligans" de BTS, el Campin estalla en un rugido ensordecedor de emoción. Es el momento en que más de 50 mil personas se fusionan en una realidad única. Me vuelvo testigo de una alquimia en la que desaparece el límite entre los siete miembros de BTS y los espectadores. El espectáculo se transforma en una ceremonia de pertenencia. El yo se funde en un nosotros. Es una simbiosis, un respiro al unísono.
Porque esta es una de las características más interesantes de BTS, el grupo globalmente más exitoso del K-pop, el pop coreano: su relación vital con el pueblo de BTS, la llamada ARMY. No se trata simplemente de una comunidad de fans. Es una realidad sui generis. De hecho, BTS y ARMY se generan mutuamente porque el acto creativo no termina cuando BTS lanza al mercado una nueva canción; ARMY traduce, interpreta, comparte, convierte, crea memes, campañas, proyectos sociales y nuevas conexiones. Podríamos decir que crean un remix social y cultural.
El sociólogo francés Gilles Deleuze utiliza la metáfora del rizoma para explicar fenómenos como lo de ARMY. Es decir, una red sin centro único, sin jerarquía estable y sin un punto obligatorio desde el cual todo debe organizarse. Como las raíces que se extienden bajo tierra y se conectan en múltiples direcciones, ARMY se articula a través de miles de nodos capaces de actuar de manera autónoma y, al mismo tiempo, reconocerse como parte de un mismo entramado. En el caso de ARMY, eso ocurre simultáneamente a nivel global. Por eso, ARMY funciona como una inteligencia colectiva distribuida: puede crecer desde cualquier punto, adaptarse, reproducirse y conectar personas muy distintas sin necesidad de convertirse en una estructura vertical. J-Hope, uno de los miembros de BTS, lo ha expresado así al finalizar el concierto en Bogotá : “Lo curioso es que somos personas que venimos del otro lado del mundo, que hablamos idiomas distintos, pero compartimos algo en común que nos une”. Fue San Agustín quien afirmó que la música, con sus ritmos y armonías, permite que la mente ascienda desde lo sensible hacia un orden más profundo. Durante el concierto de BTS, uno experimenta que todo el espectáculo actúa no solamente sobre los ojos y los oídos, sino sobre el interior de todos los asistentes.
De hecho, cada miembro de ARMY recibe una canción como un espejo de su propia biografía: una pérdida, una inseguridad, una etapa de crecimiento, una búsqueda de identidad. El concierto de BTS se vuelve significativo porque encuentra resonancia en el interior. El ritmo exterior despierta así un ritmo interior. Y eso es lo que hace tan único a BTS y su simbiosis con ARMY.
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Luis(22669)•Hace 1 horaMientras pasa lo que pasa con Andrés Caicedo, Gonzalo Arango y el Caro y Cuervo sale esta profunda columna al respecto de la cultura.