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«Este zapatico fue de un niño. Como este, fueron asesinados 44 niños». En mayo de 2002, en las ruinas de la iglesia de Bojayá, el comandante de la IV Brigada del Ejército pronunció esas palabras entre sollozos, mientras levantaba un pequeño zapato ante las cámaras de los noticieros. Dicha escena consagró a Mario Montoya Uribe (Buga, 1949) ante la opinión pública.
Cuatro meses después, el 9 de septiembre, el entonces presidente Álvaro Uribe publicó un decreto que concedía a la fuerza pública y el DAS facultades para realizar procedimientos policiales sin autorización judicial. (Habían pasado cuatro días desde la Operación Saturno I, en la Comuna 13 de Medellín. Faltaban 37 días para la Operación Orión).
Esa misma fecha fue inmortalizada en una imagen del fotógrafo Fernando Vergara (AFP): la segunda edición de los Lunes de Recompensa, programa liderado por la ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, y el mismísimo presidente. De camuflado y con un arma al cinto, Montoya le entrega un fajo de billetes a un hombre fornido, de pantalón blanco y chaqueta de cuero. Encapuchado. El pasamontaña verde militar apenas revela sus diminutos ojos pardos. Atrás, una mujer de sastre azul, con los brazos cruzados, presencia el acto. El comandante del Grupo Mecanizado Juan del Corral, Humberto Sánchez Rey, sostiene otro bloque de billetes.
No sería ni el primero ni el último encapuchado en la vida de Montoya.
En el desarrollo de Saturno I fue capturado Marlon Andrés Castañeda, alias Gomelo, el encapuchado con uniforme militar que parece dar órdenes durante la Operación Orión, en las fotografías icónicas de Natalia Botero y Jesús Abad Colorado. Gomelo, uno de los guías de las operaciones militares urbanas, posibilitaba «el desarrollo de nuevas detenciones y el tránsito de las unidades a puntos de control», según confirma el reciente auto de imputaciones del macrocaso 08 (Crímenes cometidos por la fuerza pública, agentes del Estado en asociación con grupos paramilitares, o terceros civiles en el conflicto armado) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
De blazer y corbata, el señor de Buga declaró frente a los familiares de víctimas de otro macrocaso, el 03 (Asesinatos y desapariciones forzadas presentados como bajas en combate por agentes del Estado): «Los muchachos que van al Ejército son los de abajo […] Nos toca enseñarles a ver cómo se utiliza el baño, cómo se utilizan los cubiertos». La JEP lo imputó a título de autor de crímenes de guerra y de lesa humanidad: 130 asesinatos de persona protegida y desapariciones forzadas cometidos en Antioquia bajo su mando en la IV Brigada (2002 y 2003).
(La Fiscalía imputó a Montoya por el asesinato de 104 víctimas inocentes, incluidas cinco menores de edad).
Hace dos días, desde La Escombrera, el tribunal transicional imputó a Montoya —esta vez por omisión— por 951 hechos victimizantes. 891 personas afectadas. 87 desapariciones forzadas. 80 homicidios. 289 desplazamientos forzados. 74 lesiones personales. 34 casos de tortura. 7 de violencia sexual. 380 privaciones de la libertad.
El señor, condecorado militar, sabe «utilizar» el baño y los cubiertos. Su corbata, impecable, nunca falla en las audiencias. Mira a los ojos. Escucha. Un viejo perfil de El Tiempo «Montoya, un general que se ganó a Uribe», narraba: «Se convirtió en uno de los oficiales más cercanos al presidente Álvaro Uribe, debido a su gestión como comandante de la IV Brigada […] lideró la operación Orión […] Otras operaciones en Antioquia lo llevaron a ganarse la confianza de los empresarios». Afable con el presidente, con los empresarios, con sus jueces.
La seguridad no es un milagro. La presunción de inocencia, tampoco.
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Manuel jose(f4n5o)•Hace 11 minutosExcelente columna, así se debe escribir,.desmitificando los que han hecho de la democracia su escondite para engañar al pueblo .
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Darío(12941)•Hace 1 horaSe entiende que milagreros patrióticos quieran enlodar la JEP. Excelente columna, valerosa periodista.
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Julio Roberto Arenas C.(3f359)•Hace 1 horaGracias, Ana Cristina, aunque la lectura de textos como este deja en el paladar, en la lengua y en el gaznate el sabor agridulce de constatar a diario que hay personas tan valientes como tú gritando verdades dolorosísimas ante un país indolente, ciego y sordo que elige, aplaude y celebra las canalladas de un payaso violento, ordinario, burlón y atrabiliario como el presidente mafioso que nos gobierna, el tal de la Espriella, émulo de quien malgobernó este país durante 8 larguísimos años.
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Chamí(1anyy)•Hace 1 horaMuy buena crítica. No tengo nada para añadir.
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UnaVezMás(22193)•Hace 2 horasLe diste en el punto!