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La caja negra

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Para una clase estábamos analizando La lotería, el cuento que Shirley Jackson publicó en 1948 sobre un pueblo que cada año celebra la tradición de escoger por sorteo a una persona para apedrearla hasta matarla. Los vecinos se reúnen en la plaza, las familias sacan papeles de una caja negra y a la persona que le toca el papel marcado la rodean los demás. Participan todos, incluso los niños, que desde el comienzo han estado recogiendo y acumulando piedras en sus bolsillos. Nadie se pregunta si tiene sentido hacerlo. Se hace porque “siempre se ha hecho”. La persona elegida protesta, aunque hasta ese momento también había participado como los demás en la apedreada.

Un estudiante preguntó en qué época transcurría la historia. Varios respondieron que tal vez en la Edad Media. El ritual, la lapidación pública y la obediencia de toda una comunidad a una costumbre que nadie parece entender encajaban con la imagen que tienen de ese período. Pero al leer con cuidado se fueron dando cuenta de elementos de Jackson que desmienten esa lectura. En el pueblo hay un banco, una oficina de correos y un almacén. Los hombres conversan sobre la lluvia, los tractores y los impuestos. No es esa edad media imaginada a la que se le mete todo lo que nos parece remoto, sino una comunidad reconocible para los lectores de 1948.

La caja negra es fascinante por esa idea de cuadrada y oscura. Está vieja, despintada y nadie quiere reemplazarla por respeto a “la tradición”. Pero esa supuesta tradición ha cambiado muchas veces. Las fichas de madera ya se cambiaron por papeles y se abandonaron partes enteras de la ceremonia. Los habitantes pueden cambiar los detalles sin creer que traicionan la costumbre. Lo que permanece es la decisión de matar a alguien a pedradas. Esa es la parte que ni siquiera se discute.

Me interesa pensar en lo que pasa cuando llamamos medievales a las prácticas que nos resultan crueles, incomprensibles o arcaicas. La Edad Media termina convertida en una caricatura tranquilizadora, llena de supersticiones, fanáticos y castigos públicos. Sirve para imaginar que hay cosas que la modernidad dejó definitivamente atrás porque “evolucionamos”. Y, de paso, nos ahorra el trabajo de reconocerlas cuando aparecen ante nosotros con otras formas.

Esta semana, en Estados Unidos, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quiso transmitir en directo la ejecución por fusilamiento de Nidal Malik Hasan, condenado por asesinar a 13 personas en Fort Hood. Trump respaldó inicialmente la transmisión y terminó cancelándola ante las críticas, no precisamente porque le pareciera algo absurdo. Lo revelador fue, no sólo que todavía haya pena de muerte, sino que la idea de convertir una muerte en espectáculo público llegara a discutirse como una propuesta de gobierno.

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En Bogotá, después de las protestas del miércoles aparecieron videos del hijo de Jorge Barón y dos compañeros que llegaron levantando una cruz frente a los manifestantes, como quien intenta ahuyentar vampiros. Hace dos días, por orden del gobierno, se quitaron más de 30 piezas del Museo Nacional, entre ellas objetos relacionados con la historia de los movimientos LGBTI, feministas y el Acuerdo de Paz. De la Espriella dijo que estaba haciendo una contrarrevolución cultural en defensa de los valores tradicionales. Son situaciones distintas de la ejecución estadounidense, pero todas invocan, de una u otra forma, la tradición para legitimar decisiones que deberían poder discutirse por sus propios méritos.

Cuanto más convencidos estamos de que los espectáculos punitivos, los rituales públicos y las invocaciones religiosas del poder pertenecen a una época remota, más fácil es digerir sus versiones contemporáneas. Es una extraña forma de persuasión: relegar ciertas prácticas al pasado para volverlas aceptables en el presente. Como los habitantes del cuento, podemos cambiar la caja, los papeles y la ceremonia sin cuestionar lo que estamos haciendo, esperando quién será el próximo al que se va a apedrear porque lo “dice la tradición”.

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Comentarios
  • luis(46988)•Hace 1 hora
    Cuando un ateo se hace pasar por creyente,solo porque hacer pensar a los ignorantes que pertenece a su redil ,ya que esta actitud le favoreció con magníficos resultados en las urnas, entonces ya se intuye cómo van a ser los cuatro años de gobierno de este sátrapa y sus aliados religiosos.
  • favel(86409)•Hace 6 horas
    Catalina solo cuenta la mitad de "la caja negra", la que le gusta y conviene, así es muy fácil escribir.
  • baltasar(622)•Hace 7 horas
    Catalina: nada hay más peligroso para una comunidad o país que un ignorante investido de poder y peor si su misión como gobernante(Redentor) le fue encomendada por Dios( El Espíritu.Santo).La ultraderecha colombiana que se apresta a conmemorar los (100) años (1930_2030) del inicio de la defensa de sus privilegios cuestionada por el pueblo,auspicio como "presidente" (para ellos) al emergente GRAN DICTADOR ABELARDO DE LA ESPRIELLA.
  • Mario(16018)•Hace 7 horas
    Cuando leí el titular de esta columna pensé que se trataba de la verdadera "caja negra" donde Petro dejó escondidos gran cantidad de escándalos que no fueron conocidos en su momento y que tiene estupefacto al pueblo en general.
  • Luis Carlos(m2w9y)•Hace 7 horas
    Sra. Uribe es su escrito una importante reflexión que nos lleva a pensar que éste gobierno es peligroso por su sincretismo hipócrita entre religión y estado.
  • Alonso(66090)•Hace 8 horas
    Excelente, oportuna y necesaria reflexión.
  • Juan Camilo(26735)•Hace 8 horas
    Gracias. Involucionamos para evolucionar, así avanza la humanidad en la consolidación de los derechos. La supuesta contrarrevolución del gobierno, más que una política es una táctica electoral que se desdibujará con el tiempo,
  • Tercio(53826)•Hace 8 horas
    El hijo de J. Barón es un tarado…
  • leunamuno(9808)•Hace 8 horas
    La evolución ha sido de estómago, y en consecuencia depende de la avaricia del hombre en este nuevo mundo que el mismo hombre transformó sin planeación ni consulta, pero no todo es malo, porque la lección está dada y aunque el costo parece extremo, no será sino el que tenemos que pagar sin fórmula de juicio.
  • Maria Eugenia(56068)•Hace 9 horas
    Vade retro,dicen camanduleros y manadas.
  • Marco(53341)•Hace 9 horas
    Un país que aún cree en milagros, sotanas y crucifijos gigantes: qué id10tas.
  • Duglas(91148)•Hace 9 horas
    👍
  • chuz(6926)•Hace 9 horas
    Exelente, columna que refleja los fanatismos, con el objetivo de mantener ideologias autoritarias.
  • Lola(15127)•Hace 9 horas
    Triste realidad
  • HECTOR FERNANDO(32901)•Hace 10 horas
    Estimada Cata, la experiencis nos muestra que muchas "tradiciones" se pueden cambiar y hasta eliminar, veamos el caso de la tauromaquía, las limitaciones de las mujeres en Código Civil, y muchas más, lo díficil es cuando el orate gobernante intenta revivir "tradiciones" y sus ciegos fanáticos las siguen y condenan y maltratan a los que no las practican o creen en ellas.
  • Ccdaw(0kmc6)•Hace 10 horas
    Amenaza y acosa, cree que puede acallar la realidad que está imponiendo. Se niega a comunicar lo que hace, impone silencio a sus funcionarios y amigos, también a "su" prensa, supone que nadie va a ver la corrupción desatada.
  • Jon Lindsay(ua6yh)•Hace 10 horas
    Da contento que los comentaristas que odian – ¿por odiar? – casi cualquier elemento de opinión publicada en El Espectador siguen apoyándolo con su lectura.
  • Atenas(06773)•Hace 10 horas
    Cata, no te resulta fácil desde tan lejos ver y comprender en su real dimensión el ataque terrorista y asesinatos q’ a sangre fría aquí en USA perpetró un descendiente de musulmanes q’ de esta acogedora cultura tanto se lucró hasta hacerse médico psiquiatra con excelente cargo y sueldo en un hospital…..mientras fraguaba su cobarde atentado. Ídem pasa allá en Colombia con la extrema izquierda q’ la dejaron crecer a niveles canibalescos y por lo cual hoy es preciso cortarles los colmillos. Atenas
  • Gvbnllnh. Bvc. Nm. N jn(98086)•Hace 11 horas
    Buen artículo pero rres igual de incoherente. Muy buen intento pero no incluiste todas las caras de la moneda. Estupidos ambos que piden quitar o poner. Más inteligente el que agrega. Dejen los izquierdos con sus símbolos pero y también los derechos pongan sus símbolos al lado de los demás. La libertad de expresarse lucha con más libertad de expresión.
  • DONALDO(67774)•Hace 11 horas
    No se olvide que, antes de presidente, Abelardo era influencer; y el show seguirá hasta el treinta. Va de aquí para allá persiguiendo gamines delincuentes; pero sin anunciar el compromiso serio de llevarle agua potable al pueblo más pequeño… al Chocó llevó balones.
  • pedrito(59003)•Hace 11 horas
    En USA, no hay ministro de defensa. Las piedras siempre viene, de distintos lados, cada quien tiene su caja y sus victimas, muchas de las cuales no son al azar. La izquierda extrema viene apedreando y disparando, a una victima desde hace decadas y esa es Alvaro Uribe. Parace queya sacaron otro nombre de la caja, que alivio Alvaro, no te mataron
  • Juan(cnp52)•Hace 13 horas
    Abelardo no ha leido ese cuento y no ha leido un autor diferente a Rafael Pombo. Le has dado una idea con esta columna.
  • Alfredo(85691)•Hace 13 horas
    Me pareció ver a Atenas junto al hijo de Jorge Barón.
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