Publicidad

El día en que todos perdimos y, si queremos, también ganamos algo

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Claudia Morales
20 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Fechas y datos que no olvidaremos quienes vivimos el terremoto de la semana pasada: día: lunes 10 de agosto; año: 2026; magnitud: 7,4; epicentro: San José del Palmar (Chocó); hora: 7:34 a.m.

“El recuerdo es el diario que todos cargamos con nosotros”, escribió Oscar Wilde en la comedia teatral La importancia de llamarse Ernesto (1895). La frase aparece en un diálogo entre dos mujeres que hablan de un diario que una de ellas lleva consigo y en el que guarda sus secretos. El terremoto nada tiene que ver con la trama de Wilde, pero la frase me parece hermosa y pertinente porque hoy, 10 días después de la tragedia que selló a Colombia en un profundo dolor, siento el recuerdo de ese lunes como un capítulo que ninguno de nosotros quisiera haber escrito en el diario de nuestras vidas.

En distintas medidas, todos los que estábamos en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas o Quindío perdimos algo: personas cercanas que murieron, mascotas, sitios de trabajo, viviendas, cultivos, proyectos, el sueño, la tranquilidad, el apetito… a todos se nos agudizaron los sentidos, todos cargamos una tristeza que pesa toneladas y que hace doler el cuerpo y a todos se nos sumaron muchos años al alma y al cuerpo.

Después de un impacto como el que deja un terremoto, nadie puede decirle al otro que su lucha, su sufrimiento o su pérdida son menores o exagerados. Cada cual usa sus propias herramientas culturales, emocionales, físicas, mentales y espirituales para mitigar aquello que nos hiere. Y también es cierto que las tragedias deben servirnos para poner en perspectiva la vida que cada uno ha construido y las posibilidades que nos ofrece para servir a los demás.

Durante la alocución del pasado lunes 17, el presidente Abelardo de la Espriella informó que “más de 120.328 familias han sido registradas como afectadas; hay 26.945 viviendas destruidas y más de 127.557 viviendas averiadas”. También dijo que la reconstrucción de la Colombia afectada tendrá un costo cercano a US$9.500 millones. Entre tanto, Medicina Legal confirmó el 18 de agosto que ha recibido 312 cuerpos y que hay 290 personas desaparecidas.

Esas cifras, que irán creciendo a medida que pasen los días, describen con total amplitud la magnitud del reto que tenemos como país y nos dan pautas para entender que todos podemos aportar desde donde nos sea más conveniente para ayudar a una persona, a una familia o a una comunidad grande o pequeña.

El primer llamado, entonces, es a observar nuestro entorno para detectar dónde hay necesidades apremiantes y sumarnos con abrazos, tiempo de voluntariado, ofreciendo trabajo, llevando alguna ayuda económica, haciendo actividades con títeres, lectura en voz alta, pintura, jardinería, construcción, lo que sea. Hay cientos de niños, niñas, adolescentes, adultos y ancianitos que nos necesitan y que, estoy segura, tendrán momentos más felices gracias a nuestra voluntad de ayudar.

El segundo llamado es a no olvidar. Hoy todos los focos están puestos en el desastre, pero pasadas unas semanas, las necesidades de las regiones dejarán de ser titulares, ya no habrá visitas de personajes importantes, y así, poco a poco, ese olvido perpetuará un ciclo de indiferencia al que ya estamos habituados.

Y el tercer llamado es a ejercer una veeduría aguda de los recursos destinados a la reconstrucción de los territorios destruidos por el terremoto. Se están movilizando ríos de ayuda en especie y en dinero, y es nuestro deber, como ciudadanos, velar por ello.

Colombia tiene sobre sí una larga trayectoria de tragedias. Intentemos, entre todos, que esta experiencia tenga una salida más humana, más honesta y más cercana.

@ClaMoralesM

*Periodista-Directora Feria del Libro Pereira

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.