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La protección del medio ambiente le quedó grande al gobierno

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Claudia Morales
06 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
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La semana pasada, dos noticias marcaron la agenda medioambiental: la destrucción del Parque Nacional Río Puré y el aumento de la deforestación en Colombia.

Dragas, violencia y mercurio” fue el título del reportaje en la portada de este diario el pasado 31 de julio, en el que los periodistas comprobaron, con imágenes satelitales y sobrevuelos sobre el río Puré, el avance dramático de la minería ilegal de oro en esa zona del suroriente de Colombia, en la frontera con Brasil.

Las imágenes no dejan margen de duda: el río está lleno de heridas y cicatrices como resultado de la corrupción, la violencia, la ineptitud estatal, el abandono, la ausencia de cooperación bilateral y, sin duda, de la desidia del gobierno y de la sociedad en general. “Mientras ustedes están leyendo este texto, hay al menos, 41 ‘dragones’ distribuidos en él intentando extraer oro. Son infraestructuras de más de 30 metros de longitud y tan altas como una casa de dos o tres pisos, que la Sociedad Zoológica de Frankfurt identificó en las últimas imágenes satelitales de la constelación PlanetScop que chequearon el 29 de julio”, señala el reportaje.

41 dragas operando día y noche, con un costo ultramillonario que sólo puede ser asumido por las peores mafias, en connivencia con las autoridades colombianas y brasileras, y que luego, muy pronto, recuperan con facilidad, porque el precio internacional del oro se mantiene en márgenes muy apetecidos. Lo que calculan los investigadores es que en esa zona se extraen ilegalmente unos 120 kilogramos de oro al mes. Basta con cruzar esa cifra con el valor del oro por kilo para entender por qué el negocio compite con el tráfico de cocaína y de armas, entre otros.

Según el reportaje, “se han documentado 506 hectáreas deforestadas por la actividad minera ilegal en el Parque Natural Nacional Río Puré entre junio de 2024 y mayo de 2026. Eso quiere decir que es más de cuatro veces el tamaño del Parque Simón Bolívar de Bogotá”.

El mismo 31 de julio, con el titular “La deforestación en Colombia creció frente a 2024: en 2025 el país perdió 119.000 hectáreas”, el país conoció el fracaso de la política ambiental sobre la que tantas promesas hizo el “gobierno del cambio”. El Ideam informó que “el año pasado se perdieron 119.483 hectáreas de bosque en el país, lo que representa un aumento de 5,2 % frente a 2024, cuando se reportaron 113.608 hectáreas”. La entidad intentó matizar el resultado asegurando que la cifra no es tan mala porque “aunque hubo un aumento respecto de 2024, el comportamiento de los últimos cinco años sigue mostrando una tendencia de reducción”.

Las principales causas de la deforestación son “el acaparamiento de tierras, que implica la tala de bosque para apropiarse del terreno; la ganadería extensiva; y la construcción de vías sin planificación”, es decir, como en el Parque Nacional Río Puré, todo ocurre, y cabe repetir como en el coro de una canción, por la corrupción, la violencia, la ineptitud estatal, el abandono, la ausencia de cooperación bilateral y, sin duda, por la desidia del gobierno y de la sociedad en general.

Estas dos noticias son gravísimas porque exponen el deterioro de un río y la pérdida de bosques y, a la par, nos muestran una afectación silenciosa de la biodiversidad (mamíferos, anfibios y peces que se enferman y mueren por la contaminación de las aguas y la pérdida de los ecosistemas) y un riesgo de etnocidio, pues el área del río Puré fue declarada Parque Nacional Natural en 2002 por ser el hogar de los Yuri y Passé, pueblos indígenas no contactados que decidieron aislarse voluntariamente.

Es inevitable preguntarse: ¿cuánto importa el medio ambiente en Colombia? ¿Cuánto le importará al gobierno entrante?

* Periodista y directora Feria del Libro Pereira.

@ClaMoralesM

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