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Finanzas Abiertas y la deuda del sistema financiero con las mujeres | Opinión

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Columnista invitada: Karol Benavides, Directora Regional de Alianzas y Estrategia para Latinoamérica en Fiskil*
27 de mayo de 2026 - 06:56 p. m.
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El sistema financiero colombiano lleva décadas midiendo la confiabilidad de sus usuarios con las mismas variables. Ese modelo fue construido sobre una trayectoria económica que históricamente ha tenido sesgos frente a distintos tipos de poblaciones, generando brechas estructurales de género que han limitado el acceso a productos y servicios financieros. Millones de mujeres quedan fuera no porque representen mayor riesgo, sino porque el sistema no sabe cómo leerlas o las evalúa con parámetros que se alejan de sus realidades.

De acuerdo con el Informe de Inclusión Financiera de Banca de Oportunidades y la Superintendencia Financiera de Colombia, las mujeres usan más activamente sus productos financieros que los hombres en casi todos los segmentos donde logran acceder a ellos. En depósitos de bajo monto entre los 41 y 65 años, su tasa de uso activo supera la masculina en más de cinco puntos porcentuales. En crédito de consumo, son el único segmento que creció en 2024, pues más del 6,3% en monto desembolsado y del 16,1% en número de operaciones, mientras el crédito masculino caía o se estancaba. Y aun así, el sistema les presta menos, en peores condiciones y con menor frecuencia.

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Esta brecha no nace de un comportamiento de riesgo elevado ni de una relación problemática con los productos formales. Nace de que el sistema financiero construyó sus criterios de evaluación sobre variables que no representan la realidad de la mayoría de las mujeres colombianas: empleo formal estable, historial crediticio continuo, ingresos documentados y patrimonio acumulado.

Cuando esas variables faltan, ya sea porque la mujer trabaja en la informalidad, tiene ingresos variables, nunca accedió al sistema o vive en una zona rural dispersa donde apenas el 16% de las jóvenes entre 18 y 25 años usa productos de depósito, el modelo la excluye por su invisibilidad ante los datos.

Ahí es donde Finanzas Abiertas, que es el término que el marco regulatorio colombiano usa para referirse al Open Finance, cambian las reglas de juego, siendo una expansión de cómo se evalúa financieramente. El modelo permite que los datos financieros de una persona, con su consentimiento, circulen entre entidades vigiladas y terceros autorizados para construir productos más ajustados a su realidad. Eso significa que una entidad podrá acceder a datos de billeteras digitales, transacciones en plataformas de comercio electrónico, facturación electrónica o flujos de pago entre particulares.

Si una entidad puede acceder, con el consentimiento de los usuarios, a datos de billeteras digitales, transacciones en plataformas de comercio electrónico, facturación electrónica o flujos de pago entre particulares, empieza a construir una imagen de capacidad financiera que el modelo tradicional nunca pudo ver.

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Una mujer que administra el gasto del hogar con disciplina, que recibe pagos recurrentes por trabajo informal o que mantiene un pequeño negocio con flujo de caja positivo no deja rastro en el sistema convencional. En un ecosistema de datos abiertos, esa misma mujer tiene un perfil financiero legible y evaluable.

Esto también abre oportunidades concretas en microcrédito. Las mujeres ya superan a los hombres en número de desembolsos, 46 por cada mil adultas frente a 41 en hombres, precisamente en el segmento donde los criterios de evaluación son más flexibles y los datos

alternativos tienen mayor peso. Ese mismo principio debería escalar hacia productos de mayor capacidad como el crédito de consumo, vivienda, capital de trabajo, etc. El crecimiento reciente del crédito femenino muestra que cuando los criterios se flexibilizan y los datos disponibles se amplían, las mujeres califican y pagan.

Las finanzas abiertas no resuelven por sí solas la conectividad ni la inclusión financiera, pero sí amplían el universo de información disponible para evaluar a quienes están en condiciones que el modelo convencional sistemáticamente pasaba por alto.

Colombia ya tiene la regulación en marcha. Lo que falta es que las entidades entiendan que la inclusión financiera femenina no es una agenda social paralela a su negocio, y que las mujeres reconozcan que los datos que ya producen cotidianamente tienen un valor financiero que el sistema apenas está aprendiendo a leer.

La siguiente fase requiere que el sistema financiero construya la capacidad técnica y regulatoria para usar esa información como estándar de evaluación, y que lo acompañe de un mensaje claro de confianza, ya que una mujer que autoriza compartir sus datos financieros no solo está cediendo información, sino que está construyendo un expediente que el sistema convencional nunca le permitió tener. Esa posibilidad de volverse visible, y las oportunidades que se abren con ello, es precisamente lo que las finanzas abiertas ponen sobre la mesa.

*Fiskil es una compañía que provee una plataforma de infraestructura de Open Finance y Open Data, que permite a bancos, fintechs, aseguradoras y otros participantes del ecosistema conectarse y compartir datos financieros.

Por Karol Benavides, Directora Regional de Alianzas y Estrategia para Latinoamérica en Fiskil*

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