15 Mar 2018 - 5:07 p. m.

Fajardo y la educación sentimental

Por: Simón Ganitsky

El lema de la campaña de Fajardo y de los fajardistas, según el cual Petro representa “la venganza” —en la “polarización” que aqueja a Colombia entre “el miedo y la venganza” de “Duque-Petro”—, mientras que Fajardo representa “la esperanza”, es una artimaña política baja, ensordecedora y manipuladora, para cuya maquinación les bastó con meter la mano en la bolsa de las “emociones negativas” y sacar dos bien feas y bien reprensibles, y le asignaron una a Duque y la otra a Petro, y luego fueron y metieron la mano en la bolsa de las “emociones positivas” para sacar una que les sonara bonito, y esa fue para Fajardo, y entretanto intentan engañar a los colombianos diciéndoles que, entre los sórdidos extremos del miedo y la venganza, resplandece el justo medio de la esperanza.

El engaño, pues, es múltiple: primero, porque hacen creer que el miedo y la venganza son, en sí mismos, dos extremos, y que, en sí mismos, por ser extremos y por sonar feo, están mal; segundo, por hacer creer que el miedo y la venganza conducen a lo mismo (¿al apocalipsis?) y, en últimas, son lo mismo, que no lo son; y tercero, por hacer creer que la esperanza excluye tanto el miedo como la venganza, y que sería esencialmente opuesta a esas otras emociones perversas. Esta visión infantilizante y superficial de las emociones y de las motivaciones parece ser el fundamento de la campaña de Fajardo.

Además de operar por medio del engaño y de la manipulación, el discurso de Fajardo también prescribe que está mal sentir miedo y obrar a causa del miedo, así como que está mal querer venganza y actuar en busca de la venganza. Está bien, en cambio, sentir esperanza —incluso cuando nada la fundamente— y actuar según la esperanza. Lo grave de todo esto es que Fajardo les dice a los votantes qué sentir, qué está bien sentir y qué está mal sentir a la hora de constituirse en sujetos políticos. El carácter represivo y controlador de esta regulación de las emociones es evidente y es característica también, vale notarse, del proyecto político de Mockus, cuya cultura ciudadana, fundamentada en la moralización de los sentimientos y de las actitudes, fue un experimento autoritario.

El panorama se agrava si se tienen en cuenta las otras emociones que, según la campaña de Fajardo, Petro representa. Pues no contentos con el engaño de la dicotomía miedo-venganza, volvieron a meter la mano en la bolsa de las emociones inmorales y encontraron “rabia”, “revancha”, “resentimiento”, y se las asignaron todas a Petro, que les parece hasta peor que Duque. Entonces nos dicen: la rabia es mala, la revancha es mala, el resentimiento es malo, y votar por Petro, que está movido por la rabia, la revancha y el resentimiento, es actuar según estas emociones y según estos motivos perversos. Caen en el absurdo, por lo tanto, de afirmar que no está bien sentir rabia, como si pudiera estar bien o mal sentir algo, y mucho peor es tomar decisiones impulsadas por la rabia. Parecen ignorar que muchos de los grandes cambios de la historia han sido producto de la rabia, del resentimiento, de la búsqueda de la venganza. Parecen sugerir que la rabia ante la injusticia, ante la desigualdad y ante la corrupción debe evitarse, y que el deseo consecuente de cambio no es apropiado. Sentían rabia los comerciantes atenienses que impulsaron la democracia en el siglo VI a.C., sentían rabia los revolucionarios franceses en el siglo XVIII, sentían rabia las mujeres que lucharon por la igualdad ante la ley durante casi todo el siglo XX, sentían rabia los negros que impulsaron el movimiento de los derechos civiles, sentían rabia los criollos que dieron el grito de independencia en 1810. ¿Será que lo que busca Fajardo es anular toda posibilidad de cambio?

Pero el punto clave de la educación sentimental de la campaña de Fajardo es, sin duda, el de la venganza, pues revela lo que Petro realmente representa para quienes, como Fajardo, se oponen al cambio. Como bien ha señalado Carolina Sanín, si lo que Petro busca es la venganza, entonces los rasgos de la realidad nacional que propone cambiar son crímenes no reparados. Cuando acusan a Petro de representar la venganza, se refieren a las reivindicaciones sociales que Petro propone. O sea, lo que quieren decir es que Petro representa la venganza de las clases oprimidas contra las clases opresoras. Tienen razón, entonces, en que las clases opresoras son culpables de un crimen. Se equivocan en lo siguiente: ante tal crimen, Petro no propone la venganza sino la justicia.

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