9 Jul 2018 - 11:35 p. m.

Los indeseables de Europa

Por: Helena Urán Bidegain, Berlín

La agitación, el miedo y el rechazo son emociones que la extrema derecha ha provocado, exacerbando y aprovechado para sacar adelante su política del odio y legitimar sus acciones. 

De esto saben mucho los miembros del llamado eje Munich, Viena, Roma. Los ministros de Interior de Alemania e Italia, Horst Seehofer y Matteo Salvini, respectivamente, y el canciller austriaco, Sebastian Kurzforman, según ellos mismos el "eje de los dispuestos".  

Los más dispuestos de todos a construir, cambiar, re-ubicar, asegurar, cerrar fronteras en Europa. Los más dispuestos a acabar con los valores de solidaridad y respeto por la vida digna.  Los más dispuestos, como bien lo dijo Caroline Emcke en su columna del domingo del Süddeutsche Zeitung , dejar a “los refugiados sin refugio”.

Hace unas semanas ya, el italiano Salvini mostró su talante impidiendo la entrada a puerto del barco Aquariusde la Organización Médicos sin Fronteras. La embarcación venía con mujeres embarazadas y 136 niños entre las 630 personas que iban a bordo.

No teniendo suficiente con esto, Salvini anunció realizar un censo para detectar a los miembros de las comunidades Roma y Sinti para controlarlos y sacar de inmediato a los que no están registrados como italianos. De resto dijo "tendremos que aguantarlos". No sobra decir que este tipo de registros recuerdan a los que en su época los alemanes nazis hicieron con estas mismas comunidades y la de judíos.

El pasado junio ha sido, según OIM, de los más brutales de los últimos cinco años con 629 personas ahogadas en el Mediterráneo, lo que tiene directamente que ver con el bloqueo y criminalización de parte de la UE a los barcos salvavidas de organizaciones privadas. 

Ayudar y ser humanos socorriendo a otros humanos frente a la muerte es, según la UE, un crimen;  obstaculizar el paso de una ambulancia o un camión de bomberos dentro de la UE se penaliza. En Malta el capitán alemán del barco de la organización "Misionlife" acaba de responder ante un tribunal, por evitar que 230 personas murieran ahogadas. Incluyendo a un bebé de dos años que viajaba solo y a varias personas previamente torturadas en Libia. La acusación hipócrita es, según las autoridades, por un problema en el registro del barco. Lo curioso es que el caso se repite con barcos de otras organizaciones que han sido inmovilizados y confiscados.  En la Alemania nazi también tenía que rendir cuentas quien diera algún tipo de apoyo a los judíos.

A pesar de que el caso europeo se trata únicamente del 0,07% del total de migrantes a nivel mundial, y de ser en realidad los países pobres cercanos a los lugares de origen de los emigrantes los que más ayuda han ofrecido, los políticos y medios europeos insisten en hablar de crisis migratoria, cuando en realidad de lo que se trata es de una crisis política.

Se utiliza la situación con los migrantes para obtener rédito político. Alemania, por ejemplo, vive actualmente dentro de las filas conservadoras de la democracia cristiana, a la que pertenece Seehofer y Angela Merkel, una disputa que tiene al gobierno desde hace semanas en crisis por las diferencias en cuanto a la política de migración. Y es que aún en contra de la convención de derechos humanos y europeos, el ministro Seehofer pretende rechazar a los refugiados que hayan llegado a Alemania pero que previamente hayan tocado suelo de otro país europeo.

El desprecio de parte de algunos miembros del partido conservador democratacristiano es tal, que en total sintonía con los populistas de derecha (AfD) se inventan términos como "turismo de asilo".  De manera irresponsable, burlona y humillante se refieren a personas que, huyendo de la guerra, el hambre, la violencia sexual, la tortura y persecución, dejan sus hogares para emprender un camino pasando por diferentes países en busca de refugio. 

Como si de turismo se tratara, como si esta tragedia se tratara de un sueño esperado, como si huir no fuera un instinto de supervivencia, como si no fuera lo que haríamos cualquiera de nosotros en una situación igual.

El tercero de los del eje Munich, Roma, Viena, el canciller austriaco, Sebastian Kurz, busca fortalecer aún más esta política de odio y lidera actualmente el frente duro antiinmigración de la UE. En un viaje a Budapest para reunirse con el grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa) busca consolidar más el grupo de los países partidarios de cerrar fronteras.

Hungría, con su primer ministro ultranacionalista, Victor Orban, y un Parlamento con mayoría ultraconservadora, ha aprobado una ley que criminaliza con penas de cárcel a quien ayude a inmigrantes  y refugiados incluso por el simple hecho de darles asesoría sobre cómo aplicar al asilo.

Esto, más que política, parece un concurso de testosterona a ver quién es el más duro e insensible. A ver cuál  es el que más se parece a Trump que no tiene suficiente con su absurda idea de un muro, sino que también separa bebés y niños de sus padres para meterlos en jaulas, como si de criminales se tratara.

No cabe duda  que se trata más del placer que les genera el poder que otra cosa.

¿Cómo puede entenderse y defenderse esta crueldad como actos para proteger a su propio pueblo, al que más bien se lo está  formando en valores violentos y de odio?

Seamos sinceros, ¿hay que tenerle miedo a los inmigrantes en situaciones absolutamente vulnerables, o a quienes propagan racismo, misoginia y xenofobia?

 

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