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La palabra corrupción viene del latín corrumpere: romper por completo, descomponer, echar a perder. El uso cotidiano del término se ha reducido a los actos que menoscaban el erario o a prácticas que buscan ventajas materiales o económicas, por parte de un funcionario público o de un privado.
Entre 2016 y 2020, Transparencia por Colombia documentó 967 hechos de corrupción que comprometieron más de 92 billones de pesos. Pero el fenómeno trasciende el erario: Transparencia Internacional define la corrupción como el abuso del poder encomendado para beneficio privado, que no siempre es dinero. Poder, lealtad, silencio, obediencia e incluso amor pueden estar detrás de actos que corroen la legitimidad y la dignidad institucional, base de la salud de la cosa pública.
En la última semana, el presidente Abelardo de la Espriella lanzó su ofensiva contra la corrupción. Designó a Cristina Lombana, magistrada de la Corte Suprema y antes juez de Instrucción Penal Militar, como secretaria de Transparencia y le encargó estructurar un Bloque de Búsqueda contra la Corrupción. También anunció auditorías y reveló la existencia de agentes encubiertos en la administración pública, sin explicar quién los dirige ni bajo qué figura legal actúan.
Aunque el presidente aseguró que no pretende reemplazar a los jueces, preocupa la existencia de estos espías sin que se conozca quién responde por sus actuaciones. A esto se suma la insultada pública del presidente al malfamado Yahir Acuña, alcalde de Sincelejo, por sus conocidos antecedentes. Acuña tiene procesos abiertos, pero en un Estado de derecho, como aún lo es Colombia, son los jueces quienes procesan a los ciudadanos y no el jefe de Estado desde su tarima presidencial.
El director nacional de Bomberos fue llamado corrupto en público y salió del cargo por un caso que la Fiscalía aún investiga. Asimismo, el Gobierno insiste en apartar al rector de la Universidad de Córdoba, pese a un fallo del Consejo de Estado que declaró legal su elección. Nadie sensato puede oponerse a perseguir a los corruptos; sin embargo, en los tres casos, la lucha contra la corrupción se brinca el debido proceso, la presunción de inocencia y las decisiones judiciales. Pasa por alto el señor presidente que, con esos métodos “enciendeaplausos”, corroe aquello que dice proteger y que combatir a los corruptos no autoriza a burlar la institucionalidad.
La herramienta anticorrupción sin contrapesos termina pareciéndose a aquello que pretende combatir. A esta anticorrupción corroída se suma otra, más silenciosa: el poder gubernamental afectando la autonomía gremial o influyendo sobre los medios. Nadie se robó un peso, pero el abuso del poder y la docilidad de quienes deberían servirle de contrapeso descomponen la independencia de las instituciones.
Luchar contra la corrupción implica que no haya autocensura por miedo; que los periodistas pregunten con libertad; que los gremios disientan sin perder interlocución; que los ciudadanos no sean señalados por sus gobernantes sin debido proceso y que el modo de gobernar respete los valores de la República y la democracia liberal.
Lo contrario es solo ruido en tarima y lo que el latín ya nombraba hace siglos: corrumpere, echar a perder desde adentro.
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Pipo Solarte(exbqo)•Hace 12 minutosADLE quiere hacer lavado cerebral utilizando las redes, bots y medios amigos para lanzar nueva inquisición en la que él decide quienes son "narcoterroristas y corruptos" para lincharlos públicamente antes de condenarlos en organismos de control y autoridades cooptadas al estilo Trump. El antes abogado defensor desconoce derechos de acusados y actúa como un dictadorzuelo prepotente. Un peligro para la democracia este sucesor de Laureano Gómez.
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Oscar(67726)•Hace 31 minutosAl dictadorzuelo muy pronto se le olvidó reconocer las garantías que como jefe de una "oficina de abogados" reclamaba para sus "clientes", presunción de inocencia y debido proceso, esperemos hasta cuándo dura el "encantamiento" de la audiencia con el Reality de Abelardo
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Atenas(06773)•Hace 1 horaEy, Crís, idealismo y romanticonas ideas parecidas a las q’ surgen en una relación q’ semeja a perro y gato en permanente confrontación, en la q’ ya no hay nada y es mejor “abrirse del parche” como dice la muchachada.Ídem pasa con la inmarcesible corrupción, engendro q’ es preciso y urgente acabar pues carcome cualquier proceso de recuperación, como en el ejem q’ pones incluyendo el amor y q’ yo ídem puse, ya q’ si no hay decisión tajante y dolorosa se crece tan aberrante cosa.Atenas
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La llave que aprieta(29311)•Hace 29 minutosAtenas, como se que leiste la columna de ayer de doña Cecilia, eso no te merece ningún comentario con argumentos sólidos del trasfondo ético que emana ese nombramiento, sino la sarta de bobadas con las que siempre atacas a los que sacuden a tus ídolos corruptos. Si, hay que luchar sin cuartel contra la corrupción, pero no así, nombrando a la "calladita" dizque para que dirija un bloque de búsqueda anticorrupción, nombró al ratón para que cuide el queso. ¡Que comience la fiesta !
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Antoine(88872)•Hace 1 horaY De La Espriella debiera empezar por su firma de abogados: la de Bogotá aliada con el narco que tenía un restaurante en el primer piso del edificio donde funcionaba su bufete, la estafa al maleante Murcia Guzmán que con sus honorarios se compró un apartamento den Bogotá, amigo del peligroso narco Boliche que robó a quien se le dio la gana y fue protegido por De La Espriella… Esto y mucho más no se considera corrupción… ah y el exalcalde de Bucaramanga Beltrán ahora MinVivienda!!!
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Atenas(06773)•Hace 1 horaEy, Antoño, ¡ya voy, Toño!, calma, mucha calma, es preciso q’ adoptes, pues se te nota q’ se te sube la “bilirrubina” y corres el riesgo de q’ se te suba la presión, y todo por vulgar obsesión, ¡pilas ahí! Atenas
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