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Lindas casas de estilo inglés y republicano, viejos árboles, colegios y universidades, teatros, cafés, panaderías y restaurantes. Es la localidad de Teusaquillo, que reúne algunas de las caras más amables de Bogotá. En La Soledad, uno de sus barrios más tradicionales, el Parkway sigue siendo, después de décadas, una larga alameda con un parque lineal en el centro y una intensa vida gastronómica y cultural alrededor.
El lunar es la suciedad que acompaña la caminata, como sucede en toda Bogotá. La ciudad hiede porque los andenes parecen no haber visto una escoba desde que se construyeron. Chicles, colillas, palillos y una costra gris de polvo se reparten entre losas rotas que despiden oleadas de pipí y popó de perro, en el mejor de los casos. Hasta hace algo más de treinta años, las "escobitas" de la Edis barrían a diario calles y andenes con escobas enormes que arrastraban hojas, polvo y basura. Hoy los barrenderos y las rutas de barrido son, lamentablemente, invisibles.
En 2025, Bogotá retiró más de 320.000 toneladas de residuos de puntos críticos y arrojos clandestinos, luego no es un problema de recolección. La ciudad recoge más que nunca y se ensucia como nunca, porque recoger no es limpiar. En el recibo del aseo pagamos el barrido de vías y áreas públicas. El plan de aseo de Bogotá fija frecuencias según la vía. ¿Alguien sabe cuántas veces deberían barrer su calle? En febrero pasado el Distrito prorrogó por dos años los contratos con los operadores. Es el momento de exigir lo que pagamos, lo que no exime a los vecinos de cuidar el frente.
La Tabula Heracleensis, una ley municipal romana de hace más de dos mil años, obligaba a cada propietario a cuidar el tramo de calle frente a su casa; de no cumplirse, el edil publicaba su nombre, contrataba el arreglo y le pasaba la cuenta. Hoy Nueva York obliga al propietario a limpiar su andén y parte de la calzada, y lo multa si no lo hace. En Colombia, el Código Nacional de Policía y Convivencia prohíbe arrojar basura en el espacio público y considera contrario a su cuidado descuidar el aseo y mantenimiento de fachadas y antejardines, pero no establece expresamente que cada propietario deba barrer el andén frente a su predio.
La escuela básica es clave en sembrar el hábito. En Japón, casi todas las escuelas destinan un tiempo a la limpieza escolar. ¿Y si una mañana al mes los colegios, públicos y privados, salieran con sus estudiantes a barrer? El niño que barra la cuadra quizá lo piense dos veces antes de tirar un paquete de papas y les reclame a sus padres si los ve hacerlo. Una calle limpia invita a caminar, a conversar y a quedarse; forma sana comunidad, estimula la recreación y el deporte y por tanto fomenta el comercio.
Bogotá es una ciudad de llegada; pocos la sienten propia. Pedirle a un ciudadano afecto por Bogotá, así, en abstracto, es casi imposible; el apego por la cuadra y por el propio frente, en cambio, sí se puede cultivar. Galán tiene dos tareas: exigir a los operadores el barrido que pagamos y hacer cumplir lo que el Código ya exige para fachadas y antejardines, y promover que esa obligación llegue hasta el andén, primero con pedagogía y luego con sanción. Los escobitas de la Edis no volverán, pero los buenos vecinos sí podemos convertirnos en el escobita de nuestro propio frente.