24 Aug 2019 - 5:00 a. m.

Indagatoria y mutación moral en la política

El trastrocamiento de los valores por los voceros de la “violencia buena”.

De los cuatro grandes males de la Colombia contemporánea —narcotráfico, guerrillas, paramilitarismo y corrupción—, solo uno ha logrado legalizar su impunidad. El narcotraficante paga cárcel. El paramilitar pagó cárcel. El corrupto paga cárcel. El guerrillero legisla.

Este proceso de impunidad no se dio de repente ni en un vacío social y cultural: tiene sus raíces en la justificación ideológica y moral de la violencia pretendidamente revolucionaria, núcleo de la tradición intelectual que formó a varias generaciones de educadores, jueces, políticos y líderes de opinión en general.

Ni se detuvo en obtener el perdón judicial para todos los crímenes cometidos por los violentos de izquierda, incluidos el narcotráfico y la violación sexual. También consiguió nombrar la mitad de un tribunal para juzgar a quienes los combatieron y crear un aparato para reescribir la historia de acuerdo con sus premisas ideológicas y morales.

Pasamos del repudio social por la intervención de tres cabezas de las Auc en 2004 ante unos 60 parlamentarios en el Congreso a la aceptación de una bancada de 10 congresistas de la FARC en 2018, sin ningún apoyo electoral.

Los hechos del Estado muestran el triunfo de la noción de una “violencia buena”, la guerrillera, y la condena de una “violencia mala”, la paramilitar.

Y los de la democracia que los voceros políticos de la “violencia buena”, lejos de querer “pasar la página”, buscan condenar, con parcialidad de la justicia, a quienes consideran voceros de la “violencia mala”.

Ha sucedido una mutación moral en la política y en una porción considerable de la esfera pública. Ya no tenemos el mismo deber ser, la misma naturaleza de los valores a los que nos adscribimos y tal vez tampoco la misma escala.

Esto explica que muchos tomen sin perplejidad moral que un político de vínculo filial con la violencia guerrillera vaya por las cárceles buscando comprar testigos para asociar a otro político con la violencia paramilitar, y luego consiga que una corte lo favorezca y ponga en el banquillo a quien toda su vida ha estado bajo las reglas del Estado de derecho y la democracia.

Para que lo moral ya no tenga un contenido unívoco en política se ha recurrido a un círculo de odio, distorsión y falsedad porque sin envenenar la mente y el espíritu las personas no cambian el ser “inmanente” de los valores.

Una mutación moral inducida se necesita para que unos jóvenes sin memoria histórica admiren a asesinos comprobados, condenados, y griten “asesino” a quien solo lo es por una leyenda macabra deliberada, tejida sin ningún sustento en décadas de vida pública.

O para que activistas de distintas edades le griten lo mismo al presidente Iván Duque, que no tiene leyenda a cuestas.

Por política, una parte del establecimiento le hace el juego a este grave fenómeno de trastrocamiento o mutación de valores, odio político y difamación. Creen que así ayudan a librarse de Uribe, cuando en realidad están avalando un expediente que socava el acuerdo moral constitutivo de la sociedad.

Si asesino no es quien mata sino quien recibe el insulto de asesino, tendríamos otro orden moral.

@DanielMeraV

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.