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Es más fácil hablar y agitar con la ley estatutaria que resolver problemas reales.
Una obligación de gobernar es hacer lo que toca, aquello que la realidad impone, pues dejar de hacerlo no tiene justificación. Para los que piensan que “la realidad” es sobre todo una “construcción discursiva”, aquí un ejemplo de realidad que existe independientemente de lo que pensemos: hubo una pandemia que interrumpió o afectó severamente la educación para millones de niños y adolescentes por más de un año escolar, lo que causó serios vacíos de aprendizaje.
El imperativo ético al menos era o es enfrentar esa realidad, esa nueva capa de crisis educativa. Si bien la administración Duque pudo hacer bastante más al respecto, el gobierno pospandemia es este y el momento para ocuparse de los efectos de la pandemia en la educación es este periodo. Pronto será muy tarde.
Pero la administración Petro, por omisión discursiva y por acción de gobierno, ha tomado la decisión de ignorar el problema educativo que dejó el Covid-19. Ni en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 ni en el Acuerdo colectivo con Fecode 2023-2024 entró el tema. Sin embargo, la primera medida de compromiso consistía en medir el impacto de la virtualidad forzada en el aprendizaje.
En septiembre, 177.633 estudiantes de 1.339 sedes educativas han debido presentar las Pruebas Saber 3°, 5°, 7° y 9°, es decir, una aplicación muestral, cuando lo que necesitamos es una evaluación censal. Ciertamente, el gobierno Duque debió dejar organizada la aplicación censal, pero el gobierno Petro puede remediarlo y no parece interesado en hacerlo.
Por si alguien cree que son ganas de fastidiar a esta administración, aquí está mi columna de 10/oct/2021: “Próximo gobierno y Pruebas Saber 3, 5, 7 y 9″, de una saga en el mismo sentido: : “Declarar el año escolar como de transición, evaluación, nivelación y experimentación” (abril 12, 2020), “De nuevo: urge declarar el año escolar como de transición, sin aprobado general” (mayo 10, 2020), “Año escolar: evaluar en 2020 para nivelar en 2021″ (agosto 30, 2020) y “La urgencia de evaluar para nivelar a los estudiantes en 2021″ (enero 17, 2021).
Pero en lugar de repasar esa insistencia, los más apasionados pueden leer esta nota de sept/2022, “Tres estrategias para combatir la pérdida de aprendizaje que dejó la pandemia”, de Emma Näslund-Hadley y Elena Arias Ortiz, dos expertas del BID. La segunda estrategia es “Terminar el aprendizaje inacabado y proporcionar una vía para el éxito del aprendizaje”.
Ellas recomiendan, claro, “diagnosticar los contenidos perdidos y cuantificar las pérdidas de aprendizaje en las asignaturas troncales utilizando tanto evaluaciones formativas continuas, como evaluaciones acumulativas en los años de transición entre grados”, pero de eso no hablamos con Fecode porque tenemos mal puestas las prioridades.
Lo de hacer evaluaciones censales no es una petición para complicar al MEN; ya lo hemos hecho. En 2018, el MEN sacaba pecho: “Por primera vez, el país entrega resultados ‘niño a niño’ de pruebas Saber 3º, 5º y 9º”. Decía el ministerio: “antes, estos resultados solo se conocían por institución educativa. Ahora, con estos reportes individuales, los colegios y los padres de familia podrán identificar las fortalezas y debilidades en las competencias de los estudiantes y elaborar planes de acción que permitan mejorar su desempeño”.
Pues bien: hoy no tenemos dichos reportes ni por institución educativa ni por municipio. No fuimos capaces de sostener la buena política de pruebas censales y fue el propio gobierno Santos el que la minó por razones presupuestales y de incapacidad sectorial de planear a cuatro años para ajustar la comparabilidad entre pruebas.
En cambio, sí tenemos una serie de audiencias para hablar de lo maravillosa que luce la jurisprudencia de la Corte Constitucional en un proyecto de ley estatutaria, mientras no podemos hacer planes de cierre de brechas de aprendizaje por niño, institución y municipio. Y claro, tampoco evaluar a los docentes por mejoras en aprendizaje a nivel de institución.
Por lo que más quieran, “todavía podemos evitar que se pierda una generación de estudiantes, pero es urgente actuar con decisión. Hay que prestar un apoyo intensivo para recuperar la educación perdida y reconstruir la salud física y mental, el desarrollo social y la nutrición de los niños. La cuestión es qué estrategias aplicar”, en palabras de Emma Näslund-Hadley y Elena Arias Ortiz.
