23 May 2022 - 5:00 a. m.

¿Y la nivelación escolar? Bien, gracias.

Seguimos sin evaluar de modo censal para nivelar y sin política nacional de remediación de aprendizajes perdidos por la pandemia.

La cohorte de bachilleres de 2021 fue la más perjudicada por la pandemia: la mayor parte del tiempo cursó la educación media (grados 10 y 11) bajo virtualidad forzada y no tuvo oportunidad de remediar vacíos de aprendizaje. Más de 550.000 jóvenes.

El Icfes informó que el promedio del puntaje global en Saber 11 (para Calendario A) tuvo una disminución considerada “moderada en términos estadísticos” (252 a 250), que es nuestra manera de evitar mostrar las desigualdades educativas que esconden los promedios.

Por ejemplo, como mostré en otra columna, el puntaje global promedio en Saber 11 de Buenaventura en 2021 cayó seis puntos porcentuales (de 225 a 219), con quince instituciones educativas oficiales por debajo de 200 e incluso una con 158.

Si el promedio global del colegio es 158 (sobre 500), imaginen el nivel de conocimientos y de competencias de los bachilleres por debajo del promedio. Dijo el Icfes que en 2021 hubo una diferencia de 34 puntos en el puntaje global entre los estudiantes con internet en su casa (84%) y aquellos que no, y sabemos que ese 84% no es cierto.

La cohorte de 2022 va camino de graduarse sin nivelación porque el país y el gobierno no le dieron prioridad a la necesidad de reparar el desastre educativo que causó la pandemia. Aceptemos, en aras de la discusión, que el año pasado la aplicación de Saber 3, 5, 7 y 9 solamente se podía hacer muestral, pero ¿este año?

Este año también las hicimos muestral (en abril), sin posibilidad de resultados por municipio y por institución educativa. No es claro, además, que los informes vayan a ser representativos por departamento. ¿Por qué no las hacemos de modo censal, a todos los estudiantes?

Como anoté en “Próximo gobierno y Pruebas Saber 3, 5, 7 y 9″ (10 de octubre de 2021), “la ventaja de la prueba censal es que permitiría un seguimiento longitudinal niño a niño. Este es un paso que Colombia debería dar para tomar en serio la educación”.

Si “el presupuesto más alto de la educación en la historia” de cada año no alcanza para medir el progreso de aprendizaje de todos los estudiantes en grados 3, 5, 7 y 9, que son bastante menos de la mitad de todos los matriculados, tenemos un problema de asignación del presupuesto. Y así es.

Pero el problema más grande es de falta de conciencia nacional sobre la crisis educativa que vivimos y, por ende, de falta de sentido de urgencia para enfrentarla.

Se les preguntó a 152 de los mejores estudiantes de grado noveno de una ciudad capital este año: “tratando de ser objetivo y sincero, ¿qué tanto cree que la virtualidad forzada por la pandemia afectó su aprendizaje y le creó vacíos en los contenidos de 2020 y 2021?, siendo 10 equivalente “me afectó demasiado”, y el 81% marcó impactos entre 5 y 10.

Los estudiantes, al menos los interesados en aprender, pueden señalar en cuáles materias creen que están esos vacíos de aprendizaje, pero por falta de una política nacional de nivelación escolar los docentes arrancaron de una vez con el programa curricular del respectivo grado, sin mirar hacia los dos grados precedentes. Esta es la realidad cotidiana de las instituciones educativas, que parece escapar a la comprensión de las autoridades.

Hay investigaciones internacionales que muestran que las pérdidas de aprendizajes fueron mayores en los primeros grados y que las consecuencias serán de largo plazo si no se interviene de modo cuidadoso.

De los “tres escenarios posibles”, Colombia parece muy cómoda en el primero: “1) sin estrategias de mitigación (es decir, sin tomar decisiones que busquen compensar los aprendizajes perdidos); 2) con estrategias de “remediación” a corto plazo (se adapta la currícula en el regreso de los estudiantes, pero se retoma el ritmo “normal” a partir del año siguiente); 3) con estrategias de “reorientación” a largo plazo (se adapta la currícula para que a lo largo de toda la trayectoria del estudiante los contenidos estén alineados con sus posibilidades reales de aprendizaje)” (Research on Improving Systems of Education, RISE).

Si alguien quiere ver la lora que he dado al respecto, aquí está: “Declarar el año escolar como de transición, evaluación, nivelación y experimentación” (abril 12 de 2020), “De nuevo: urge declarar el año escolar como de transición, sin aprobado general” (mayo 10 de 2020), “Año escolar: evaluar en 2020 para nivelar en 2021″ (agosto 30 de 2020) y “La urgencia de evaluar para nivelar a los estudiantes en 2021″ (enero 17 de 2021).

@DanielMeraV

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