28 Apr 2020 - 5:00 a. m.

Duque asume el riesgo

La semana pasada vi a varias personas perder el trabajo. Mientras se despedían, con resignación, me golpeó la idea de que podrán pasar años hasta que vuelvan a encontrar un puesto. Qué tanto tiempo depende de las decisiones que se tomen ahora frente a cómo y cuándo ir abriendo la cuarentena.

Entre el 2018 y el 2019 en Colombia se destruyeron 144.000 empleos. Parece un tiempo lejano. En el mundo antes del coronavirus, con la economía creciendo por encima del 3 %, en el país ya había cada vez menos puestos de trabajo. Era tema de un álgido debate. ¿Cómo es posible que el PIB creciera, pero la cantidad de empleos generados bajara? Hoy parece un debate lejano cuando vamos hacia una recesión, la primera en más de 20 años.

Lo que podrá pasar este año, si se cumplen las predicciones sobre los efectos de la pandemia, es que el desempleo se duplique. Según Fedesarrollo, en su rango más alto podría llegar hasta el 20,5 %. Eso significa que habría 2,5 millones de nuevos desempleados, que vendrían a sumarse a los 2,6 millones actuales.

La última vez que el desempleo estuvo por encima del 20 % en Colombia fue en la recesión de 1999. Varias predicciones apuntan a que la de 2020 podría ser peor. Después de la recesión del 99 al país le tomó 12 años volver a bajar la tasa de desempleo a un dígito, en el 2012, y cuando cayeron los precios del petróleo ese logro solo duró hasta el 2018.

Bajo este lente debería verse también el debate de cómo y cuándo reabrir la economía luego de la cuarentena. Las decisiones que se tomen en las próximas semanas tendrán repercusiones de años en la vida de millones de personas.

Aquí el equilibrio es delicado y complejo. Las simplificaciones no son útiles. Reducir la tensión que existe entre la cuarentena y la flexibilización a una decisión entre la vida y la muerte, o ganancias para empresarios y peste para trabajadores, borra con efectismo lo que sabemos sobre los efectos de las recesiones en el empleo. Sobre todo en Colombia, donde el mercado laboral es tan frágil y la generación de empleo tan pasmosa. Por otro lado, una apertura desordenada que genere un rebrote descontrolado del virus obligará a nuevos cierres, al aumento de las muertes y a la profundización de la recesión y el desempleo.

Ese es el riesgo que decidió asumir el presidente Duque con la apertura gradual. Colombia se pone en la vanguardia de la reactivación en el continente. Una decisión tomada cuando el virus parece haber cedido frente a la cuarentena, pero sin la capacidad aún de hacer pruebas suficientes para poder reaccionar rápidamente ante nuevos brotes.

Frente a esta disyuntiva el mapa político de Colombia se partió, como ha sucedido en otros países. Gustavo Petro y Claudia López, con un cálculo político entendible, se oponen a la apertura ordenada por el presidente Duque. Si funciona mal o regular pueden culpar al presidente y al Centro Democrático por cada nuevo contagio y fallecido. Si funciona bien, igual habrá muertes que achacarle a Duque, y en últimas los excesos de cautela son fácilmente olvidados así sus consecuencias hubieran sido más dañinas que los riesgos que evitaban.

En la política electoral el largo plazo no existe y menos sin reelección. Entonces el riesgo de esta apertura es todo del presidente. Duque toma la decisión más importante de su presidencia, que será medida en muertos en el corto plazo, y en empleos salvados o perdidos a lo largo de la próxima década.

@danielpacheco

Síguenos en Google Noticias