Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En 1981 Al Ries y Jack Trout, dos publicistas estadounidenses, publicaron un libro que revolucionó el marketing y la publicidad, Positioning: The battle for your mind (Posicionamiento: La batalla por sus mentes).
En poco más de 100 páginas, Ries y Trout introdujeron uno de los términos más machacados de hoy en día: posicionamiento (de marca, de imagen, etc.). La lógica de los hoy aclamados gurús es bastante simple: La competencia para vender productos está en ganarse un espacio en la mente de los consumidores y no en tener el mejor producto.
El giro copernicano del posicionamiento echó a tierra los armatostes de publicidad de la época de Mad men. Los publicistas se olvidaron del producto y se concentraron en la marca, en lo que significaba ese producto, en cómo se podía alojar en la mente de los compradores.
Durante las pasadas semanas Colombia ha vivido uno de los eventos de reposicionamiento más grandes en tiempos recientes. No tuvo nada que ver con la Cumbre de las Américas, la bonanza petrolera o la portada de Juan Manuel Santos en la revista Time.
La cadena de eventos se desencadenó donde menos se pensaba: en un corredor del Hotel Caribe, por una disputa de dinero entre una prostituta y un agente del Servicio Secreto. El resto, lo que pasó después, ya todo el mundo lo conoce.
Y ese es precisamente el punto. Sergio Gómez Maseri, corresponsal de El Tiempo en Washington hace más de una década, me confirmó que desde que cubre noticias, no había visto un hecho en el que Colombia tuviera un lugar tan prominente en la agenda nacional de EE.UU.
Por supuesto la noticia no es sobre Colombia. Somos apenas un apéndice, el lugar afortunado donde tuvo lugar el desenfreno escandaloso de más de 20 uniformados estadounidenses, y el menos escandaloso, de una secretaria de Estado (nadie encontrará una foto de Hillary Clinton tan enrumbada en ningún otro lugar del mundo).
Dania Suárez logró lo que los miles de millones de pesos de “Colombia es Pasión” sólo habían soñado. En unos días rompieron la sobresaturación de noticias para poner el nombre de Colombia, el de Cartagena, como un lugar donde se la pasa bien. “Lo que pasó en Colombia no se quedó en Colombia”, tituló un artículo del Daily News, imitando el famoso eslogan de Las Vegas.
Lo que pasó, pasó. No hay forma de echar atrás. La revolcada de Gabriel Silva es ilustrativa del riesgo de desafiar la ola informativa de la bestia de medios gringa.
Vale la pena volver a las lecciones de Ries y Trout. Colombia se abrió un nuevo lugar en la mente de los estadounidenses. En vez de cocaína, narcos; se trata de fiesta y mujeres. Un cambio tal vez no ideal, pero sí positivo. En vez de luchar contra la corriente hay grandes oportunidades para encauzar las aguas, que a decir verdad, no han corrido tan lejos de la realidad.
@danielpacheco