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De Wilde a André Gide: “La mejor manera de vencer una tentación es caer en ella”

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“Peca, querido. El infierno no existe”, le escribió en un telegrama André Gide a François Mauriac el 19 de febrero de 1951, horas antes de morir. “Puedes tranquilizarte. Avisa a Claudel”, decía luego. Gide y Mauriac se habían conocido 30 y tantos años atrás, y unas veces más, otras menos, habían discutido sobre Dios, el cristianismo, los homosexuales, el comunismo, el Vaticano, y en fin, sobre la vida con cada uno de sus contornos. Gide se había confesado en sus libros como partidario abierto de lo inmoral, incluso en la novela y en el arte, y Mauriac defendía el catolicismo y su doctrina. En uno de los apartes de “Los monederos falsos”, y en la voz de Eduardo, uno de sus personajes, Gide escribió, “Las ideas me interesan más que los hombres; me interesan por encima de todo”.

Unas líneas antes, había aclarado que “A modo de novelas de ideas no nos han ofrecido más que execrables novelas de tesis”, y algunas palabras después, afirmó que las ideas vivían, combatían y agonizaban como los hombres. Eduardo, o Édouard, quería escribir una novela de ideas, aunque tenía muy en claro que si no lograba escribirla, “Si no consigo escribir ese libro es que la historia del libro me ha interesado más que el propio libro; que habrá ocupado su puesto; y será mejor”. Gide había escrito desde sus años de adolescente un diario, y ya en sus últimos años, cuando fue publicado, tenía más de tres mil páginas. Para él, habría sido más interesante leer un texto sobre la elaboración de “Los hermanos Karamazov” o “La educación sentimental”, con sus dudas y decisiones, que las mismas obras.

Gide había comenzado a escribir muy de adolescente, en gran medida, por comprender y debatir los preceptos que su padre, Paul Gide, profesor de derecho en la Universidad de París, intentaba inculcarle desde el puritanismo y la tradición. En 1892, publicó “Los cuadernos de André Walter”, su primer libro, y también, su primer poemario. Por aquellos tiempos, con 22 años, viajó al norte de África y en Argelia conoció a Óscar Wilde. Según la leyenda de las leyendas, vio su firma en el hotel en que se estaba hospedando, lo buscó, lo encontró, y esa misma noche descubrió su homosexualismo con un joven que le presentó Wilde. “La mejor manera de vencer una tentación es caer en ella”, le dijo. Con el tiempo, Gide escribiría que se consideraba fervorosamente amante de los jóvenes.

Cuando Wilde fue condenado a prisión por sodomía, Gide le escribió y lo visitó en París, cuando gran parte del mundo de los literatos y del arte le había dado la espalda, y en los primeros años del siglo XX, publicó un ensayo sobre él, “Oscar Wilde: In memorias”. Diez años después, fue editor y colaborador de “La Nouvelle Revue Française”, y llevado por sus cargos y sus prejuicios, rechazó en 1913 el manuscrito de “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. Unos meses más tarde, sin embargo, cuando terminó de leer “Por el camino de Swan”, le escribió una carta a Proust en la que le ofrecía excusas por haberse dejado llevar de las habladurías y las apariencias. Desde entonces, confesaron su admiración mutua y dabatieron una y mil veces, cada uno desde su postura, y por ella, en busca del origen y la razón de ser de las ideas.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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Comentarios
  • Marco Aurelio(96110)•Hace 9 minutos
    Agradable e instructiva columna.
  • Gines de Pasamonte(86371)•Hace 41 minutos
    Oscar Wilde desafió a la moral victoriana, época pacata e hipócrita. En: “El retrato de Dorian Gray” decía que: “Las mujeres nos tratan exactamente como la humanidad trata a sus dioses. Nos adoran y siempre nos están pidiendo algo”. El “Diario de André Gide”, en su segundo volumen: 1911-1925, obra de gran madurez literaria, páginas íntimas en donde analiza y explora las cuestiones de conciencia y nos habla de su novela “Los monederos falsos”, obra incluida en la biblioteca personal de Borges.
  • William(16260)•Hace 46 minutos
    Magistral esta columna, sobre la cual un comentario adicional sobra . Felicitaciones
  • Fernando(8531)•Hace 1 hora
    Araújo se luce nuevamente.
  • DONALDO(67774)•Hace 1 hora
    Excelente columna, Fernando. Siempre despertando curiosidad e interés por los temas y autores que tocas.

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