24 Nov 2018 - 5:00 a. m.

Nissan-Renault: lo que puede la edición

El arresto por parte de las autoridades de Tokio del señor Carlos Ghosn, ciudadano francés, brasileño y libanés, chairman de Nissan y de Mitsubishi Motors y CEO de Renault, da pie para la reflexión.

Las acciones judiciales fueron el resultado de una investigación interna de la firma, que encontró que el involucrado no había reportado debidamente sus ingresos a las autoridades financieras de Japón durante varios años y que había hecho uso indebido de cuentas y propiedades de la firma. Entre otros hallazgos se encontraron pagos a su hermana mayor por servicios no prestados. Otro miembro del directorio, el estadounidense Greg Kelly, también fue cobijado con la medida.

El destape del escándalo, que recuerda los tiempos de Al Capone, será el entierro de la carrera de uno de los grandes líderes del sector automotor mundial. Sin embargo, los delitos que se le podrían imputar, especialmente los fiscales, resultan insignificantes frente a la debacle ética que se empieza a conocer y que está causando tanto escozor. Se trata de algo muy preciso: ¿cuánto vale la ética?

Ghosn recibió pagos por cerca de US$10 millones en 2016 que luego se redujeron a US$7 en 2017. Lo que resulta escandaloso en Japón, un país en el que los ejecutivos ganan menos que sus contrapartes en Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, Takeshi Uchiyamada, chairman de Toyota, ganó US$1,7 en 2017.

Tanto los japoneses del común como el Gobierno y los empleados de la firma han reaccionado frente a los sucesos. Los primeros condenan las malas conductas y los excesos. El ministro de Industria declaró que se requiere corregir la concentración de poder en la cúpula de la firma y recuperar la gobernabilidad. Y los empleados han expresado su rabia y descontento, particularmente como reacción a las altísimas compensaciones, pero otros han manifestado su apoyo a Ghosn, a quien ven como héroe por haber rescatado a Nissan de una quiebra inminente.

En la tarde del jueves 22 de noviembre, la junta directiva de Nissan despidió a los dos implicados. Pero ni allá ni aquí servirán las sanciones si lo que se busca es recuperar el orden. Mientras sigamos aceptando razones como la de que “lo que vale son los resultados” sin importar las triquiñuelas, que las “malas” decisiones se justifican “porque eran las menos onerosas” o que “es demasiado grande para caerse”, estaremos condenando a la ética y fijando su precio: “Todo es legítimo si nos cuesta menos”.

Recordemos a Ricardo Carrasquilla: “Mi compadre Isaac Renjifo / con capote / andaba; y el monigote / lo llamaban y el cachifo. / Después compró botas, frac / y sombrero; / robar pudo algún dinero, / y se llamó don Isaac. / Hizo luego una excursión / por la Francia; / vistióse con elegancia, / y fue Monsieur Renjifon. / ¡Lo que puede la edición!”.

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