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Si uno piensa en figuras como Evo Morales, Cristina Fernández y Gustavo Petro, supuestos representantes de las posturas políticas llamadas de izquierda, entiende por qué en estos tiempos han vuelto con tanta fuerza los gobiernos de derecha en varios países de América latina. Los tres fueron, para referirse solo a lo más protuberante, indolentes, demagógicos y corruptos. El regreso de los gobiernos de derecha tiene ese origen, esa causa primordial. Es la reacción a los desastrosos gobiernos de personajes como esos.
Ni se diga un Hugo Chávez, a quien continuó el payaso de Nicolás Maduro. Después de más de 20 años, Venezuela carece de democracia e instituciones y ha perdido su norte como nación. Los Estados Unidos la tienen sojuzgada y la están expoliando, con la colaboración de esos dos gánsteres que son Delcy y Jorge Rodríguez. El chavismo era, supuestamente, un movimiento y una ideología progresista, y en la práctica no ha sido sino un régimen represor, totalitario, y desde luego, corrupto también. No fue sino lo que siempre era, un régimen de gobierno que nació del golpe de Estado de un chafarote.
Otra causa del movimiento prevaleciente hacia la derecha en nuestra región es el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Hoy, los Estados Unidos intervienen abiertamente en los procesos políticos y electorales de nuestros países. Sin agüero y utilizando formas de presión —para conseguir lo que ellos llaman “cuidar su patio trasero”—, que van desde la matonería económica hasta la satanización de todo lo que no se pliegue ante la nueva política internacional del partido Republicano, cooptado por completo por Trump.
Y hay una cosa que irrita particularmente de estas peligrosas hegemonías —de derecha o de izquierda— y es su postura de que están “del lado correcto de la Historia”. De que son los dueños de los valores morales y éticos, y los reformadores providenciales del orden mundial. Por mucho que se vaya a la derecha nuestro subcontinente, es mentira que todos tengamos que compartir la idolatría por Estados Unidos —con su salvaje política migratoria—, o la flagrante negación del genocidio del Estado de Israel en Gaza. Yo, por lo menos, jamás cohonestaré esas cosas.
Y es por razones como estas, que estoy seguro de que es vital para el bienestar, el progreso y la dignidad de nuestros pueblos, que gane Lula las elecciones en el Brasil. Para fisurar y romper la ambición hegemónica de los partidos de derecha y, sobre todo, de extrema derecha. Me aferro a la potencia vital de Brasil. Brasil representa en este momento la posibilidad de una nación que se rehúsa a una unificación, a una homogenización inminente, que, como todas las homogenizaciones, acaba degradando a las sociedades y acogiendo el totalitarismo y la materialización de las formas de gobierno que siempre le han vuelto la espalda al ejercicio democrático.
Formas de gobierno fundadas en un humanismo insobornable, verdadero e impostergable.
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Juan(cnp52)•Hace 57 minutosEn tu caso deberias preferir que gane el blanco o una opcion mas de centro.