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El Congreso de la República le ha dado permiso al expresidente Petro de salir de Colombia. Lo mejor que puede pasar, desde cualquier ángulo que se le vea, es que se vaya por un tiempo largo y no intervenga en los asuntos de la política nacional. Petro es indolente y destructivo. Es mejor que esté lejos.
A los primeros que va a perjudicar, por lo demás, es a los partidos de la llamada izquierda, o sus afines. Petro está tan desprestigiado y deslegitimado para hablar y actuar después del desastre de gobierno que hizo, que la mera supervivencia de ese espectro ideológico se va a ver en riesgo con su proximidad. Vade retro, Petro, deberían decirle a coro.
Y es que es indispensable, para preservar nuestro sistema democrático, que el pensamiento y la aproximación ideológica de la izquierda, o del progresismo, como se le llama localmente, estén vivitos y coleando. Que el progresismo actúe, que se movilice, que ejerza control político al nuevo gobierno. De otra forma, entramos en el mundo de la tentación venenosa de la homogeneización a la brava del pensamiento político, y más aún, en el de la materialización de las concepciones totalitarias y excluyentes, como les gusta, con tanta frecuencia, a los gobiernos radicalizados de izquierda o de derecha.
Yo no voté por el presidente De la Espriella y, sin embargo, le hago fuerza para que gobierne bien. Y gobernar bien es que se recupere el orden institucional, que se combatan legalmente las bandas criminales, que se reestablezca el sistema de salud, y que se paguen los subsidios atrasados del sector energético, entre otras cosas. Pero sé muy bien al mismo tiempo cuál ha sido la tesitura de su lenguaje desde la misma campaña electoral, y sé, como colombiano y como demócrata, que pueden tener razón quienes ven peligros reales para la democracia y los derechos humanos y civiles, si De la Espriella no tiene antagonistas serios, fuertes y legítimos. Eso es así.
Lo que estoy afirmando es nada menos que ese balance que es indispensable, que vale oro, se pone en riesgo con la cercanía de Petro. Petro, si se acerca, si interviene, puede desatar las fuerzas que destruyan ese balance y acentúen peligrosamente la radicalización. Petro es una amenaza real para la democracia colombiana en estos momentos. No sé si eso cambie en el futuro, pero de momento: vade retro, Petro, no se acerque por aquí, que va a causar un daño enorme a la ciudadanía y a las instituciones.
Deje que las fuerzas y las figuras de todos los matices ideológicos actúen y que el nuevo gobierno gobierne. Usted ya tuvo 30 años o algo así, cuatro de ellos como presidente de la República, y su saldo es muy negativo y muy desmoralizante. Mientras le llega el “juicio de la historia”, que le ha de llegar, yo le recomiendo y le solicito, encarecidamente, que se aleje y no intervenga más. Aléjese de Colombia unos buenos años.
Déjenos en paz. Déjenos descansar de usted y coger nuevas fuerzas. Las necesitamos.
