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Si el presidente De la Espriella toma parte en los operativos de la Policía y el Ejército contra la criminalidad, y anda armado, es posible que mate a alguien o que lo maten a él. Los dos desenlaces son terriblemente trágicos.
Si la nación colombiana asistiera a la escena en que el presidente de la República mata a balazos a alguien, Colombia entraría en un ámbito de violencia extendida e incontenible. No tendría ni siquiera significado que se tratara de una acción legítima de la Fuerza Pública, lo que vería la nación, incluyendo a los niños, niñas y jóvenes, es a su presidente matando a alguien. Ese es el mensaje que vendría de parte del Estado colombiano y de la primera autoridad de gobierno.
De ahí en adelante, sin mayores discernimientos ni escrúpulos, la nación entera va a entender que es legal, posible, incluso aconsejable y admirable, armarse y matar a otra persona. O personas. Si el mismo presidente de la República lo hace, ¿por qué no lo voy a hacer yo?
Y eso propagará aún más la violencia, en lugar de enaltecer una muy discutible forma de valor, o una mentirosa imagen del coraje, espuria y, por lo demás, asociada históricamente a una falsa idea de masculinidad; o de construir, nunca más lejos de ello, una sociedad más fraternal, solidaria y, en consecuencia, más segura. Alguien debería decirle eso al presidente De la Espriella. Que ese comportamiento no es sabio, pues es terriblemente destructivo y, además, incontrolable e impredecible. Tal vez el vicepresidente José Manuel Restrepo se lo podría decir, es muy necesario que lo haga, antes de que crucemos cierto umbral y ya sea tarde. Que se lo diga, haciéndole ver, además, que nadie le está pidiendo que haga cosas como esas.
Y si ocurre lo otro, si es el otro desenlace el que se presenta, pues, apague y vámonos. Si al presidente de la República lo matan por salir a media noche a batirse a balazos con el hampa en las calles, ya Colombia se va por el despeñadero y se nos viene encima un infierno interminable de violencia, degradación y desmoralización histórica. Esto, desde luego, amén del dolor de su joven esposa, sus niños y su familia.
O que se lo diga el Congreso de la República, o la Procuraduría General de la Nación, no sé. Alguien que tenga, constitucionalmente, tutelaje sobre el actuar y la manera de proceder del presidente. Es que él es, en primer lugar, el presidente de la nación. Hay un bien superior ahí. De su bienestar y seguridad depende, en buena medida, la de nosotros, la de la nación entera. Por razones como esa, él está obligado a proceder con serenidad, con cautela, con talante de estadista. De su bienestar personal y su seguridad depende, en buena medida, la estabilidad del país entero, de sus instituciones y del conjunto del orden social.
En lo personal, por lo demás, yo estoy totalmente seguro de que el uso extendido de las armas en una sociedad jamás ha traído progreso, y mucho menos fraternidad y sana convivencia.
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usucapion1000(15667)•Hace 1 horaInfierno es ver la larga cola de nacionales en Indumil conseguir y portar armas. Ese "machote" exhibicionista va a armar al paìs hasta los tuètanos, no nos extrañe ver pronto tiroteos en los mercados, centros comerciales, colegios y sitios pùblicos. Esto si serìa el acabose.