Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El turismo colombiano se ha venido consolidando como una prometedora alternativa frente a las economías extractivas, pero, más aún, como una vitrina privilegiada para mostrar al mundo la exuberancia de nuestra naturaleza, dada la variedad de ecosistemas. La campaña oficial «Colombia, el país de la belleza», reforzada con el eslogan «Descubre la diversidad de Colombia», promovida por el Gobierno Petro, posicionó a la biodiversidad como la principal ventaja competitiva del sector y la convirtió en un gancho estratégico para multiplicar el flujo de turistas extranjeros.
Sin embargo, en apenas seis semanas, dos crisis devastadoras han puesto en jaque esta vitrina comercial. Primero, el terremoto del 10 de agosto y, luego, la persistente oleada de incendios forestales que se extendió a lo largo de este mes.
La violencia geológica arrancó con el sismo de magnitud 7,4, que tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, el más fuerte registrado en nuestro territorio en el siglo XXI, con un trágico saldo de víctimas mortales, heridos y viviendas afectadas. Además, la infraestructura turística del occidente del país quedó fracturada: aeropuertos con operaciones restringidas, vías bloqueadas en el Valle y el Cauca, hoteles rurales con servicios suspendidos en el Eje Cafetero, parques temáticos cerrados y rutas bloqueadas hacia pueblos patrimonio como Salento y Filandia.
Sin iniciarse la reconstrucción, el país enfrentó la otra emergencia, tras la propagación de una veintena de incendios forestales en siete departamentos, con focos en Tolima y Boyacá. Solo en Villa de Leyva, bastión del patrimonio histórico, el fuego consumió más de mil doscientas hectáreas del Santuario de Fauna y Flora Iguaque, un paraíso vital para el abastecimiento hídrico regional y refugio de centenares de especies silvestres como águilas paramunas, tigrillos y venados.
La conflagración obligó a evacuar hoteles emblemáticos y provocó la cancelación de actividades turísticas en la zona, dejando un vacío doloroso en la oferta de ecoturismo. El Caribe tampoco escapó y la Vía Parque Isla de Salamanca sufrió quemas de manglar, afectando el avistamiento de aves, tal como sucedió en el corredor turístico entre Barranquilla y Santa Marta. Además, en Norte de Santander el humo paralizó actividades al aire libre, obligando a suspender el acceso a miradores por riesgos respiratorios, y en Tolima los balnearios fluviales cerraron por la sequía.
Las pérdidas económicas como resultado del cruce de estas dos crisis han sido devastadoras para el turismo rural. El impacto social y macroeconómico alcanza proporciones alarmantes para las regiones afectadas. En el Eje Cafetero, los hoteles reportaron caídas de ingresos de hasta el noventa por ciento, y en Quindío el Observatorio de Turismo estima una reducción del 15 % de la actividad turística anual, equivalente a cientos de miles de millones de pesos.
Anato revela que más de cuarenta agencias de viajes rurales afrontan quiebras, y los gremios del sector, en general, señalan que las evacuaciones, el deterioro crítico de la calidad del aire y los severos daños en la infraestructura recreativa ponen en jaque miles de empleos y arriesgan la estabilidad de varios atractivos. Las comunidades que habían apostado por el ecoturismo perciben un futuro incierto y se enfrentan al dilema de regresar a economías extractivas y depredadoras.
La simultaneidad del terremoto y los incendios plantea un escenario de vulnerabilidad para nuestros atractivos y pone en evidencia la fragilidad de un modelo turístico dependiente de ecosistemas sensibles. Si la embestida geológica y climática destruye páramos, manglares y bosques altoandinos, cabrá preguntarnos qué quedará de la ventaja competitiva que nos diferencia en el mercado internacional. De ahí que el Estado, más que limitarse a apagar incendios y remover escombros, debe implementar una política pública de adaptabilidad climática y una efectiva gestión de riesgo que blinde los destinos turísticos frente a fenómenos extremos y manos criminales.
Si bien el Departamento Nacional de Planeación había priorizado la inversión en adaptación sobre mitigación, y el MinCIT había incluido en su plan sectorial lineamientos de sostenibilidad y resiliencia territorial, los hechos registrados muestran que falta articulación estatal para proteger atractivos e infraestructura turística y que promocionar al país en ferias internacionales, mientras ecosistemas como Iguaque o Salamanca arden, es una contradicción que devalúa nuestras marcas territoriales.
Contrariando la opinión de los negacionistas climáticos, la tragedia también obliga a cuestionar el modelo extractivo. La histórica dependencia del petróleo, el carbón y el fracking intensifica la crisis climática, destruye hábitats y debilita la resiliencia de los ecosistemas. Seguir apostando por estas economías terminará por hipotecar el futuro del turismo de naturaleza. La minería a cielo abierto y la fracturación hidráulica requieren la deforestación de miles de hectáreas, extinguiendo especies y erosionando la capacidad de la Tierra para regenerarse de manera natural.
El turismo colombiano enfrenta una prueba de resiliencia. Reconstruir no es solo levantar hoteles y carreteras, sino salvaguardar los ecosistemas y restaurar la confianza. Las autoridades ambientales advierten que la recuperación de un bosque andino calcinado puede tardar entre veinticinco y treinta años, lo que significa que la oferta ecoturística de contemplación en estos paraísos naturales quedará extinta, en nuestro caso, para varias generaciones.
El país estará condenado a perder su vitrina más preciada si el Estado elude establecer planes de protección ecológica y deja en el abandono económico a las comunidades rurales. Las columnas de humo en Salamanca y las fallas en la infraestructura del occidente son advertencias que no podemos ignorar. Por eso, de no asumirse una transformación de fondo en la gobernanza ambiental de las zonas turísticas, las bases de nuestra ventaja competitiva seguirán temblando, el lema de Colombia como destino de naturaleza podría terminar convertido en ceniza y dejaríamos de ser del país de la belleza para convertirnos en la tierra del olvido…
En el sector: El fortalecimiento del turismo se perfila como un pilar estratégico en las relaciones bilaterales entre Colombia e India, enlazando la biodiversidad y el café con la espiritualidad asiática. El flujo actual es de 27.000 viajeros indios y 7.500 colombianos anualmente.
Para potenciar este intercambio, el nuevo embajador de la India en Colombia, Vinod Bahade, ya se ha apersonado del caso y se muestra dispuesto a promover acciones enfocadas en superar los límites que frenan el mercado. El despegue turístico definitivo dependerá de habilitar conexiones aéreas directas, simplificar los trámites de visado recíproco y masificar soluciones de pago digital como la billetera UPI, consolidando así una prometedora alianza de naturaleza y cultura.
-
Julián Escalante(40638)•Hace 2 horasEl verdadero jaque a nuestra ventaja competitiva no es solo la fuerza de la naturaleza, sino nuestra propia cultura de la ilegalidad e indiferencia que permite que sigan quemando el manglar de Salamanca como ha venido sucediendo año tras año sin consecuencias penales severas para los delincuentes. La indiferencia de la sociedad en general es el mayor peligro. Gracias por la interesante columna.
-
Carlos Salazar(15611)•Hace 3 horasUn punto clave para buscarle soluciones a estos problemas geológicos y climáticos está en crear un "Fondo de Emergencia Climática para el Turismo Colombiano". Así como el sector cafetero tiene fondos de estabilización de precios, el sector turístico de naturaleza necesita un mecanismo financiero que subsidie a las agencias rurales y proteja el empleo local durante las semanas en que los atractivos estén cerrados por emergencias.
-
Banano(52366)•Hace 3 horasEl turismo no crece por la falta de logística, infraestructura adecuada y sobre todo, por la sensación de inseguridad que nosotros percibimos internamente. ,Lo demás serán cosas circunstanciales, coyunturales y en todo caso solucionables.