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Siento por el alcohol (o mejor, por el alcoholismo) y por las drogas psicoactivas algo que combina sensaciones de miedo, de asco y de desprecio. Una vez escribí un artículo en defensa de la marihuana del que me voy a arrepentir toda la vida, sobre todo porque partía de una premisa falsa: que esa yerba me gustaba, cuando en realidad no me ha gustado nunca, me molestan sus efectos y detesto hasta su olor, que me repugna tanto como el del vómito. Reconozco que una dosis limitada de alcohol, dos whiskies o dos rones, cuatro copas de vino, hacen más dulce la existencia, o al menos, menos amarga. Pero repudio las experiencias de supuesta iluminación mística con hongos o raíces como la ayahuasca. Me asquea el falso entusiasmo y la euforia exagerada de la cocaína o las alucinaciones de otras sustancias que no conozco. A mi tierna edad he visto ya suficientes vidas destruidas por el alcohol y las drogas como para convertirme, casi, en un prohibicionista, si no fuera por los problemas aún más graves que, reconozco, trae la prohibición.
Digo todo esto como introducción a una estupenda novela que acabo de leer, Desmadre, de Camilo Jiménez, que es el retrato de cómo la vida de un niño y un muchacho bueno, común y corriente, de clase media de Medellín, se va hundiendo —por timidez, por ausencias familiares, por carencias o torpezas educativas, por soledad y hastío, por culpa de una sociedad desesperada y desesperante que se refugia en las drogas y el alcohol— en las cavernas del horror y el sinsentido, rozando siempre, sin culpa ni intención malévola, el camino de la delincuencia, y el paso a la muerte violenta o al suicido.
Recientemente, en Nepal, al derretirse un glaciar a más de cinco mil metros de altitud, se produjo un desmadre literal del cauce de los ríos, que ocasionó una tragedia terrible aguas abajo. El desmadre vital puede ocurrir también, y así parece insinuarlo el libro de Camilo Jiménez, cuando se nos muere, temprano en la vida, y como sin sentido, en un duelo callado y solitario, la persona que más queremos, la madre, y el único refugio para el padre viudo parece ser, otra vez, en una sociedad sin recursos humanos y culturales más profundos, el alcohol. Ahí el libro hace el recuento minucioso y valiente de cómo la vida se va saliendo de madre, extraviada en una sexualidad torpe, mecánica, poco gozosa, ignorante y sobre todo disimulada y envuelta por las sustancias que maquillan de gusto la caída en el hastío y el sinsentido.
Un recurso único y casi mágico, sin embargo, acude en auxilio del protagonista de Desmadre. Ese niño, ese adolescente, el adulto joven, poco a poco consigue convertirse en editor y profesor gracias a un poder oculto: la cultura, representada en su caso por los libros, la lectura, la música, la filosofía, las novelas, los cuentos, los ensayos. La droga suave y mansa, benéfica, del pensamiento y de la fantasía, la honda experiencia estética de la música, compiten por colonizar la mente del protagonista. Así, en esta novela de una vida que se deforma y luego se reforma y se conforma, asistimos a una verdadera redención por la cultura y, en últimas, también por el amor, por los buenos amores, bien sea los familiares (una hermana y unas tías maravillosas), los de las buenas amistades, y los de parejas sanas y benéficas.
Quizá sin pretenderlo, el libro de Camilo Jiménez termina siendo didáctico, aleccionador, y un canto de esperanza en una sociedad como la nuestra, que parece siempre estar a punto del desmadre, que en el desmadre cae una y otra vez, pero que en el caso del libro de Camilo se levanta y se salva. Y al salvarse él, gran editor, buen profesor, y al fin gran escritor en su ópera prima, con este gesto valiente de combinar memoria con fantasía, nos ayuda a salvarnos a todos y a darnos esperanza en un país tantos días hundido en la desesperación. Desmadre, una narración autobiográfica, luminosa por lo oscura que pudo ser, es una reconciliación, humana y cultural, con lo que podríamos ser, y muchas veces no somos.
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blanca norha(17546)•Hace 51 minutosUna muy buena columna. Estamos llamados como Humanos a SALVAR VIDAS, en esta sociedad, donde el valor de la Vida importa poco.
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Federico(tz7zo)•Hace 1 horaRepudio el ayahuasca: ignorante. Y hace alarde. La planta sagrada de este territorio no debería ser escrita por su santidad Facho lince
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Miguel Angel(71324)•Hace 3 horasSe volvió Godo ya de viejo, mejor su padre que no vendió sus convicciones.
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JULIO ROBERTO(3f359)•Hace 3 horasTengo la leve impresión de que te luce el moralismo.
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Francisco(78033)•Hace 5 horasMuchas gracias Héctor; una columna muy sentida y aleccionadora.
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José Ricardo(15599)•Hace 6 horasHector Juaquin, siempre te has coincidido más con tu mamá que con tu papá. Una verdadera tragedia para la sociedad colombiana. Eres godo desde chiquita, pero todas las puertas se te abrieron por tu padre, no por tu madre; qué lástima que aquí no haya un verdadero desmadre.
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William(16260)•Hace 8 horasQué columna tan bien explicada . Comprare el libro recomendado . Felicitaciones
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CARLOS(lcggj)•Hace 8 horasExcelente presentación y reflexión. Vale la pena leer y analizar la profundidad del mensaje de la novela «Desmadre», autoría de, CAMILO JIMÉNEZ. Gracias por la información, HÉCTOR.
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Elber(39126)•Hace 9 horasEs una novela de auto ayuda? No sabía de tus alcances con este género.
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Atenas(06773)•Hace 9 horasHéctor, como pespunte o labor de costura al libro autobiográfico q’ nos resumiste, Desmadre, hubo sí un punto q’ es preciso rematar: eso de “ …y a darnos esperanza en un país hundido tantos días en la desesperación”, presumo q’ con ello aludes al caos q’ dejó el asqueroso ojisapo en sus 4 largos años, y no te equivocas. Bien sé q’ lo dices con prudencia xq’ has visto cuán alebrestada está la jauría tras la merecida derrota junto con el presentimiento de q’ jamás volverán a tener teta.Atenas
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DIEGO ARMANDO(25270)•Hace 9 horasTomo nota de la recomedación del libro, quizás algunos nos sentimos identificados con el relato, unos se hunden en la profundidad del abismo de las adicciones ára no salir nunca de ellas, otros salen a flote porque algo o alguien en el duro camino les dió esperanza.
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Javier(18622)•Hace 9 horasSuena a moralina.
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GONZALO(02bph)•Hace 9 horasUsa los mismos argumentos que Nixon o Trump contra las drogas. Y de condimento demuestra una ignorancia supina sobre el uso de ciertas drogas alucinógenas. Cada día peor.
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Jorge(53826)•Hace 10 horasNo sé por qué muchos relacionan la columna con Petro, ¿o no leí bien? Muchos tuvimos experiencias terribles con las drogas y el alcohol, pero pocos podríamos escribir un libro. La verdad es que a nadie le recomiendo que meta nada, ni siquiera que se tome una cerveza. Ese cuento de los dos tragos me da risa. No hay como una vida absolutamente sobria…
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Gines de Pasamonte(86371)•Hace 10 horasDesmadre en lo que se está convirtiendo el «país milagro», bajo la batuta del repartidor de ósculos y sonrisa perenne, Hector, el nuevo Bucaram criollo. !Ese si es un verdadero desmadre! La película que a mi juicio refleja crudamente nuestra realidad urbana es: *Rodrigo D», no futuro, de Víctor Gaviria. La buena música, la buena lectura, el buen vino, son lenitivos naturales del alma, sin lugar a dudas.
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Leandro Felipe(exbqo)•Hace 11 horasEn una sociedad enferma las adicciones crecen como hongos y el alcohol es la más fuerte y peligrosa porque es puerta de entrada a las drogas, la ludopatía, el sexo deportivo, y en medio del descontrol emocional y lagunas mentales llevarnos a iras descontroladas, riñas y accidentes mortales, etc. Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos, y comunidades similares también contribuyen a salvarse de una vida y muerte prematura y pendeja.
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Antonio(88872)•Hace 11 horasClaro, con las bebidas alcoholicas y armas en el bolsillo (como desea fervientemente el estafador, abogado de narcos, criminales De La Espriella) habrá más violencia y muertos. Esa es la «patria milagro» que salvará vidas. Y deje de acusarnos de Petristas!!!
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Felipe(94028)•Hace 9 horasEsgrimir una espada gritando ¡Guerra a muerte! no parece tampoco muy pacifista. O gritar por las calles de N. York, parlante en mano, que se está dispuesto a combatir porque «ya estuve en muchos combates», alardeando de pasado guerrillero es tan ridículo como la patria milagro. Un payaso es un payaso, se llame Abelardo o Gustavo, y a este país le gusta el circo.
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DONALDO(67774)•Hace 12 horasY con la legalización del porte de armas lo mejor que se puede hacer es encerrarse en la casa en los días de fiesta, porque mucha gente borracha y con revólver en las celebraciones o en las calles es como una una sentencia de muerte.
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Eduardo(62241)•Hace 14 horasExcelente y muy útil. No demoran en caerle quienes considerarán la columna represiva y quienes muy susceptibles ahora por la derrota, pensarán que está criticando el entorno del pobre Gustavo, que no tuvo para redimirse sino Cien Años de Soledad, única obra que parece haber leído.