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Esta cosa insípida, gris, blanda…

Héctor Abad Faciolince
27 de septiembre de 2026 – 02:04 a. m.

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Así decía Baldomero Sanín Cano, uno de los más grandes ensayistas de nuestro país: “Esta cosa insípida, gris, blanda y desarticulada que es la vida política de Colombia en los últimos treinta años, está admirablemente vertida por la poesía insuperable, por el humor penetrante y sano de Luis C. López”. Y lo decía en 1928, en el prólogo al libro Por el atajo del Tuerto, que más que tuerto era bisojo, bizco. Un siglo después la cosa sigue insípida, gris, blanda y desarticulada, pero tengo la suerte –por cautela y cobardía– de haberme propuesto no hablar de esa cosa insípida, gris, blanda y desarticulada, para concentrarme en otra cosa sabrosa, luminosa, dura y articulada: la poesía.

Los dos poetas colombianos que yo más admiro son al mismo tiempo serios y humoristas. Pocas cosas tan serias como el humor cuando la mirada sensible de un poeta ve y desnuda la cara y el cuerpo real de la nación. Estos dos poetas fueron contemporáneos, pero, que yo sepa, nunca se conocieron. Se trata de León de Greiff (o Leo le Gris, Matías Aldecoa, Sergio Stepansky y muchos otros yoes), nacido en 1895, y de Luis Carlos López, nacido en 1879, el sublime cartagenero, que algunos de ustedes recordarán por su soneto “A mi ciudad nativa”, que termina diciendo que la Heroica le inspira “ese cariño/ que uno le tiene a sus zapatos viejos”. Verdadero y risueño; es como decir que a mí Medellín me gusta tanto como mi camisa arrugada. En cuanto a sus paisanos, el Tuerto los veía como “una caterva de vencejos”.

Es curioso, pero De Greiff veía a sus contemporáneos políticos bogotanos también como pájaros: “gansos de capitolio”, “pingüinos peripatéticos”, y a los comerciantes de la Villa de la Candelaria los situaba en un ambiente de “chismes, catolicismo,/ y una total inopia en los cerebros,/ cual si todo se fincara en la riqueza,/ en menjurjes bursátiles/ y en el mayor volumen de la panza”. Retratos inolvidables de estos poetas que jamás escribieron odas a la patria. Parecían inútiles, vagos e inofensivos, pero pintaron perfectamente esa cosa de ayer, “insípida, gris, blanda y desarticulada”, tan distinta a la de hoy que en cambio es “desarticulada, blanda, gris e insípida”.

No hacen falta hoy, en 2026, poetas como esos que en 1917 o en 1928 escribieron su Libro de signos o su Por el atajo. Hay, entre los mayores, voces como las de Piedad Bonnett, William Ospina o Juan Manuel Roca, tres poetas que mantienen viva la antigua voz de la poesía colombiana. Su seriedad, su risa, y no solo la poética-política, sino la poética a secas.

Para que la importancia de todo esto no se olvide acaban de presentarse, en la Fiesta del Libro de Medellín, en tres “paralelepípedos de papel, cartón y tinta” (como definía los libros Umberto Eco), sendas obras de León de Greiff, para conmemorar los cincuenta años de su muerte. Por un lado, la Universidad Nacional editó sus Relatos y sus Sonetos completos, en ediciones que dejó preparadas su hijo Hjalmar. Conviene a los poetas tener descendientes cultos y no enteramente dedicados al comercio, la política, los chismes o el catolicismo. Y por otro lado se publicó en Medellín un Álbum de León de Greiff, que, bajo el título de Juego mi vida, hace del poeta una biografía a través de fotos, documentos y ensayos. Las fotos y documentos provienen de muchas fuentes y la edición (en la que participan varios autores) estuvo a cargo de Jerónimo Pizarro, experto en otro poeta máximo, Fernando Pessoa.

Sería hora de hacerle un homenaje parecido al otro gran poeta de la primera mitad del siglo XX, el Tuerto López, ese que un día, viendo pasar a un rezandero desde la ventana, escribió: “Canijo, cuello de ganso,/ cruza leyendo un misal./ Dueño absoluto del manso/ pueblo intonso, pueblo asnal./ Ciñendo rica sotana/ de paño, le importa un higo/ la miseria del redil./ Y yo, desde mi ventana/ limpiando un fusil, me digo: …”. Y no les cuento lo que el yo poético se dice desde allí, porque en una de esas alguien podría acusar al manso Tuerto de incitación a la violencia.

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