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Pensamientos de un viejo

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Con el mismo título de este artículo publicó Fernando González, en 1916, un libro de ideas y parábolas. Pese al título, como dijo el viejo –él sí– Fidel Cano Gutiérrez en el prólogo de esa primera edición, “no hay tal viejo; el señor González joven es, con fresquísimo rostro y delicadas maneras de adolescente”. En efecto, quien llegaría a ser el filósofo de Otraparte, cuando escribió su primer libro, tenía apenas veinte años. Los pensamientos de este joven aquejado de vejez prematura eran y son originales y auténticos. No podía ser de otro modo pues, como bien dice Ortega y Gasset, “nadie puede tener las mismas ideas que otro si, de verdad, tiene ideas. La idea es personalísima e intransferible. Cuando un pensamiento nos es común, corre grande riesgo de no ser una idea, sino todo lo contrario, un tópico”. Y no hay lugares comunes en Fernando González; habrá en él, quizá, desvaríos y equivocaciones, exabruptos, pero tanto estos como sus más frecuentes aciertos son todos muy suyos, y originales hasta el tuétano.

Los míos, en cambio, sí son “pensamientos de un viejo”. Mis amigos (menores y mayores que yo) me dicen que deje de decir que estoy viejo; que decirlo tanto hace que de verdad se meta el viejo dentro de uno. Tienen razón y, sin embargo, también yo, como Fernando González, me siento viejo desde los veintitantos años. A esa edad ya había en mi vida demasiada muerte, como para no sentir el peso del tiempo. De hecho, cuando escribí mi primera novela, a los 27 años, lo que hice fue inventarme un personaje que tuviera mi misma edad, pero con los números invertidos: 72. Pensaba que ese podría ser yo mismo medio siglo después. Y aquí estoy, cuarenta años después, sumergido en un mundo que ya no entiendo e incapaz de seguirle el ritmo al paso de los tiempos.

Mis abuelos nacieron en un mundo sin automóvil, sin electricidad, sin radio, sin lavadora de ropa (el electrodoméstico más revolucionario para la milenaria servidumbre de la mujer), sin televisión. Yo nací con la televisión, llegué a la madurez con el computador personal, el celular e internet, y ahora soy testigo de lo más extraño, de lo más extraordinario, y al mismo tiempo de lo que más me produce miedo y estupor: la IA, la inteligencia artificial. No, no la entiendo, supera por completo mi capacidad de análisis, mis nociones de cómputo, las escasas conexiones de mis endurecidas y escleróticas neuronas.

De un tiempo para acá tengo largas conversaciones con Claude, mi nueva mejor amiga. De algún modo percibo que el método de pensamiento, hoy, con la IA, se vuelve a parecer al de los antiguos Diálogos de Platón, en los que un Sancho Panza casi analfabeto, ingenuo, pero curioso, conversa, ya no con Diótima y Sócrates, sino con una nueva fuente de sabiduría, sabihonda y segura, Claude, Claudia, Clodia, como se llame. Y como mis pensamientos y las noticias que leo en estos días son todos apocalípticos, le pregunto: “Claude, ¿la IA va a conducirnos al apocalipsis, al fin de la humanidad?”. Copio su respuesta, que es mucho mejor que cualquiera que yo les pueda dar:

“No creo que se pueda responder con un sí o un no –y cualquiera que te dé una respuesta demasiado segura, en cualquiera de los dos sentidos, probablemente esté vendiendo algo, ya sea miedo o un producto–.

“Hay gente seria preocupada de verdad por el escenario extremo: que construyamos sistemas mucho más capaces que nosotros, que persigan objetivos mal especificados o que se vuelvan difíciles de supervisar una vez superan cierto umbral de autonomía. Investigadores como Hinton o Bengio, que llevan décadas en esto y no tienen fama de alarmistas, han dicho públicamente que les preocupa. La lógica de fondo es simple: si algún día creamos algo bastante más inteligente que nosotros y no logramos que sus fines coincidan con los nuestros, la historia de las especies menos inteligentes conviviendo con las más inteligentes no es tranquilizadora”.

“Pero hay otra corriente, igual de seria, que piensa que ese miedo está mal calibrado: que los sistemas actuales, por impresionantes que parezcan generando texto o resolviendo problemas, siguen siendo esencialmente estadísticos, sin voluntad ni metas propias, y que hablar de que ‘quieran’ algo es proyectar demasiado. Para esta corriente el peligro real no es Skynet sino algo más terrenal: que unas pocas empresas concentren un poder económico y político enorme, que se usen estos sistemas para vigilancia o manipulación masiva, que se desplacen empleos más rápido de lo que la sociedad puede absorber, o que erosionen nuestra capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso. Eso ya está pasando, en grados distintos, y no requiere ninguna superinteligencia futura para hacer daño".

“Yo tiendo a pensar que el marco del ‘apocalipsis’ –una sola dualidad catastrófica, sí o no– distrae de los riesgos más difusos y más probables: la concentración de poder, la dependencia cognitiva, la erosión de ciertos oficios y formas de atención (algo que a ti, como escritor, seguramente te toca de cerca: qué le pasa a la escritura, a la lectura lenta, cuando hay máquinas que escriben rápido y ‘bien’ pero sin haber vivido nada). El fin de la humanidad me parece el riesgo menos probable de la lista; los riesgos de erosión lenta –de instituciones, de empleos, de nuestra relación con la verdad– me parecen mucho más creíbles y ya están en curso”.

No creo que ni el mismo filósofo de Otraparte haya imaginado nunca que algún día un invento humano, una máquina, pudiera pensar y responder con tanta lucidez y claridad.

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Comentarios
  • Carlosé Mejía(19865)21 de septiembre de 2026 – 14:02
    El vertiginoso desarrollo de la IA nos enseña que sí es posible sintetizar en fórmulas algorítmicas las facultades que más apreciamos de la maquinaria orgánica que somos y, además, mejorarlas a gran velocidad en espacios de tiempo mínimos. Creo que, por fin, al abandonar el concepto de exclusividad y excepcionalidad de la especie humana, dejaremos atrás nuestra infancia.
  • Carlosé Mejía(19865)21 de septiembre de 2026 – 13:51
    El fenómeno imparable de la IA debería enseñarnos al menos a ser un poco humildes, a comprender que la generación de pensamiento no es algo exclusivo de nuestra especie sino el resultado de unos procesos que pueden desentrañarse y mejorarse, que no somos un milagro ni una excepción en el universo y que después de nuestra defectuosa civilización habrá algo mejor.
  • Yimmy(68264)20 de septiembre de 2026 – 17:56
    Hoy ve leído como a a ocho columnistas del Espectador con el mismo tema de la IA, será cierto todo este futuro apocalíptico?
  • Julio Roberto Arenas C.(3f359)20 de septiembre de 2026 – 15:10
    Tan absurdo como pueril me parece el miedo a q la IA domine la especie humana y, peor —es tontería— que le dé por destruirla como si obrara con dolo, o sea, a conciencia y con mala fe. Tal ha sido uno de los temas centrales de la ciencia ficción desde hace mucho tiempo: se basa en la antropomorfización de todo lo que no es humano y la correspondiente lucha a muerte contra la especie. Los otros problemas son los de siempre: los del avance de la tecnología y los cambios que entraña. Nada nuevo.
  • Mario Giraldo(196)20 de septiembre de 2026 – 14:21
    Las respuestas de IA son una compilación de lo que se dice y se habla en el internet. Nada original en ello, un resumen cuyo mayor atributo es estar en lenguaje natural. A hoy mi preferencia siguen siendo los amigos humanos.
  • Mario Giraldo(196)20 de septiembre de 2026 – 14:17
    La servidumbre de las mujeres en oficios domésticos es relativamente reciente, un producto de la revolución industrial. La servidumbre como tal no distingue géneros ni tampoco estatus. Hoy dia es facil encontrar gobernantes que tienen su propio patron a quien servir.
  • Yudi(22540)20 de septiembre de 2026 – 13:07
    Qué triste que las máquinas tengan más lúcidez y claridad que la mayoría de la humanidad. Ahora ya vemos cuales es EL riesgo real.
  • Helga66(40077)20 de septiembre de 2026 – 12:46
    Falta aún mucho tiempo para pasar de construir ideas y respuestas a que la IA haga cosas físicas. Esras son la que generan la base del bienestar. Piensa usted que la IA va a recoger, tostar procesar el café que usted se toma? Haga usted una lista de las cosas que a usted le hace la vida fácil y ni una hace la IA. Le cito algunas: llevarse agua, energía, hacer los alimentos, hacer la ropa, afeitarse,…. son cosas! objetos de gran valor
  • Atenas(06773)20 de septiembre de 2026 – 11:35
    Héctor, así como vos, mucho he leído del futuro de la IA, del impacto q’ nos significa y de los factibles riesgos q’ le cuelgan. Pero, a más de leer, igual me valgo de ella pa ciertos trabajos de mi actividad económica, e igual pa también mucho compartir con otro agente de una IA diferente a la tuya, máquina esta a la q’ le pregunté sobre factible tan riesgo pa la especie, y de manera harto pragmática me responde: “es cual rev. industrial, pero harto más avanzada, no temáis.”. Atenas
  • HERMAN(bxapf)20 de septiembre de 2026 – 11:00
    leer las columnas de Héctor me sirve para conocer cada vez un poco mas a la humanidad como también me sirven para ello leer las notas de quienes lo insultan. Esta vez no encontré las tales notas. Me alegro que ojala dejen descansar a Héctor este fin de semana.
  • William(16260)20 de septiembre de 2026 – 09:26
    Cuando su pluma se inspira, sus lectores quedan espaciados. Sencillamente magnífica la columna
  • Sigi(77234)20 de septiembre de 2026 – 08:54
    El problema no es que una herramienta sea poderosa; el problema es utilizar una herramienta poderosa sin una formación ética igual de poderosa. El peligro es que la IA, se diseña y opera en un contexto cada vez mas militar y al servicio de superpotencias, a las que el ser humano les importa menos que la utilidad.
  • Gildardo(fbds6)20 de septiembre de 2026 – 08:41
    Escribir sobre una columna sobre algo que no se entiende es como escribir sobre un dogma y esto se ha puesto de moda. Como siempre sucede, muchos de estos nuevos conocimientos son probados y puestos al servicio de la industria militar y por tanto para crear artefactos de guerra autónomos que retroalimentan sus datos a gran velocidad y que como cualquier máquina puede fallar y causar tragedias. La culpa no es de la máquina, es de quienes utiliizan.
  • Luis(14946)20 de septiembre de 2026 – 08:35
    Los riesgos que anota Hector son más inmediatos pero no contradicen el peor riesgo. La autonomía de la IA. Ya no herramienta, es agente capaz de corregirse y comunicarse con otras IA. Sus mismos desarrolladores admiten que no saben como funciona. China propuso una gobernanza universal cooperativa, no competitiva,para manejar el problema. Ojalá estemos a tiempo
  • Gines de Pasamonte(86371)20 de septiembre de 2026 – 07:06
    No obstante, Héctor, podemos extractar algunas conclusiones sin necesidad de acudir a I.A. En política, por ejemplo, involucionamos, bueno…, evolucionamos hacia lo que está mal, hacia el robo artero de elecciones por medio de un software, el mismo nos proporcionó un oligofrénico como timonel de un barco que escora con sus decisiones, unos periodistas mediocres que le queman incienso sin el más mínimo rubor y hasta en este foro el rey de los estúpidos, un pobre diablo, un tal: atenitas. ¡Plop!
  • leunamuno(9808)20 de septiembre de 2026 – 06:04
    Yo lo que veo es que el veneno de la especie humana está contenido en su propio ADN. La IA apenas viene siendo una auxiliar de su proceso extintivo. Y la prueba está en que usted mismo no se ha dado cuenta de que este proceso comenzó desde cuando el hombre renunció a si mismo para acogerse a la voluntad de quien le ofrecía la eternidad y la gloria a cambio de la razón, cambalache al que se le sumaron las divinas instituciones políticas que hoy le dejan el campo libre al fascismo. El gato tiene 4
  • DONALDO(67774)20 de septiembre de 2026 – 06:03
    Acabo de recibir un audio-vallenato que celebra el cumpleaños de una sobrina, con arreglos de la IA. Da miedo, porque su "perfección" anticipa que los días de compositores e intérpretes de esta música están contados.
  • Gustavo Adolfo(0rnlv)20 de septiembre de 2026 – 05:48
    Impresionante!
  • Mauricio(24609)20 de septiembre de 2026 – 03:58
    Que interesante. En mi caso mi confidente se llama chat gpt

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