
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En los círculos cristianos se habla de “la sana doctrina”. La expresión viene de las cartas de San Pablo y se refiere a la enseñanza considerada correcta acerca de Dios y de la fe. Hasta aquí, nada raro: toda religión necesita distinguir entre lo que enseña y lo que alguien acaba de inventarse. El problema es quién decide cuál doctrina es sana.
La religión se ocupa de preguntas que no admiten una comprobación como las de la ciencia. Podemos comprobar que la Tierra gira alrededor del Sol, pero no que Dios sea uno y trino, que Cristo haya resucitado, que Mahoma haya recibido el Corán del arcángel Gabriel o que después de la muerte nos espere el Cielo, el Infierno, la reencarnación o nada. Eso no vuelve absurdas a las religiones. Quiere decir que sus afirmaciones pertenecen a otro tipo de conocimiento, y explica por qué las grandes religiones han construido instituciones encargadas de conservar, interpretar y transmitir sus creencias.
La Iglesia católica tiene sacerdotes formados durante años, obispos, universidades, teólogos, derecho canónico, concilios y un papa. Los anglicanos tienen obispos, sínodos y seminarios; los judíos, rabinos y largas tradiciones de interpretación; otras iglesias cristianas tienen pastores formados, seminarios y organismos que establecen qué enseñanzas reconocen como propias. Cada religión resuelve de manera distinta el problema, y dentro de ellas abundan las disputas. Por eso existen esas instituciones.
También existen personas que se proclaman a sí mismas pastores, profetas, apóstoles o intérpretes autorizados de Dios. Y aquí comienza a ponerse interesante el asunto colombiano. Según el Ministerio del Interior, en Colombia existen jurídicamente más de 12.000 comunidades de fe. Sería bastante más difícil que un funcionario decidiera si el Espíritu Santo efectivamente habla por boca de su pastor.Y ahora tenemos un presidente que termina una y otra vez sus intervenciones con el grito: “¡Viva Cristo Rey!”. Abelardo de la Espriella tiene todo el derecho a creer en Cristo. También tiene derecho a decirlo. Ser presidente no obliga a volverse ateo y la libertad religiosa protege al creyente tanto como al incrédulo. Pero ser presidente no lo convierte en autoridad religiosa.
“Cristo Rey” pertenece a una larga tradición y tuvo usos políticos concretos. La fiesta de Cristo Rey fue instituida por Pío XI en 1925; el grito fue adoptado por los cristeros mexicanos, los requetés españoles y otros movimientos católicos armados del siglo XX. Cuando un presidente colombiano lo convierte en estribillo de sus discursos, está incorporando un símbolo religioso a la representación pública del poder.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿qué Cristo? ¿El Cristo de la Iglesia católica? ¿El de los anglicanos? ¿El de una de las miles de iglesias evangélicas? ¿El que predica algún pastor de televisión? ¿El que entiende Abelardo?
El problema se vuelve más divertido porque, si el presidente invoca a Cristo Rey como fundamento de sus decisiones, alguien tendrá que explicarnos cuál es la sana doctrina de este reino. La respuesta católica sería una; la de un pastor pentecostal, otra; la de un cristiano progresista, otra. Un judío, un musulmán o un budista comenzaría por rechazar la premisa, y millones de colombianos podrían contestar que el asunto no les concierne.
Por eso las democracias encontraron una solución sabia: el Estado no resuelve las disputas teológicas. Protege la libertad de todas las religiones y de quienes no profesan ninguna. La separación tiene una ventaja adicional para las propias religiones. Si el gobernante puede declarar cuál es la verdadera fe, mañana podrá decidir cuál es la falsa. El poder que hoy favorece mi credo puede perseguirlo cuando cambie de manos.
Abelardo puede gritar “¡Viva Cristo Rey!” cuantas veces quiera como creyente. Como presidente tendría que recordar que en Colombia gobierna él, dentro de la Constitución y por mandato de los ciudadanos. Y si de veras quiere conocer la voluntad de Cristo, tendrá que hacer lo mismo que los demás fieles: buscarse una iglesia de sana doctrina.
* Director de "Razón Pública".
-
Jesús Antonio(k5lrf)•Hace 12 minutosDefinitivamente este periodico necesita una renovación de opinadores.. pq ahora a este viejito Gaga le parece apenas normal que el presidente ilegítimo termine sus discursos con la arenga viva Cristo rey… Que falta de seriedad de este viejito Gaga ni siquiera se atreve a cuestionar con seriedad pq se caga del miedo a las represalias .. si fuera en el gobierno anterior..se descorcharia criticando pq ahí si hubo libertad de opinión..por lo menos para estos falsos periodistas.. que calamidad
-
Jose Francisco(kx2at)•Hace 51 minutosEs imposible estar de acuerdo. Comete más de un error de sana lógica. Veamos uno: Según Gómez Buendía, decir "Viva Cristo Rey" es poner a Cristo como fundamento de las decisiones del presidente. ¿Cómo así? No necesariamente. Veamos otro. Al final del artículo dice: "Si Abelardo quiere conocer la Voluntad de Dios…" Ahora decir "Viva Cristo Rey" es querer conocer la voluntad de Dios. Eso es falso y necio. Por eso, entre otras, estoy en desacuerdo con el gran Gómez Buendía.
-
Fairta(73676)•Hace 2 horasImposible, no estar de acuerdo