21 Apr 2019 - 7:40 a. m.

Centro Andino: una mano en una mano

El vídeo sobre el incidente con los dos gais en el Centro Andino, acusados de incurrir en actos obscenos, indica que el hecho no es cierto. La persona que se quejó sostiene lo contrario. La cuestión es más que un asunto de pruebas. Es de conceptos. ¿Qué es lo obsceno?

Es obvio que el estándar de lo obsceno corresponde a creaciones nuevas en el cerebro. Los animales llevan a cabo apareamientos sin restricción. El pudor proviene de contenidos sociales. Una acumulación de frenos que reflejan creencias formadas en la sociedad y que permean la conducta de los individuos. En su origen, hay una relación de esas censuras con el principio del placer. Los hombres cubren sus genitales y las mujeres agregan los senos. Pero la existencia de variantes demuestra que la obscenidad es una creación social. Bañistas de clase media en Holanda exhiben sus genitales como algo normal. Tampoco mujeres indígenas en el Amazonas tapan sus senos. No es obsceno desnudarse ante el médico. Ni dar de mamar al bebé en público. Aún más, ni la madre que muestra su seno siente pudor, ni el observador deriva lascivia.

El caso de el Andino puede mostrar que los estándares se han movido para albergar comportamientos vedados cuando se trata de personas del mismo sexo, algo que fue reafirmado en la besatón del miércoles. Un beso de dos mujeres era un escándalo. Hoy lo hacen las artistas en los conciertos en medio de aplausos. Dos jóvenes varones tomados de la mano en un centro comercial puede repugnar a algunos, pero ya no corresponde al concepto actual de obscenidad.

Entonces de la antropología pasamos a lo jurídico. Hay un vacilante tiovivo en la materia. Stewart, magistrado gringo, dijo que no podía definir lo obsceno, pero que sí sabía cuándo estaba frente a ello. Las cortes han ido cambiando, van y vuelven, según orientaciones políticas, muchas veces no dictadas necesariamente por la comunidad, sino por las creencias de los jueces. Lo que no ha cambiado en la Corte norteamericana es el movie day. Los magistrados se reúnen a ver las películas acusadas de pornografía comiendo crispetas. Rico, ¿no, don Pepe?

¿Qué es la comunidad? Los jueces más liberales defienden una noción amplia, al menos nacional. Los conservadores se limitan al entorno inmediato. Y esto tiende a mezclarse con la religión. Alejandro Ordóñez siendo consejero de Estado denunció penalmente a Daniel Samper, director de SoHo, por la alegoría de una Última Cena con Alejandra Azcárate desnuda y una crónica irreverente de Fernando Vallejo. Tuve el honor de defenderlos y ganar, no sólo con argumentos sobre la libertad de expresión, sino también con la apelación a la creación artística. Griegos y romanos derrocharon desnudos a tutiplén. En la Edad Media vino la represión, pero el Renacimiento no solo recuperó el sexo artístico, sino que lo ligó a lo religioso. Hay, entre muchos otros, un cuadro de Pedro Machuca con una Virgen María exhibiendo los senos y sacando leche de uno de ellos para las almas del purgatorio. Esta escena se repite en Camping, “La Virgen y el Niño”, también en Fouquet en Amberes. Y la desnudez religiosa campea en Boticelli, Lucas Cranach, Rafael, Rubens, miles más.

Ni la obscenidad es matemática, ni
corresponde a valores religiosos inmutables. La lucha por la represión, como lo mostró el Andino, ahora tiene rostro político.

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