Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Le debo a la profesora Elissa Lister Brugal[1] el haber aprendido que “apatridia” es la carencia de ciudadanía. Nos encontramos el 16 de septiembre en Medellín, después de que Ángel Quintero se hubiera referido a la matriz africana de la música caribeña. Hablamos del Escudo de las Américas, cuyos miembros replican propósitos del movimiento Make America Great Again, (MAGA) como el de deshumanizar a los migrantes haitianos de Springfield (Ohio), de quienes el entonces candidato Trump dijo que se alimentaban de las mascotas de sus vecinos blancos. Ya en la presidencia, derogó el estatus de protección temporal concedido por Biden a quienes habían huido de Haití para salvar sus vidas. La ultraderecha latinoamericana clona esa eugenesia[2] que favorece el etnonacionalismo blanco al exaltar una ficticia hispanidad pura y políticas contra inmigrantes clasificados como ilegales: venezolanos, en el caso de la Patria Milagro; haitianos y sus descendientes, en la patria dominicana de la profesora Lister. Mientras que allá, en campaña, Luis Abinaner prometió ponerle fin a la desnacionalización de los haitiano-descendientes, una vez posesionado dejó intacta la sentencia 168/13 de 2013, mediante la cual el Tribunal Constitucional, dictaminó que “sólo se consideran como nacionales las personas nacidas en territorio dominicano de padres dominicanos o residentes legales”. Según el informe que en 2015 publicó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), esa “interpretación se aplicó en forma retroactiva a todas las personas nacidas entre 1929 y 2010, privando arbitrariamente de su nacionalidad dominicana a cientos de miles de personas de ascendencia haitiana, y creó una situación de apatridia nunca antes vista”. Pese a que un editorial de El Espectador examinó los efectos negativos de esa normatividad, hoy me referiré al “genocidio civil” que para la profesora Lister se despliega en la República Dominicana.
Ella hace énfasis en al menos dos categorías a cuyos límites ambiguos contribuyen las autoridades. La más obvia es la de los inmigrantes, atraídos desde Haití por el boom de la construcción, básico para los desarrollos turísticos que hoy vertebran la economía dominicana. Luchando en contra del antihaitianismo generalizado, buscan el amparo de la sentencia 168/13 para legalizar su estatus y dejar de ser apátridas. El segundo conjunto es el de los dominicanos descendientes de aquellos haitianos, quienes víctimas de redadas violentas o migrantes voluntarios, fueron enganchados al corte de caña de azúcar a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Su negrura eufeminizada como “apariencia haitiana” y la confiscación o “secuestro” de la documentación que acredita su nacionalidad dominicana también puede convertirlos en apátridas. Desde noviembre de 2021, el antihaitianismo cuenta con una “una política sistemática de persecución y deportación contra mujeres haitianas embarazadas…”. Una de sus materializaciones ocurrió el 25 de mayo de 2025, cuando Lourdia Jean Pierre murió desangrada en su casa de Santo Domingo, luego de haber dado a luz a su bebé. Como otras inmigrantes aterradas por la deportación, no buscó asistencia médica hospitalaria. “Las autoridades policiales, presentes en el lugar, detuvieron al padre y al recién nacido y los entregaron a agentes de migración para su deportación, impidiendo además el acceso a la vivienda donde permanecía el cuerpo”, reza la denuncia de circulación internacional que me hizo llegar la doctora Lister y a la cual apoyaron 400 firmantes de 26 países.
La galardonada investigadora, Timnit Gebru, advierte que pronto habrá agentes de inteligencia artificial que perfeccionarán una genética blanca consecuente con el nazismo de cibertecnócratas como Elon Musk (SpaceX). Con rigor, Anthropic y otras IA no solo precisarán “apariencias” como la “haitiana”, sino el domicilio al cual le apunte un sicario o un dron, como sucede a diario en Gaza y Cisjordania. Fuera de escribir, no sé cómo contribuir a obstaculizar la exacerbación de racismo y genocidio.
* Doctor en antropología cultural, miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.
[1] Doctora en Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, profesora asociad a, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.
[2] Eugenesia, estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana (RAE).
-
alenpe(67430)•Hace 25 minutosCon el ascenso al poder del yo me llamo Trump, se va a complicar la situación de las etnias indigenas y afrodescendientes y como en Republica Dominicana puede ser que se les desconozcan sus derechos a ser ciudadanos colombianos.
-
Alvaro(36332)•Hace 1 horaBuena columna.
-
HECTOR FERNANDO(32901)•Hace 2 horasPara desgracia de la humanidad, los que se autodenominan patriotas y gente de bien, así piensan y actúan
-
Jose Francisco(kx2at)•Hace 4 horasJaime, sin comentarios. No veo ningún comentario.