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Irán: hacia una guerra civil étnico-religiosa

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Javier Ignacio Niño Cubillos
06 de abril de 2026 - 08:59 p. m.
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La guerra de Occidente contra Irán, iniciada luego de la Revolución Islámica, ha pasado por diferentes fases, de confrontación y diplomacia fallida, que en vez de superarse se yuxtaponen. La primera inicia con la respuesta a la amenaza de destrucción al Estado de Israel; la segunda, de contención o conformación de grupos de resistencia desde la perspectiva chií como: los hutíes en Yemen, Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza, que han utilizado el terrorismo como arma; y la tercera, para evitar la construcción de armas atómicas derivadas del interés de enriquecer uranio con fines civiles. Lo cual ha desencadenado, en cabeza de Estados Unidos, la imposición de sanciones en contra del régimen iraní, mientras que Israel, a través del Mossad, persiste en diezmar a la dirigencia en Irán y la de sus aliados en Medio Oriente, a los que considera enemigos legítimos.

La continuación de la guerra de los Doce Días de junio de 2025, entre Estados Unidos e Israel en Irán, continúa desde el 28 de febrero de 2026, en progresión, con graves ataques a la población civil y evidencia de crímenes de lesa humanidad; y con irreversibles repercusiones en la infraestructura económica y energética de los países participantes en Oriente Medio. Irán estaba preparado para un ataque como el perpetrado por Israel y Estados Unidos, incluso para afrontar la pérdida del ayatolá, parte de la dirigencia gubernamental y de los comandantes de la Guardia Revolucionaria. Alí Jamenei ya había dado a conocer un listado de posibles sucesores en caso de su muerte, como lo demuestra el rápido nombramiento de su hijo, Mojtaba Jamenei.

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El actual ayatolá no ocupaba un alto rango clerical ni gubernamental, y ha sido elegido por los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, máximo órgano político y religioso a nivel constitucional en Irán; que lo ha nombrado para comandar la guerra, instruir al ejército y guiar espiritualmente a la población chií, mayoritaria en Irán; y con presencia en Siria, Líbano, Irak, Azerbaiyán, Baréin, Yemen y, en menor proporción, en otros países. En el mundo, más de 200 millones de personas consideran a la figura religiosa del ayatolá como su líder espiritual.

Del mismo modo, como ocurrió con las amenazas de guerra en 2025, la respuesta a un ataque de la dimensión dada en 2026 generó la prohibición de navegar por el estrecho de Ormuz, en particular, para algunas embarcaciones de Estados considerados hostiles por parte de Irán, dejando pasar solo a las de banderas que habían negociado previamente con Teherán. Por Ormuz circula el 20% de la producción de gas y petróleo a nivel mundial. Lo que genera daños colaterales en múltiples países como China, Corea del Sur o Filipinas; este último ya declaró la emergencia energética en el país.

Aunque el ataque de Irán inicialmente se dirigió a las bases militares y a las sedes diplomáticas estadounidenses en Medio Oriente, se ha extendido a objetivos energéticos en los países aliados de Estados Unidos, lo que representa una afectación a la población civil aledaña a estos complejos, al mercado turístico y a su dinámica económica. Misiles y drones de origen iraní han afectado, de menor a mayor proporción, a Siria, Jordania, Omán, Irak, Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos.

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A este punto, vale la pena resaltar, en la búsqueda para detener la guerra, la mediación paquistaní como portador de la propuesta estadounidense y el rol que ha jugado Turquía para evitar que los países árabes ataquen a Irán. Situación que también ha generado un cambio en la percepción de seguridad por parte de los países de Oriente Medio, debido a las costosas inversiones que han hecho para obtener protección por parte de Estados Unidos; que no se corresponde al escalamiento de la guerra, el temor generalizado de sus habitantes y a la improcedencia internacional de visitar estos países. En contraste, según diferentes sondeos, la población de Israel aprueba en cerca de un 80% el conflicto, mientras que en los Estados Unidos más del 60% lo rechaza. Datos relevantes frente a las próximas elecciones legislativas en octubre de 2026 en Israel y en noviembre de 2026 en Estados Unidos.

Procesos electorales que pueden generar una fractura en su alianza, ocasionando un impulso dispar en la guerra, como ya ocurrió con su denominación, a la que Estados Unidos llama Furia Épica mientras que Israel denomina León Rugiente. Por su parte, el Estado judío espera que la continuidad en el conflicto le dé favorabilidad en las urnas para los partidos políticos Likud, Yesh Atid y Otzma Yehudit, que son mayoritarios en la Knéset (asamblea) y sostienen en el gobierno a Netanyahu. En tanto, el presidente Trump enfrenta unas elecciones en las que debe conservar la mayoría republicana en el Congreso, por lo que apelará a una estrategia híbrida para finalizar pronto la guerra, pero con la necesidad de mostrar un rédito visible, motivo para enviar tropas de élite con el fin de recuperar el estrecho de Ormuz, debido a su alto impacto en las finanzas mundiales y estadounidenses.

Terminar la participación directa en la guerra para Estados Unidos es urgente, pero no será una tarea fácil. En primer lugar, por la negación de los países de la OTAN a participar en esta guerra que consideran ajena; en segundo lugar, porque cada día que continúe el conflicto serán mayores las consecuencias para la economía mundial y doméstica en los Estados Unidos; en tercer lugar, por la pérdida de millares de vidas inocentes y la expansión de la amenaza terrorista, en particular contra estadounidenses y judíos en muchos países, como ocurrió con el ataque perpetrado en la playa de Bondi en Sídney, Australia, ante una comunidad judía que celebraba la Janucá; y en cuarto lugar, por no lograr deponer al régimen iraní, lo cual requeriría una incursión por tierra en contra del ejército comandado por la Guardia Revolucionaria.

En este último aspecto, Estados Unidos preferirá armar a los grupos étnicos y religiosos opositores. Lo cual supondrá generar tensiones civiles en Irán, intentar contener las dimensiones del conflicto para que no se extienda por Medio Oriente, recuperar los indicadores económicos globales y, posiblemente, conservar la mayoría en el Congreso estadounidense.

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