Publicidad

¿Qué pasa en Cancillería?

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La situación en Cancillería parecería confirmar aquella variante de la Ley de Murphy, según la cual cualquier situación mala es susceptible de empeorar. Esta vez no se trata del manido tema de los pasaportes, que ha vuelto a despertar y que podría complicarse. El desgobierno que se observó durante los últimos 4 años, hasta el 7 de agosto pasado, muestra síntomas de estar evolucionando a niveles de mayor desorden y negligencia. Posiblemente mucho tiene que ver con la ausencia de un proceso de empalme, durante el cual por lo menos se entregan las cuentas y se informa el estado de los temas en trámite.

Tampoco se trata de las orientaciones políticas que empezaron a hacerse explícitas desde antes del cambio de gobierno, con declaraciones que, de hecho, cambian líneas políticas como las relacionadas con el Sahara Occidental y el conflicto en Medio Oriente, o el cierre sin fórmula de juicio de un número significativo de representaciones diplomáticas alrededor del mundo. Ninguna de esas decisiones, ha sido explicada y todas ellas han terminado cambiando posiciones que el país había sostenido históricamente. Pero eso no es todo.

Buena parte de los problemas tienen que ver con el manejo interno de la Cancillería, cuyo jefe limita sus pronunciamientos públicos a videos producidos internamente, que no tienen posibilidad de ser cuestionados ni admiten siquiera pedir una explicación. Incluso en asuntos rutinarios como el nombramiento de embajadores, se persiste en prácticas contrarias a las costumbres y normas internacionales, como el anunciar nominaciones sin contar con el requisito del beneplácito.

Este tipo de situaciones no solo constituyen una descortesía diplomática, al generar una presión indebida sobre el estado receptor, sino que además expone a la persona candidatizada al riesgo de una negativa pública de su postulación. Ya se conocen algunos casos de personas para quienes los países para los cuales se les nominó no han expresado su aceptación. Es importante recordar que el beneplácito no solo es una norma obligatoria en las relaciones diplomáticas, sino que expresa la aceptación de una persona que, en su condición de huésped de honor, recibe inmunidades y privilegios de parte del Estado ante el cual aspira a servir.

El régimen internacional sobre el nombramiento y acreditación de embajadores y jefes de misión está contenido en el artículo 4° de la Convención de Viena de 1961 sobre relaciones diplomáticas, de la cual Colombia es signataria y, por tanto, está obligada a cumplir. Otro asunto a cuestionar es el de un decreto recién emitido, según el cual el presidente, como jefe de Estado, ya no recibirá las credenciales de los embajadores acreditados en Colombia. Nuevamente la descortesía diplomática como política.

A lo anterior siguen, además, manejos internos bastante cuestionables. Al cúmulo de dudas que genera la hoja de vida del canciller, llena de interrogantes y vacíos, cuando no abiertas falsedades, se suma ahora la autocertificación de experiencia que expidió la flamante y poderosa Secretaria General, con base en la cual pretendió demostrar la experiencia requerida de 5 años, a partir de una empresa de su propiedad que tenía apenas 3 años de creación. Ese parece ser un modus operandi, pues idéntica conducta se observó en la directora del ICBF.

Como si todo lo mencionado fuera poco, es importante agregar el maltrato generalizado a los funcionarios, en especial, aunque no exclusivamente, los de carrera diplomática. Varios de ellos son embajadores de carrera, de los pocos que se mantenían en oficio, quienes han sido reemplazados sin siquiera notificarlos previamente. Además, se han desplazado cerca de 30 funcionarios, entre ellos cerca de 20 de carrera, de posiciones que ocupaban en sitios como la Misión ante la ONU en Nueva York, o la misión en Ginebra, o embajadas a donde se pretende enviar a personas muy cercanas al jefe de Estado. Sobra indicar que todos esos movimientos significan jugosas erogaciones para el Estado, en un período en el que se supone se está aplicando una política de austeridad.

En la misma línea, una conocida y militante tuitera denuncia con furia la ausencia del retrato del presidente Abelardo de la Espriella en una sede consular, ignorando que existe una norma, el decreto 1678 de 1958, que prohíbe colocar en las oficinas públicas retratos del presidente de la república. A pesar de lo que indica esa norma, actualmente vigente, las representaciones del país alrededor del mundo recibieron hace unos días una instrucción para imprimir y colgar en cada una de sus sedes la foto del mandatario. Tal vez haya que observar que esa es una norma que tiene casi tiempo de vigencia como de inobservancia. El culto a la personalidad, ahora en boga, parece ser en este caso lo que ha motivado la mencionada instrucción.

Finalmente, aunque no por eso menos importante, la anunciada guerra cultural declarada por el gobierno y que ya tuvo una batalla en el Museo Nacional, se traslada ahora a la Cancillería. La biblioteca de la Academia Diplomática, que contiene cerca de 21.000 volúmenes sobre temas internacionales, además de las memorias del ministerio de dos siglos, ha sido cerrada en medio de la noche, en una operación que recuerda períodos oscuros de las dictaduras. Aparentemente, el propósito es utilizar el espacio del antiguo colegio de La Presentación para restituir una capilla, en donde se oficiará misa semanal.

En suma, el gobierno que dice haber llegado para cambiar “para siempre” la política ha mostrado que, al menos en términos de política exterior, lo que ha mostrado es la voluntad de profundizar en prácticas reiteradas de los anteriores gobiernos, algunas veces profundizarlas y, sobre todo, agregar el irrespeto y maltrato como novedad. Lo que nunca debería ocurrir es lo que está ocurriendo.

José Luis Ramírez León

Por José Luis Ramírez León

Abogado, analista internacional, profesor, periodista y diplomático. Colabora con varios medios de comunicación, nacionales e internacionales, así como diversos pódcast. Fue asesor del secretario general de la OEA y secretario general de la CAF.
Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
  • DONALDO(67774)•Hace 46 minutos
    "Incertidumbre", ese parece ser el eslogan que mejor le calza a cada día de este gobierno.
Lo que es tendencia

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido