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EL ÉXITO DEL DÍA SIN CARRO Y LA PERmanencia del Pico y Placa se han logrado por el miedo a las altas multas a los infractores.
Está comprobado que el civismo es mayor cuanto más caras sean las multas. Cuando se perdonan la suciedad y las trampas humanas, nada se arregla. Por ejemplo, hay calles, parques y paseos donde los dueños no controlan el desaseo de sus mascotas, y nadie los sanciona. En obras nuevas y en arreglos de desperfectos hay poca preocupación por retirar los escombros o tapar los huecos, que permanecen años y años obstaculizando a los peatones. Los mismos empleados públicos y los contratistas no se preocupan por reparar daños o cumplir plazos en sus trabajos. Parecido a lo que pasa en casos gigantescos como la calle 26 o el aeropuerto El Dorado.
En cambio hay vías en barrios obreros en el sur, el occidente o en estratos altos en el norte, donde vecinos y funcionarios diligentes han logrado buen aseo, andenes a nivel y sin obstáculos y muros libres de la desastrosa plaga de los grafiteros. Pero en el resto de la ciudad se permite y estimula el cubrimiento de muros, postes o puentes, con pinturas extravagantes, para imitar a otras ciudades donde se hace lo mismo, o peor. Nueva York tardó muchos años en lograr la limpieza en el metro y en las calles, gracias al empleo de pinturas o materiales fácilmente lavables.
Esta semana se denunció el uso de muros para pintar consignas de las barras bravas del fútbol, de oportunistas con propaganda preelectoral gratuita o claves de las pandillas callejeras culpables del aumento de la violencia en las ciudades.
Bogotá será más viable y ordenada cuando haya carteleras o vallas en las que se cobre por propagandas decentes y con previo permiso, y sean efectivas la persecución y las sanciones a grafitis y carteles abusivos.
Coletilla. Si hay días para aires limpios, que también los haya para muros despejados y calles y andenes sin obstáculos.