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Durante el primer juicio de Alfred Dreyfus, en diciembre de 1894, predominó una reacción de condena anticipada: buena parte de la prensa y de los dirigentes políticos asumió su culpabilidad antes de conocer las pruebas. La acusación de haber entregado secretos militares a Alemania encontró un terreno favorable en el nacionalismo francés, marcado por la derrota de 1870, y en el antisemitismo rampante en aquel tiempo. La condición judía del capitán se convirtió, para algunos periódicos, en una supuesta explicación de su traición. La Libre Parole, de Édouard Drumont, desarrolló una campaña abiertamente antisemita, mientras La Croix lo identificaba, el 29 de noviembre de 1894, como el «traidor judío Dreyfus». Así, la sospecha contra un individuo se extendía hacia toda una comunidad.
Las declaraciones oficiales contribuyeron a consolidar esa percepción. En una entrevista publicada por Le Journal el 17 de noviembre de 1894, el ministro de Guerra, general Auguste Mercier, afirmó que había ordenado detener a Dreyfus cuando tuvo certeza de que era el responsable de la filtración. Esa afirmación precedió al juicio y otorgó respaldo institucional a la campaña periodística. Cuando el tribunal militar lo condenó, numerosos diarios recibieron el fallo como la confirmación de una culpabilidad que ya daban por establecida.
La degradación pública del 5 de enero de 1895 convirtió la sentencia en un espectáculo de humillación. Las crónicas registraron una multitud hostil y gritos que reclamaban la muerte del condenado. Léon Daudet, en Le Figaro del día siguiente, describió a Dreyfus mediante imágenes degradantes y referencias antisemitas; Maurice Barrès recurrió a la figura de Judas para interpretar la ceremonia.
El primer artículo de Zola abiertamente favorable a Dreyfus apareció en Le Figaro el 25 de noviembre de 1897. La resistencia a su intervención fue feroz: sus artículos en defensa de la revisión del proceso provocaron cancelaciones de suscripciones al periódico. La presión de lectores y accionistas del diario contribuyó a que el periódico interrumpiera la campaña. Las puertas de Le Figaro se cerraron para Zola a pesar de su prestigio literario: intervenir en favor de Dreyfus implicaba enfrentarse también a sus propios lectores, a los dueños del periódico, a los militares y al gobierno.
Empero, la publicación de «J’accuse…!» en L’Aurore, el 13 de enero de 1898, multiplicó extraordinariamente la atención sobre el caso (según la Biblioteca Nacional de Francia, aquel número de L’Aurore vendió más de 200.000 ejemplares). Sin embargo, esa difusión no significó una aceptación de sus argumentos. Al día siguiente, La Presse presentaba a Zola como un novelista extraviado en la política, mientras La Croix calificaba el texto de odioso y relacionaba la circulación de sus novelas en Alemania con sus supuestas simpatías de los enemigos de Francia. La discusión dejó de centrarse solamente en las pruebas contra Dreyfus: también se puso en cuestión la legitimidad del escritor para desafiar al Ejército.
Durante su juicio por difamación, celebrado en febrero de 1898, Zola fue condenado a un año de prisión y 3.000 francos de multa, en un ambiente marcado por gritos de apoyo al Ejército y ataques contra los judíos. La prensa adversaria extendió la ofensiva a su persona y a su familia, publicando acusaciones contra su padre. Cuando se exilió en Inglaterra en julio, La Croix presentó su partida como una fuga y como una muestra de desinterés por defender la memoria paterna. Para sus adversarios, Zola encarnaba entonces al escritor que atacaba a las instituciones nacionales y eludía las consecuencias de sus actos. La palabra «intelectuales» se utilizó despectivamente desde sectores nacionalistas para desacreditar a quienes pretendían intervenir en nombre del conocimiento y la justicia.
El cambio de percepción se comenzó a producir cuando comenzaron a quebrarse las certezas oficiales. A finales de agosto de 1898, el descubrimiento de la falsificación de documentos por parte del coronel Henry y su posterior suicidio sacudieron la confianza en la acusación. Esto dio mayor credibilidad a las denuncias de quienes, como Zola, habían cuestionado al Estado Mayor. Sin embargo, el reconocimiento avanzó lentamente: en 1899, tras el nuevo juicio y el indulto de Dreyfus, cobró fuerza el deseo de cerrar el conflicto. Zola continuó reclamando la rehabilitación completa, una posición que todavía compartía una minoría. La disposición a aceptar una salida de apaciguamiento (perdón y olvido) era más amplia que la voluntad de esclarecer plenamente la injusticia.
La muerte de Zola, el 29 de septiembre de 1902, mostró cuánto había crecido su reconocimiento y cuánto persistía el odio. L’Aurore apareció con un borde negro de duelo y exaltó al escritor que había sacrificado su tranquilidad y su libertad por un inocente. Le Figaro lamentó la desaparición de uno de los grandes autores franceses. En cambio, La Libre Parole rechazó lo que consideraba la glorificación de un traidor y La Croix volvió a acusarlo de haber perjudicado a Francia y corrompido a sus lectores.
El caso Dreyfus es uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la nación francesa, un hito importante en la defensa de los derechos humanos y en la lucha contra el antisemitismo y el racismo. Pero quizá lo más importante para los tiempos que corren —y, sobre todo, para los que vienen— sea el deber de los intelectuales de comprometerse con lo correcto y no con lo conveniente a pesar de las consecuencias. Ante la conflagración que ya arde en el horizonte, la radicalización política, la violencia —cada vez más tolerada—, la mentira, el engaño y el horror que todo extremismo político ha traído y traerá consigo, quedan la sensatez y la valentía de las voces lúcidas. Frente a la maldad de los gobernantes y sus propagandistas, habrán de surgir voces independientes y sin miedo que representen, a pesar de todo, los valores de la justicia y la humanidad y que, como Zola estén dispuestas a poner en juego sus reputaciones y sus vidas.
En eso confiamos.
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Brayan Tibocha(jbw8b)•10 de octubre de 2026 – 17:25Cecilia Orozco, María Jimena Dusan, Laura Ardila, Daniel Coronel (con una sola L, añadió otra para mentir que es judío), son divulgadores de mentiras, odio, división e iniquidad, que al igual que hicieron con Dreyfus, han comenzado a emitir libelos y canalladas contra nuestro extraordinario presidente Abelardo. Es necesario rodear y proteger a nuestro excelente presidente de los ya evidentes e injustos ataques de estas basuras que posan de periodistas. El mensaje no puede caer en el vacío.
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Eduardo(27855)•09 de octubre de 2026 – 14:27Profesor, valiente, oportuna y supremamente bien escrita y fundamentada su columna de hoy. Felicitaciones. Con mayúsculas, FELICITACIONES!
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Tulio Claudio(70717)•09 de octubre de 2026 – 09:18Ante la barbarie que se avecina, el ejemplo de Zola para los intelectuales democráticos es imprescindible: sensatez, honradez, veracidad y la valentía, serán las banderas de la democracia.
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Jorge(27784)•09 de octubre de 2026 – 08:04Cecilia Orozco, María Jimena Duzan, Laura Ardila, Daniell Coronell y su gran equipo pueden ser, entre muchos otros, las víctimas más visibles y convertirse en los dreyfuss de Colombia. Es necesario rodearlos,protegerlos y que surgan muchos zolas dispuestos a defenderlos de los ya evidentes ataques. Su mensaje no puede caer en el vacío y su columna valerosa debe seguir la lucha
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Carlos Federico(ar680)•08 de octubre de 2026 – 21:24El mejor control que puede haber es el ejercido por el cuarto poder, esperamos que empiecen hacer lo correcto y no sigan con el silencio cómplice conveniente
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Alberto(3788)•08 de octubre de 2026 – 19:31Magnífica. "en eso confiamos". Gracias.
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Álamo(88990)•08 de octubre de 2026 – 13:10Empieza muy bien, don Julián, poniéndose con su columna como ‘botón’ de esa intelectualidad que anhela: justamente, denunciando la ‘opacidad’ que cubre, por miedo o conveniencia, a esa cada vez más escondida, cuando no vendida, voz en el país.
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Cordillerano(64187)•08 de octubre de 2026 – 11:43Excelente artículo, gracias al profesor López de Mesa
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CARLOS(lcggj)•08 de octubre de 2026 – 09:00A falta que hacen en el mundo y principalmente en Colombia, novelistas y ante todo periodistas del talante, la veracidad, la objetividad y la transparencia de EMILE ZOLA. En nuestro país, sin MARÍA JIMENA DUZÁN, CECILIA OROZCO TASCÓN, LAURA ACUÑA, DANIEL CORONEL, estaríamos en la oscuridad. Me disculpo porque me hace falta citar unos cinco excelentes periodistas más.
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Lalo(70277)•08 de octubre de 2026 – 14:16¿Laura Acuña, la idiotica pagada de sí misma?
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Juan(cnp52)•08 de octubre de 2026 – 08:38Atenas es ten bobo que no se dio cuenta que Julian (como el lo llama) se referia al fascismo.
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Boppi(61012)•08 de octubre de 2026 – 13:30¡Ah bestia¡
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Atenas(06773)•08 de octubre de 2026 – 07:59Julián, cierta/ oportuna tu columna pa los pesarosos tiempos q’ corren y q’ en un aspecto, de fortuna, estamos superando al menos en Occidente, al daño q’ a nuestra democracia le ha causado infame ideología cerrera a morir y q’ se resiste a desaparecer pese al constante caos q’ deja de legado y al defender una causa q’ de antemano está perdida, y lo q’ mucho se parece al caso Dreyfus q’ nos refieres, más originado en patrioterismo nocivo- el temor a Alemania-q’ en luchas ideológicas. Atenas
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Cordillerano(64187)•08 de octubre de 2026 – 11:44El apestoso "aTENAs" con sus pestilentes comentarios … ¡Qué asco!!
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DONALDO(67774)•08 de octubre de 2026 – 06:12Excelente crónica. Una pedagogía para unos que ‘hacen periodismo’ en RCN FM en la mañana.
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Atenas(06773)•08 de octubre de 2026 – 08:00Donaldo M., ¿tan poquito es lo q’ infieres? Atenas
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Ana(81f70)•08 de octubre de 2026 – 05:34Francamente, Zola es un ejemplo, pero pensar que aquí hay plumas de ese nivel para decirle al presidente que no camine entre cuerpos embolsados es ridículo. No hubo paz, hay drones. No hay izquierda porque salieron de la clase media para gastar lo que se robaron. La derecha manda y el centro tiene asfixia.
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Gines de Pasamonte(86371)•08 de octubre de 2026 – 05:23El llamado velado y cuasi urgente a seguir los pasos de Zolá ha lugar, Julian. Ha comenzado la horrible noche para Colombia y espesos nubarrones se ciernen sobre el país con la anuencia y el silencio cómplice de los medios, del Congreso y de buena parte de la población ingenua; la actitud adoptada por Zola, que el mismo Anatole France definió como un momento privilegiado de la conciencia humana, es un ejemplo válido para nosotros. "Es mejor sufrir una injusticia que cometerla”, Sócrates.
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Atenas(06773)•08 de octubre de 2026 – 08:01Supongo todo el tiempo q’ le demanda a Quico buscar todos sus chimbos daticos en internet. Qué pesar. Atenas
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leunamuno(9808)•08 de octubre de 2026 – 04:56Enorme. mil gracias.
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Marco(53341)•08 de octubre de 2026 – 02:38Mejor pasar por cobarde y no torear tan de frente a las hienas, porque acá en Colombia no es jugando. No olvidar que es el país donde asesinan más periodistas, defensores de DDHH y ambientalistas en el mundo. La contraparte es la peor ralea; no ser tan ingenuo dándoselas de valiente y justiciero. Lastima vivir amedrentados, pero es nuestra realidad.