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6 Mar 2022 - 2:00 a. m.

Capítulo 21: De ingenuo a Maquiavelo

Alejandro Gaviria, entregado al pragmatismo, ganaría consulta de centro con los votos de César Gaviria, Germán Vargas Lleras y el exgobernador Jorge Rey.

Capítulo 21: De ingenuo a Maquiavelo
Foto: El Espectador

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Sábado 12 de febrero de 2022

Lorena Agudelo se quedó viendo el contenido de su copa de vino tinto, como si allí se pudiera ver el futuro.

—Yo me siento «normalisísima» —dijo la secretaria privada de la Candidata con la lengua ligeramente pegada.

Nicolás Ulloa, con más experiencia en el consumo de gomas de THC —el componente de la marihuana que altera los sentidos y el estado de ánimo—, se burló de ella.

—Nadie que se sienta «normal» diría que está «normalisísima».

Lorena se rio de sí misma con ganas:

—Es verdad… Mucha güeva.

A la Candidata le pareció graciosa la escena de sábado en la noche, en la sala de su apartamento, pero no pudo sacar más que una sonrisa sin mostrar los dientes. Fue consciente de su incapacidad de reír a carcajadas.

—Yo soy muy fan de estas gomitas —dijo relajada, contenta y nostálgica—, pero hay un efecto que no tienen en mí, a diferencia de fumar marihuana… y es que no me da «la bobada». Y eso me hace falta: reírme por cualquier tontería hasta que duela el estómago.

Lorena, que ya tenía anulado el filtro social, miró a su jefa con crudeza.

—Muy jodido eso de tener que drogarse para poder reírse a carcajadas.

Nicolás aguantó el aire. La Candidata abrió los ojos. La tensión se sintió por un instante.

—No más gomas para Lorena —bromeó la jefa.

—Lo digo también por mí —justificó la secretaria privada—. Yo soy como usted. En sano juicio nunca me río. Tiene uno que estar jodido, ¿o no? Para no ir muy lejos, miren a lo que estamos dedicados… A conspirar para poner al peor presidente posible. Eso no lo hacen las mentes más cuerdas del mundo, ¿o sí?

—Me retracto —dijo la Candidata—. Más gomas para Lorena.

Los asesores rieron.

—Ustedes saben por qué hago esto, ¿cierto? —preguntó la Candidata.

Nicolás asintió. Lorena prefirió escuchar qué tenía para decir su jefa:

—A mí me gustaría saber cómo lo resume en pocas palabras.

A la Candidata le gustó la provocación.

—Ok… —Aclaró la voz mientras organizaba sus ideas—. Yo quiero romper al establecimiento…, sabotear a las personas que viven de ese establecimiento, a tantas como sea posible… porque detesto verlos a todos tan tranquilos, como si nada hubiera pasado, después de que condenaron a mi hijo, primero a la cárcel y después a la muerte… Todos esos cretinos, que por años han estado vendiendo el cuento de «la guerra contra las drogas», son responsables de la vida de Camilo.

La Candidata levantó su copa de vino. Brindaron sin decir nada.

—Ahora yo… —anunció Lorena—. Durante muchos años me sentí… violentada… amenazada… por hombres y mujeres, tipos que se aprovecharon de mí y mujeres que me matonearon…, pero no lo veo como una revancha contra alguien en particular… Simplemente, desde que hago esto me empecé a sentir poderosa, como la persona que controla y no la que es controlada, y eso me gusta porque… ya no me siento más vulnerable frente a nadie.

Los tres brindaron de nuevo. Llegó el turno de Nicolás. Las dos mujeres conocían que la motivación de él era mucho más simple: estaba enamorado de la Candidata.

—Yo lo hago por lealtad —dijo el asesor, sabiendo que ellas no le creerían.

—Ay, Nicolás… —puso en duda Lorena.

—Yo no cuestioné lo que ustedes dijeron —replicó él con amable seriedad—. Y me da pena cambiarles de tema, pero ya es hora de mandarle el mensaje a Galán.

La Candidata, que no tenía interés en incomodar a Nicolás por sus sentimientos hacia ella, le siguió la corriente.

—Mándame el tuit.

Nicolás compartió con ella el hilo que habían prefabricado, sobre un cruce de favores entre la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, y Carlos Amaya, precandidato de la «coalición centro esperanza».

La Candidata le reenvió el trino a Juan Manuel Galán, también precandidato de la coalición, seguido de un mensaje de voz: «Hola… De esto es lo que te hablé el otro día… Si vamos a cuestionar el clientelismo, tiene que ser el de todos. Esto de Carlos Amaya es un secreto a gritos y ninguno de nosotros ha dicho nada. Ustedes deberían animarse a decir algo. Te sirve a ti, para salir en medios, y a Carlos Fernando, para que siga montado en el caballito de batalla contra Claudia».

—La otra parte de la tarea está lista también —anticipó Nicolás—. Tan pronto Carlos Amaya quiera devolver el golpe, ahí tenemos ya documentado el rabo de paja de los Galán.

Lorena, afectada por el THC, no recordaba bien el plan.

—Oigan… ¿y eso para qué es que es?

Nicolás respondió paciente.

—Para hacer más evidente la hipocresía de todos. Para que, viendo eso, en la campaña de Alejandro dejen los escrúpulos y se metan de lleno a hacer acuerdos con la gente que tiene los votos.

—Claro, claro… —dijo Lorena entrecerrando los ojos—. Y si lo que queremos es que gane el peor, ¿me recuerdan por qué es que le estamos ayudando a Alejandro?

—Si Alejandro gana la consulta, es más difícil que el centro pase a segunda vuelta —contestó de nuevo Nicolás.

Lorena se recostó en el sofá, cerró definitivamente los ojos y habló con un tono juguetón.

—Oiga, Nico…, ya quisiera yo tener en mi vida a una persona tan diligente y «leal» trabajando para mí. Algún día, ¿oyó?…

***

Domingo 20 de febrero de 2022

Los precandidatos de la «coalición centro esperanza» tienen varios grupos de WhatsApp abiertos: uno con Íngrid Betancourt; otro, por supuesto, sin Íngrid Betancourt, en el que comparten «stickers» de Íngrid Betancourt. Hay uno, incluso, en el que dejaron por fuera a Juan Manuel Galán. El más activo por esos días era el grupo en el que no está incluido Alejandro Gaviria. Se llama «CoaliOriginal» y de él hacen parte Sergio Fajardo, Galán, Jorge Enrique Robledo, Carlos Amaya y la Candidata. Como es ley en los grupos que se crean excluyendo a alguien, allí estaban rajando aquel domingo del ausente —de Alejandro—, de su reunión con el expresidente César Gaviria, de su encuentro «casual» con el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras y de su «alianza» con el exgobernador de Cundinamarca Jorge Emilio Rey. Todos se dirigían a las instalaciones de Caracol Televisión.

«Deberíamos cancelar el debate», chateó la Candidata, solo para darse el gusto de filtrar después que esa posibilidad se contempló. Jorge Enrique Robledo, fanático de los actos dramáticos que lo hacen ver digno (y también ridículo), secundó la propuesta. Los demás coincidieron en que salía peor el remedio que la enfermedad.

«Entonces redactemos un comunicado antes de que arranque el debate», insistió la Candidata. La idea alcanzó a resonar. Lorena, que estaba metida en «La Guerrilla», el grupo de WhatsApp integrado por asesores de los precandidatos, avisó a su jefa:

—Se alborotaron por acá. Que si se ponen a hacer un comunicado de rechazo a Alejandro, se dan todos un tiro en el pie.

La Candidata volvió al chat de la «CoaliOriginal»: «Pues lo mínimo es que, si tenemos semejante vitrina, alguien en el debate diga lo que pensamos sobre los respaldos politiqueros a Alejandro, así no lo nombremos».

La Candidata buscó en sus contactos a Juanita León, directora de La Silla Vacía, quien haría parte del panel de periodistas en el debate. Le envió un mensaje de voz: «Hola, Juanita… Tengo una sugerencia para el segmento de preguntas de “sí” o “no”. Las respuestas que demos pueden ser muy dicientes sobre cómo están las lealtades en la coalición».

***

Alejandro Gaviria se subió en el asiento de atrás de la camioneta, junto a su esposa Carolina Soto. El conductor alcanzó a arrancar, pero el precandidato lo detuvo.

—Espere. Se va a subir alguien más.

La puerta del copiloto se abrió. La Candidata ocupó el puesto.

El vehículo abandonó los estudios de Caracol Televisión.

Carolina fue la primera en comentar:

—Oye, buenísima esa pregunta del final. Tú hiciste que la metieran, ¿no?

La Candidata asintió:

—Esa foto, de todos comprometiéndose a apoyar al ganador de la consulta, es clave. Cuando empiecen a decir que no van a respaldar a Alejandro, ellos son los que van a quedar como unos desleales, como unos incapaces de cumplir los más mínimos acuerdos.

—Quiero ver quién es el primero que se echa para atrás y dice que no va a apoyar a Alejandro —dijo Carolina.

Robledo. No lo dudes —anticipó la Candidata.

—Sí… —intervino Alejandro sonriendo—, yo también creo que Jorge Enrique es el primero que se baja… ¿Salió bien, no?

—¿El debate?… Hicimos la tarea completa —validó la Candidata sin exaltación—. Tú peleaste pa’ arriba, con Sergio. Las peleas se casan con el que está punteando. Bien ahí. Y logramos que fueras el foco del debate un buen rato, así intentaran no mencionarte con nombre propio.

—Se les notaba mucho el mal genio —señaló Carolina—. Yo, de verdad, no entiendo la hipocresía. Todos… TODOS han hecho política montados en maquinarias, pues… en estructuras políticas.

—Y eso que Carlos Amaya y los Galán se sacaron los trapitos al sol hace unos días —recordó la Candidata—. Ni así reconocen que esto no es en blanco o negro.

—Es que fíjate que justo esa pelea, entre Carlos y Juan Manuel, nos puso a pensar que todos tienen un rabo de paja larguísimo —contó Carolina—. Robledo le hizo campaña a Samuel Moreno. Juan Manuel Galán fue elegido senador con los votos liberales de César Gaviria. Carlos Fernando, con los de Vargas Lleras. ¿Sabías que la hermana de Nancy Patricia Gutiérrez es candidata a la Cámara en Cundinamarca por el Nuevo Liberalismo?

—Ah, ¿sí? No sabía —mintió la Candidata.

—Pues imagínate —continuó Carolina—. Nancy Patricia fue ministra del Interior de este Gobierno. Luego la pusieron de alta consejera para los Derechos Humanos y acaba de renunciar. Seguramente ella, que es del Centro Democrático, renunció para quedarse quieta y no va a activar su maquinaria en Cundinamarca para ponerle votos a su hermanita y, de paso, al Nuevo Liberalismo.

—¿Y qué me dicen de Fajardo?… —añadió Alejandro—. Tanta lora con eso de vetar partidos que han respaldado a Duque, para que Sergio termine inscribiéndose por la ASI, el movimiento que hizo parte de la coalición de Duque y que tiene alianzas regionales con el uribismo.

—Es una competencia muy desigual —agregó Carolina—. Todos ellos tienen el respaldo de un partido; tienen avales, candidatos que les hacen campaña y presupuesto. Tienen ANTICIPOS. Alguien decía que esto es como una batalla naval en la que ellos van en fragatas, pero a Alejandro le toca ir en canoa, porque él no tiene listas al Congreso, ni anticipos, ni nada. Y luego no se soportan que Alejandro se siente a hablar con César Gaviria o con Vargas Lleras, cuando ni siquiera están ofreciendo un apoyo institucional.

—Pues qué bueno que mencionas eso último porque es parte de lo que les quería decir —dijo la Candidata, volteándose para verlos—. Miren… tienen que concretar esos apoyos; se tienen que convertir en votos, pero no en miles de votos, sino en cientos de miles de votos. O sea, ¿se reúnen con politiqueros, para que les digan politiqueros, pero sin recibir los votos de los politiqueros? Eso no puede ser. Si se van a quedar con el pecado, ¡hay que quedarse también con el género! A César Gaviria hay que llamarlo y hay que decirle, con todas las letras: QUIERO TUS VOTOS. ¿Viste cómo salió a defenderte el secretario general del Partido Liberal el día que a Íngrid se le «chispoteó»? Lo mismo hizo Rodrigo Lara. A ese, que es el hijo bobo de Vargas Lleras, hay que traerlo a la campaña, esta misma semana, y hay que ponerle un título bien pomposo. Que quede claro el mensaje: señor Vargas Lleras, aquí me traje a su hijo bobo, QUIERO SUS VOTOS. Eso es lo que hay que decirle a todo el que tenga media simpatía por ti. Antes de subirme al carro llamé a Angélica Lozano y le dije: «Te toca cantar tu apoyo a Alejandro. Necesitamos que le hagas campaña. NECESITAMOS TUS VOTOS. No más esa farsa de que tu candidato es Carlos Amaya». Y de paso le dije que metiera a Claudia al baile, que miren a ver cómo le mandan un mensaje a las bases en Bogotá, para que esos líderes muevan votos. Para eso tienen ustedes al estratega este que la conoce a ella. Que se invente algo.

Alejandro se veía diferente a como lo recordaba la Candidata. Había algo en su expresión, tal vez un gesto de frialdad o una señal de hombre imperturbable, que distaba mucho de ese académico ingenuo con el que se tomó un café a finales de agosto.

—Entonces… —repasó Alejandro mientras hacía el recuento con el pulgar, el índice y anular de su mano derecha—, concretar los «cientos de miles de votos» de César Gaviria, de Vargas Lleras y de Claudia… Te faltaron los de Jorge Emilio Rey, en Cundinamarca… Podemos empezar con un gran evento ahí.

***

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