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El lago de los cisnes

Manuel Drezner
18 de septiembre de 2026 – 12:48 p. m.

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En el Teatro Santo Domingo se volvió a presentar nuevamente la excelente compañía de Ballet de Santiago de Chile, y nuevamente se ha despertado envidia de la buena, por el hecho de que allí puedan tener en forma permanente un conjunto de danza, capaz de interpretar las grandes obras del repertorio, mientras que entre nosotros todos los intentos por crear una agrupación permanente de baile no han prosperado, a pesar de que Colombia ha producido muy buenos intérpretes de ballet. Sin ir más lejos, la compañía chilena incluye entre sus figuras principales al colombiano Felipe Arango y ya hemos visto cómo otras grandes agrupaciones internacionales tienen a nacionales en su elenco, lo cual muestra que estos artistas han tenido que emigrar por falta de oportunidades.

Dicho esto, hay que repetir lo mencionado en anteriores presentaciones de la agrupación, que se trata de una compañía altamente profesional, muy homogénea y con conjuntos que nada tienen que envidiar a los de otras compañías. Los chilenos presentaron el gran ballet de Tchaikovsky “El lago de los cisnes” con una coreografía simplificada de Iván Nagy y de Marilyn Burr, basada en la tradicional de Petipa y de Ivanov, quienes fueron los responsables de la resurrección de esta obra, después de su fracaso inicial con una coreografía diferente. Quizá se echaron de menos los tradicionales 32 fouettés, reducidos aquí a diez, pero eso es algo menor, ya que en conjunto lo que vimos fue una versión más que adecuada de este pináculo del repertorio balletistico, en especial en los diferentes momentos líricos que abundan en el ballet. El final fue algo ambiguo, ya que no se supo si los protagonistas, el príncipe Sigfrido y la reina de los cisnes Odette, se salvaban o se adoptaba el final trágico que sirve como alternativa.

La orquesta, que era la Filarmónica de Bogotá dirigida por Pedro-Pablo Prudencio, estuvo a la altura necesaria, con tiempos justos y buena compenetración entre el foso y el escenario. La escenografía, bastante barroca, seguía cánones tradicionales y el vestuario era admirable. En total, la visita de la compañía chilena, que ojalá vuelva con frecuencia, fue algo de celebrar y el entusiasmo con que el público aplaudió el espectáculo muestra que este caló y brindó satisfacción. Fue una buena ocasión que fue recibida con boletas agotadas en todas las funciones, lo cual además demuestra que ya en Bogotá se ha formado el público necesario para estas manifestaciones artísticas.

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Comentarios
  • Tulio Claudio(70717)Hace 19 horas
    El elogio de los cisnes. Ah!! quien pudiera repetir en el Teatro Bolshoi de Moscú.
  • Gines de Pasamonte(86371)18 de septiembre de 2026 – 16:18
    Tal vez el compositor eslavo más querido por occidente fue Piotr Ilich Tchaikovsky, una popularidad que, sin embargo, suele ir acompañada de un difuso conocimiento de su vida, sustentado en lugares comunes, cuando no en un cierto recelo por parte de ciertos sectores de la crítica, que han acabado por transmitir una imagen distorsionada de su vida. Cuando tenía 10 años, su institutriz, que lo llamaba “el pequeño Pushkin”. ¡Enhorabuena por Bogotá y su siempre egregia y magnífica oferta cultural!
  • William(16260)18 de septiembre de 2026 – 15:36
    Como siempre, una extraordinaria columna

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