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La Orquesta Sinfónica de Colombia está cumpliendo 90 años y, lamentablemente, no está en sus mejores momentos, según se ha publicado, ya que hay problemas de presupuesto y de manejo. Pero eso no quita que sea un aniversario importante sobre el que vale la pena decir algunas cosas.
La Orquesta en realidad es heredera de la antigua Orquesta del Conservatorio Nacional de Música, que fundara Guillermo Uribe Holguín, que inició labores a principios del siglo XX, pero ella sí en condiciones de humildad franciscana, ya que nunca pudo gozar de un plantel fijo de músicos y lo precario de su situación llevó a un grupo de entusiastas en 1936, bajo la iniciativa de Guillermo Espinosa, a fundar la que se llamó Orquesta Sinfónica Nacional y que en realidad sí fue el primer conjunto profesional que hubo entre nosotros. Pero eso no quiere decir que viviera cómodamente. A los músicos se les pagaba una miseria y, para subsistir, tenían que dejar de tocar a Beethoven para interpretar porros y cumbias en las orquestas de baile de ese entonces. Pero hicieron una labor laudable. De hecho, el primer concierto al que asistí en mi vida fue uno de la Sinfónica dirigida por Espinosa, quien los domingos hacía programaciones infantiles.
Lo malo es que la orquesta era la Cenicienta de los presupuestos y llegó el momento, en los años cuarenta, cuando la Sinfónica estuvo a punto de extinguirse. Espinosa se fue y surgió entonces un mecenas, Jack Glottmann, quien tenía una poderosa cadena comercial y decidió invertir todo lo que gastaba en publicidad en patrocinar conciertos semanales. Estos estuvieron a cargo de Jaime León, quien hizo una labor importante. Cuando se acabó el patrocinio Glottmann, la orquesta nuevamente surgió de sus cenizas y por varios años fue dirigida por Gerhard Rothstein, quien había comenzado como viola principal del conjunto. Sin embargo, él tuvo muchos enemigos que lograron acabar con la organización existente; crearon la Orquesta Sinfónica de Colombia, que pusieron bajo la dirección de Olav Roots, un director memorable que manejó en forma ejemplar la orquesta por muchos años. Pero Roots murió y comenzó una serie de directores invitados como Daniel Lipton (recientemente fallecido) y la orquesta desde ese entonces ha venido teniendo altibajos, pero al menos sigue existiendo, aunque en estos momentos no tenga director permanente. De modo que la celebración de los 90 años hace justicia a una de las grandes entidades musicales de nuestro país, que ojalá pueda sobrevivir.
