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Una noticia dolorosa: el cierre definitivo de Propal. Pese a los ingentes esfuerzos de Carvajal S.A., quien la adquirió hace algunos años, esta empresa no pudo más.
Propal, fundada hace 69 años por un grupo excelso de inversionistas gringos, tuvo un desarrollo enorme y se convirtió en la “fábrica de papel” más importante de nuestro país y de muchos otros países que copiaron su modelo, sin el mismo éxito porque no contaban con el bagazo de la caña de azúcar como materia prima.
Pero Propal no solo fue una productora de papel, sino que también se convirtió en una promotora cultural de primer orden haciendo presencia en infinidad de publicaciones de referencia obligada. En ese orden de ideas, la productora de papel fue patrocinadora de muchas iniciativas, aportando desde el papel para un pequeño esfuerzo editorial, hasta proyectos de mayor envergadura como fuera su calendario.
Recuerdo el gigantesco almanaque de Propal que cada año honraba a un artista distinto publicando 12 de sus obras. Iba acompañado de un folleto descriptivo de su vida y obra que tenía el sello de esa empresa única en Colombia. Apareció posteriormente Papelcol, un competidor representado por el inversionista español Manuel Isidro Tejedor, una fábrica que comenzó a participar del mercado y, luego de una bonanza, se fusionó con Propal en un matrimonio que no tuvo final feliz. Todo evento que requiriera de material impreso, siempre contaba con el papel de Propal.
Desafortunadamente, la vieja Propal tuvo que cancelar su operación y quedó solamente la planta ubicada en el departamento del Cauca. Pero ni así se pudo superar la crisis y dolorosamente se tomó la decisión del cierre definitivo de la que fuera la más importante papelera de Colombia y sus alrededores.
La repercusión de este cierre es algo que golpea a cientos de iniciativas, y la terminación de esta actividad es algo que hoy llora la cultura.
