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Una cosa es hacer política con la rabia, otra dejarse llevar por ella. En el primer caso, esa emoción, asociada a indignación, es estrategia para vehicular sensaciones colectivas. El político bebe o hace como si bebiera de ella y la transfunde en pegante social. En el segundo caso, el gobernante es presa de la exaltación asociada a la ira, a lo visceral, que le hace perder el control y lo arrastra a terrenos de la vindicación, donde se confunde lo personal con la ideología.
La historia recuerda al séptimo presidente estadounidense, Andrew Jackson, famoso por sus duelos; al irascible y rencoroso Richard Nixon y, cómo no, al Trump salido de casillas, especialmente frente a preguntas incómodas. Hay más ejemplos, casi siempre relacionados con autoritarismo.
No son pocas las veces en las que el actual presidente pareciera navegar en las aguas brumosas de esa rabia, como se puede deducir de su abrupta decisión de prescindir del director del DANE, cuyo único error fue reconocer que no hubo manipulación de cifras en el pasado gobierno. Un mensaje preocupante que deja ver que no solo van por las imágenes y las palabras, sino también por las estadísticas.
Expresión de enfado profundo fue la orden de levantarse de las mesas de empalme que hoy tanta falta hace y que no suple el Libro de la Verdad, que ha tenido tan malograda vigencia. Manifestación de enojo ha sido la actitud frente a Uribe, Paloma y su partido luego de que se negaran a recibirlo como precandidato en épocas de campaña.
Muestras de furia se vieron durante sus entrevistas de radio de entonces o debates, como con Ariel Avila. O cuando interrumpió su intervención en Montería porque alguien hablaba por teléfono.
Es el síndrome de Hubris, como se le llama en sicología política a la intolerancia a escuchar la crítica o el disenso, como lo sabe el gobernador de Nariño o quienes, sin filiaciones políticas trabajaron en el gobierno pasado.
Y es que este trastorno explosivo intermitente es un torbellino en el que hay un paso de la rabia al rencor y otro de allí a la venganza, que no deja ver que, en estrategia, la rabia es mejor producirla que sentirla.
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Patricia Maria(tf440)•Hace 20 minutosPsicología, de psique (mente); no de sico (higo). Esa P no se ahorra.
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Maria Eugenia(56068)•Hace 1 horaMuchas incógnitas surgen de la persona del tigrillo y muchas de ellas preocupantes.
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CARLOS(lcggj)•Hace 1 horaAsí como, el "síndrome de hubris", no es deseable que afecte a nadie. Tampoco lo es, que una persona se crea "copia o clon" de otra, o que, para colmo de males, un ser humano caiga en lo que los psicólogos llaman "identificación adhesiva/superficial". ¡Dios nos libre!
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Oscar(67726)•Hace 2 horasEl síndrome del dictadorzuelo que en un mes de "gobierno" terminó siendo un peligroso meme …
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Atenas(06773)•Hace 4 horasPareciera q’ mi pensador de cabecera hubiera escrito esta lánguida cosita de acuerdo con, o de consuno, con doña Tremebunda hoy, y mala cosa sería esa, pues daría lugar a pensar q’ ambos están de atar por coincidir en escribir sandeces. Sí, están desesperados y no saben qué decir pa cuestionar a Abelardo; no imaginan -eso les queda grande- q’ de seguir así podrían competir por ver cuál de los 2, mi Solón y misiá Tremebunda, es más petardo.No hay derecho a perder así el tiempo. Atenas
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Atenas(06773)•Hace 1 horaEy, juan, alias en letra chiquita tal como es tu lucidez, te sugiero q’ de parte tuya elimines esa babosada de comentario además tan mal escrito y así no quedas con un tafanario. Atenas
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juan(5824)•Hace 3 horasSigue el ni siquiera estúpido e ignorante apenas tecleando, pues no escribe, sandeces. Cero ideas, cero argumentos, cero cero. Contrario a lo que dice, está columna expone con claridad y pruebas y argumentos aspectos de cómo procede Abelardonald, el súbdito y lacayo que a diario pasa por encima de la constitución y las leyes.
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