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¡Les saltó la liebre por donde menos se esperaban!

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Pocos grupos delincuenciales han operado tan a sus anchas en Venezuela y Colombia como el Tren de Guayana, el ELN y las Disidencias de las FARC. Todos estos grupos funcionan bajo la abierta protección de los chavistas en territorio venezolano, y en Colombia bajo la mirada bovina del anterior gobierno. Como dicen en el norte, “One big happy family”.

Uno de los negocios principales de los narcoterroristas y esta banda delincuencial es el oro, pero la liebre les ha saltado donde menos lo esperaban. Según informes de prensa, cargamentos de oro valorados en cientos de millones de dólares permanecen almacenados porque Trafigura (la firma suiza encargada de comprarlo y exportarlo) no ha logrado revenderlo para su refinación. Una investigación del New York Times revela que las refinerías temen asumir una responsabilidad difícil de eludir: “Antes de procesar el oro, tienen que verificar que no proviene de una cadena de suministro que haya financiado a bandas armadas, abusos ambientales o corrupción. Y en las minas del sur de Venezuela, donde está la principal zona de producción, establecer esa separación parece mucho más complicado de lo que suponía el acuerdo”.

De acuerdo con el centro de investigación InSight Crime, el Tren de Guayana, “cuyo negocio central es controlar territorio minero, cobrar extorsiones o porcentajes de la producción de oro y regular quién puede trabajar en determinadas minas, nació como banda urbana y terminó convirtiéndose en uno de los principales ‘sindicatos’ mineros del estado Bolívar”. La extensa investigación de InSight Crime encontró que el ELN penetró el Arco Minero del Orinoco buscando controlar minas, rutas y rentas del oro. Por el lado colombiano, tanto el ELN como las disidencias de las FARC han tenido presencia importante en Venezuela y en corredores que conectan Colombia con el Orinoco, y llevan décadas participando en minería ilegal, narcotráfico, control de ríos, pistas clandestinas y corredores hacia Brasil, Guyana y el Caribe. Sin embargo, todo parece indicar que la colaboración de los narcoterroristas con el Tren de Guayana es puntual y estratégica, no permanente y mucho menos ideológica.

El obstáculo que enfrenta Trafigura y otros exportadores para poder vender ese oro presuntamente contaminado no parece ser jurídico ni logístico, sino de trazabilidad. Ojalá que a todas las firmas que exportan oro en Colombia y Venezuela se les obligue a demostrar que el oro que compran tenga absoluta trasparencia y rastreabilidad. Es una forma elegante y eficiente de atacar los ingresos de los bandidos.

Apostilla. La arrogancia de la JEP y su cabeza Alejandro Ramelli, al no querer aceptar una mínima reducción en su presupuesto en medio de una crisis fiscal sin precedentes, lo que ha puesto al descubierto, como lo señala el periodista Juan Lozano, es "la precariedad de sus resultados, la paquidermia de sus procesos, lo frondoso de su burocracia y lo absurdo de su diseño".

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